“Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro”

Isabel Allende

En todos los aspectos, a través de la historia, la persona de quien siempre se hace alusión es el hombre, sin importar su nacionalidad. Pero, ¿por qué no a la mujer? Ella siempre ha formado parte de la historia de la humanidad, es la creación más bella de Dios, y puede enfrentarse a todo con la fuerza y fortaleza que tiene para resistir, aun cuando piensen que ya no tiene fuerza. Desgraciadamente, siempre está en el anonimato, como lo es en este caso.

El deporte es un estilo de vida saludable, practicar cualquier actividad física tiene grandes beneficios para el cuerpo, “en el antiguo Egipto se encontraron herramientas, utensilios y estructuras que son los precursores de los deportes que hoy en día se practican, como el lanzamiento en jabalina y el salto” (Raffino, 2019). Existen diferentes versiones acerca de los inicios del deporte, pero una de las cosas más importantes es que es una disciplina que hoy en día es practicada por millones de personas en el mundo, tanto hombres como mujeres, actividades que muchos simplemente realizan por distracción o por salud.

Otra actividad importante que pertenece al deporte, y que no muchas personas se atreven a realizar, es pilotar un avión. Esa actividad requiere de buena visión, salud y concentración. En sus inicios era algo considerado solo para hombres, debido a la dificultad y precisión que el conductor necesita para manipular un avión. Es por ello que en esta ocasión hablaré de una impresionante mujer, amante de los deportes y la aviación, así como de sus aportes e invenciones que dieron la vuelta al mundo, ya que fueron muy valiosos en los momentos difíciles en las guerras mundiales.

Primero, fungió como enfermera quirúrgica en situaciones de crisis, luego fue piloto de globos aerostáticos, helicópteros y aviones de guerra. Uno de sus inventos más importantes fue la implementación de un sistema sanitario en aviones, en efecto, ella es Marie Félicie Elisabeth Marvingt Brusquin.

Marie nació el 20 de febrero de 1875 en Cantal, Francia. Ella provenía de un lindo ambiente familiar de clase media. Sus padres fueron Félix Marvingt, quien se dedicó a la administración de correos, y Elisabeth Brusquin. Apenas cumplidos los cinco años, Marie y su familia fueron a vivir a Metz, una ciudad ubicada al noroeste de Francia. Su niñez fue muy linda en esa pequeña ciudad llena de jardines y árboles, su familia permaneció viviendo allí hasta 1889, mismo año en el que su madre falleció. Debido a esa difícil situación, Marie, su hermano y su padre, decidieron mudarse a la ciudad de Nancy. Desde los 14 años la joven comenzó a hacerse cargo de las actividades domésticas, aunque en su tiempo libre le gustó estar sola, por lo que buscó lugares sin ruido y cómodos para leer sus libros favoritos sobre ciencia e historias de aventura que le fascinaban. Otro de sus pasatiempos favoritos fue el deporte; Marie era una niña con múltiples habilidades y su padre siempre la apoyó en cada actividad que le gustó, a pesar de que en ese tiempo las mujeres no eran bien vistas “haciendo actividades confinadas exclusivamente para los hombres”.

“En poco tiempo, Marie descubrió que era capaz de enfrentarse a todo tipo de deportes como el atletismo, deportes de equipo, esquí, tenis, golf, boxeo, ciclismo, natación. Marie era capaz de practicarlos todos y hacerlo con buenas marcas” (Ferrer, 2018). Sin importar las críticas de las personas, la joven llegó a convertirse en la primera mujer en escalar las montañas más altas de hermosos lugares como Suiza y Francia. En 1907, ganó una competencia de tiro militar, por lo que llegó a ser, por segunda ocasión, la primera mujer en ser acreedora de un título de ese deporte. Pero ese no fue el final de sus victorias. En ese mismo año Marie se atrevió a pilotear un globo después de solo haber tenido una experiencia como pasajera seis años atrás, y en 1909 la joven amante del deporte consiguió el título como primera mujer piloto de un globo en el Canal de la Mancha, ubicado en el océano Atlántico.

Marie tenía fuerza y capacidad física para realizar todo tipo de deportes, no pasó un día sin hacer actividad física, eso le abrió muchas puertas. “Se convirtió en toda una celebridad en Francia, hasta el punto de que en 1910 la Academia de los Deportes de Francia le dio la medalla de oro por todos los deportes que había practicado” (Ferrer, 2018). Pionera de la aviación, fue la tercera después de Rymonde de Laroche y Marthe Niel en ser acreedora a la licencia de vuelo en un club aéreo en Francia.

Cuando estalló la primera Guerra Mundial, Marie empezó una interesante etapa en su vida. Preocupada por la situación y decidida a ayudar, se hizo pasar por soldado, pero fue descubierta, por lo que ofreció su ayuda como enfermera en la Cruz Roja. “En 1915 volvió a las andadas y su insistencia la convirtió en la primera mujer en pilotar un avión de combate. Su misión a bordo de un bombardero sobre los cielos alemanes le valió recibir la Croix de Guerre” (Ferrer, 2018).

Una vez que terminó la guerra trabajó como periodista en África, y diseñó artefactos de metal para los aviones con el fin de mejorar sus aterrizajes en el desierto. Después de su experiencia en la guerra, Marie pensó en la forma de crear ambulancias áreas. “Ya en 1910 había imaginado un avión de alas fijas que estuviera preparado para incorporar una ambulancia en su interior” (Ferrer, 2018). Pero diferentes factores no ayudaron al cumplimiento de ese proyecto, uno de ellos fue la falta de recursos económicos, por lo que Marie se encargó de informar a miles de personas a través de conferencias acerca de la importancia de la ayuda sanitaria aérea en situaciones de crisis.

En 1929, Marvingt formó parte de la fundación francesa Los Amigos de la Aviación Sanitaria y del primer Congreso Internacional de la Aviación Médica en 1929. Posteriormente, estimuló el desarrollo de ambulancias aéreas, hasta que en 1934 le fue posible colocar ese servicio en Marruecos, país que reconoció su esfuerzo cuando le otorgó la Medalla de la Paz. En 1935 capacitó al personal que viajaría en dichos aviones, cada una de sus buenas acciones fueron reconocidas por diferentes autoridades. Sus invenciones y aportaciones fueron de gran ayuda cuando estalló la segunda Guerra Mundial, además Marie continuó su ayuda como enfermera quirúrgica e inventó una nueva forma de suturar. “En 1949 fue ascendida a oficial, y en 1955 recibió el premio de la Federación Nacional Francesa de Aeronáutica” (Ferrer, 2018). A sus 80 años la fuerza física de Marie ya no era la misma, pero las ganas de ayudar sí; así que aprendió a pilotar helicópteros para después pilotar un avión de ataque. La vida de Marie Elisabeth fue impresionante y totalmente activa. Muchos años se dedicó a hacer el bien dejando muestra de su gran talento, y como siempre no fue conocida más allá de su país natal; murió el 14 de diciembre de 1963 en Francia. 

“Los momentos que miramos hacia atrás son momentos desperdiciados. Mira siempre hacia adelante”

Hillary Clinton

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