“…una estructura machista que se ha diseñado sobre la idea de que las mujeres no tenemos esa capacidad para gobernar y contra la consideración de que los pueblos indígenas son de segunda o tercera”

Mujeres, mujeres, sexo femenino; las que se encuentran inmersas en diferentes espacios realizando algún rol o papel, ya sea de investigación, de política, social o económico. Nunca se encuentran estáticas, su figura siempre está y estará presente, se dice que “detrás de un gran hombre, se encuentra una gran mujer”.

En este caso es una mujer indígena nahua que sabe y practica, por herencia de familia y por observación, la medicina tradicional para curar a toda persona que acude a ella y remedie el mal que padece, pero que, independientemente de tener dichos conocimientos, también se preocupó por defender a las comunidades para que se les tratara por igual, por lo que fue elegida por el Congreso Nacional Indígena como vocera representante para participar como candidata independiente en las elecciones federales de 2018.

María de Jesús Patricio Martínez, mejor conocida como Marichuy, nació en la comunidad nahua de Tuxpan, Jalisco, el 23 de diciembre de 1963. Es médico tradicional nahua, inspirada por las mujeres mayores que veía de niña curar a los enfermos de susto, espanto, bilis, debilidad, etcétera; alrededor de los 15 años comenzó su andar en el trabajo comunitario y fue en esa ruta, emprendida entonces, que confluyó con el Congreso Nacional Indígena, creado en 1996, y al cual representa. Participó en la búsqueda por figurar en la boleta electoral para la elección que se llevó a cabo el pasado primero de julio, aunque reconoció que las posibilidades de lograrlo serían escasas.

Transcurría tranquila la vida de María de Jesús, pero dio un cambio trascendental. En 1994, al sur de México, en Chiapas, un movimiento armado de pueblos originarios tomó las cabeceras municipales el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); se trataba del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que irrumpió con el levantamiento armado sacudiendo al país, ocasionando que se volteara a ver a las comunidades indígenas y que estas se fortalecieran y unieran.

María de Jesús considera a los zapatistas como los hermanos mayores, quienes vieron en la organización y la autonomía su forma de lucha, y es en la búsqueda de la construcción de distintas autonomías en cada pueblo, barrio, colonia y en la defensa de la tierra en las que el Congreso Nacional Indígena apuesta como forma de gobierno. Observó cómo comunidades aún más pobres que la suya se atrevieron a luchar contra el sistema y, ese mismo año, fue invitada como representante de su comunidad a participar en un foro nacional indígena, convocado por el movimiento zapatista en San Cristóbal de la Casas. Fue ahí cuando se percató que los problemas de su comunidad eran los mismos que aquejaban a los demás presentes.

Para 2001, María de Jesús brindó su primer discurso político en público ante el Congreso de la Unión, en donde habló en nombre de las mujeres dejando en claro que la reconstrucción integral de los pueblos indígenas del país es una tarea tanto de hombres y mujeres, en una misma lucha para lograr una plena liberación.

En México, el primer Congreso Indígena de Gobierno tuvo lugar en 1996, planteándose ser la casa de todos los pueblos indígenas y un espacio de reflexión de los pueblos originarios, con sus propias formas de organización, de representación y toma de decisiones. El Concejo Indígena de Gobierno, representante de 52 pueblos originarios, designó a Marichuy como su vocera al no poder registrar a todo un grupo, con la intención de visibilizar que los problemas en las comunidades indígenas no solo no han desaparecido, sino que se han agudizado.

El caso de María de Jesús es inédito en muchos aspectos: por primera vez en la historia de México una mujer indígena recorrió el país en la búsqueda de la presidencia de la República, apoyada por 153 concejales de 52 pueblos originarios; también es inédito en los estigmas a vencer: ser mujer, indígena y diversos señalamientos sobre que no podría gobernar y, para eso, solo quedaba “aguantar”.

María de Jesús supo que posiblemente no contaría con el apoyo de los ciudadanos para alcanzar el registro a la candidatura independiente para la presidencia del país, y también que no se sumaría a otro proyecto, candidato o partido político, pues debería ser totalmente independiente.

Este proyecto asumió como objetivo hacer visibles a los pueblos, que se vea que están ahí generando un llamado, que se deben de organizar desde abajo pueblos indígenas y no indígenas, Marichuy nunca pensó aliarse con algún partido y sabe que jamás debe dejarse de trabajar desde abajo, sobre todo en las comunidades, para seguir construyendo esa autonomía que se requiere.

“El nuevo aeropuerto es un megaproyecto de muerte. Es el anuncio de un gran despojo y el ejemplo de cómo el modo capitalista está reacomodando toda la región, despojando terrenos ejidales, comunales o particulares.”

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