Con todas las trabas del Instituto Nacional Electoral, al servicio de la mafia de los partidos políticos, diseñó hasta lo increíble para que los candidatos verdaderamente independientes no obtuvieran registro alguno para participar en el proceso electoral de 2018, concluye el proceso y Marichuy no obtiene el registro en la boleta electoral pero sí cumple con el calendario de los de abajo.
Las firmas obtenidas, aunque muy por debajo de la meta a alcanzar, valen más que la tinta en el papel o la rúbrica electrónica, son más que el número abstracto que legitiman los mercenarios de la partidocracia; los usureros del voto o los lamebotas del sistema. Esas firmas tienen el incalculable valor de que en ellas va el corazón y la convicción de cientos de miles de mujeres y hombres con nombres y apellidos convencidos que sí hay otro México posible; que sí se puede construir desde abajo junto a la izquierda y que sí podemos tener voz y ser representados todas y todos. Esas firmas valen por la dignidad y la rabia acumulada de generaciones durante años, décadas y siglos de humillación. Cada una de esas firmas es una voz multiplicada que se suma a un proyecto donde el primer mandato es la defensa de la vida.
El Congreso Nacional Indígena, el concejo indígena de gobierno y su vocera María de Jesús Patricio Marichuy, lograron lo que se señalaba imposible: organizar, visibilizar a los pueblos originarios, crecer exponencialmente, sumar voces, lograr la autoorganización de personas sin organización y de sectores que se mantenían al margen y sobre todo darle voz a los sin voz entre muchas otras cosas. Un verdadero ejército de más de 14 mil auxiliares por todo el país convencidos de la propuesta, sin recursos, ni paga, despensa, promesas, ni mentiras se dieron a la tarea de difundir la voz del CIG-CNI; se tomaron la afortunada y sabia tarea de escuchar y hacerse escuchar, de proponer sin imponer y de transmitir la alegre rebeldía. Fueron insultados, agredidos, minimizados, señalados y aun así no hubo quien los parara, ni cuando la compañera Eloísa Vega de la Red Sudcaliforniana de apoyo al CIG murió lamentablemente en el accidente de la caravana de Marichuy. Ni tampoco el INE que con todo el aparato del mal gobierno detrás, trató de anular miles de firmas que un equipo de auxiliares, asesores y abogados defendieron como si les fuera la vida en ello.
Mientras, el racismo, el clasismo, la misoginia y la ignorancia emanaban a borbotones entre una sociedad confundida y manipulada. “Jajaja qué va a saber una indígena de política”; “esto es una farsa, al EZLN y al CNI les paga Salinas de Gortari”; “es un plan del gobierno para restarle votos al ya sabes quién”; “tú ni eres indígena ¿por qué estás recabando firmas, cuánto te pagan?”; “yo soy apolítica”; “ni Dios lo mande, Jesús María y José, ave María Purísima…”; “yo soy experto economista y sé cómo funciona: ustedes quieren dividir el voto de López Obrador”. Eran algunas de las letanías que personalmente pude recabar como auxiliar de Marichuy y aun así tratábamos de exponer la propuesta, de convencer, con muchos lo logramos con otros ni hablar, seguiremos intentándolo. En la misma “izquierda” algunas voces, que pregonaron toda su vida la igualdad y la justicia, mostraron su verdadero rostro y pegaron el grito en el cielo, ¡cómo una mujer! y hasta cambiaron el color de su mísera humanidad. La campaña de recolección de firmas no solo abrió puertas, corazones y ventanas para muchas y muchos, también destapó cloacas y alcantarillas en donde pudimos conocer a los que siempre han estado ahí, agazapados, al acecho, royendo hueso y siempre mascullando.
Y los de arriba, conspirando siempre como chacales, vigilando como buitres, desde el INE como pantalla, una vez más torcieron la Constitución a su conveniencia (la mayor parte del artículo 35 y del 39), violaron derechos humanos, infringieron reglamentos, hostigaron y persiguieron. Todo el proceso fue una farsa. Encima, la Ley de Seguridad Interior como un as bajo la manga del mal gobierno para lo que se va a venir en este nuestro madreado México. La tormenta apenas comienza advirtieron los zapatistas, también el carnaval de los buitres, pero no importa, porque desde abajo y con un calendario distinto les vamos a echar a perder su fiesta.

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