Después de poco más de un siglo de lucha contra el narcotráfico por la vía de la represión y con medidas prohibicionistas –que fallaron rotundamente– el gobierno de México se apresta a regular, para empezar, la venta de la mariguana con fines recreativos. En realidad, se trata de regular lo que de facto ya ocurre: miles de personas en México compran y consumen mariguana o cualquier otra droga sin enfrentar problemas legales: la adquieren en la calle, la consumen en la vía pública o en lugares cerrados, en la clandestinidad más absoluta, a veces.

Se oferta en bares, restaurantes o en los llamados table dance, donde la prostitución se combina con el consumo de enervantes, siempre con la complicidad de las autoridades que, previo pago, terminan por tolerarlo todo, absolutamente todo.

La iniciativa para liberar el consumo de mariguana es del diputado federal Mario Delgado, coordinador de la bancada del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), quien propone que sea el Estado el que regule el mercado ilegal que existe hasta ahora. Además, Delgado plantea que a través de una empresa estatal –Connsalud– el gobierno se encargue de comprar y vender la droga al público consumidor sin ningún tipo de prohibición.

Aunque no lo dice la iniciativa, se entiende que la venta de mariguana se haría en farmacias autorizadas, quizá en Oxxo, que cuenta con más de 12 mil tiendas en el país o en expendios especiales que el gobierno autorice para la venta del enervante.

Con esa iniciativa se da como un hecho que la mariguana como droga es inocua, aunque respecto de sus efectos nocivos todavía el debate no está agotado: los partidarios de la corriente liberal sostienen que la mariguana no causa la muerte y descansan su argumento en el hecho de que hay más decesos por consumo de alcohol que por mariguana; sin embargo, la corriente conservadora, que insiste en mantener la política prohibicionista, plantea que el consumo de mariguana es, en realidad, la puerta de entrada al mundo de las drogas y que sí causa efectos severos a la salud con el uso prolongado.

Entre sus efectos nocivos está la adicción, el adormecimiento de la voluntad, pérdida de la memoria, distorsión de la conducta y, además, es el puente o pase automático para el consumo de otras drogas, incluso duras, como la cocaína o incluso la heroína.

Pero el diputado Mario Delgado no se adentra en esta discusión: él observa que liberar el consumo de mariguana significaría para el gobierno un gran negocio, como ya lo es en Estados Unidos.

Para motivar su propuesta, el diputado de Morena sostiene que, tan solo en el estado de Colorado, en Estados Unidos, la liberación de la mariguana dejó ganancias de 500 millones de dólares en un año.

En el caso de México, explicó que se tiene contemplado un impuesto especial a la venta de mariguana, así como otra cuota de dos pesos por cada gramo que se venda. Desde su punto de vista, es mejor tener un mercado de cannabis regulado, con lo que se terminaría con el modelo prohibicionista que, como se sabe, no frenó el flagelo del narcotráfico ni la violencia de alto impacto que acompaña a esa actividad ilegal.

La propuesta de Delgado –que por ahora es a título personal, pero que se espera que Morena la respalde para ser discutida y aprobada en el Congreso– es que el Estado sea el responsable de vender la droga al consumidor; el producto podría adquirirse en farmacias autorizadas y su venta sería completamente legal.

Esa iniciativa permite recordar lo que pasó en el siglo XVIII, sobre todo al final de esa centuria, cuando las drogas se podían consumir libremente en todo el mundo. La cocaína, una droga de moda en ese tiempo, fácilmente se podía comprar en las farmacias. Los médicos de entonces la recetaban para curar a los adictos a la morfina. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, la recetaba a sus pacientes para combatir los trastornos emocionales, entre otros, la depresión, en aquellos años conocida como melancolía.

Incluso el propio Freud era consumidor habitual de cocaína en Viena, Austria, donde radicaba, y fue un gran promotor de esa sustancia. Incluso, gracias a los estudios de Freud otros médicos descubrieron que dicha droga –en aquel tiempo era vista como una sustancia casi milagrosa– servía como anestésico y así fue como se descubrió la anestesia local, sustituida después por la anestesia sintética, la cual sirvió en las cirugías oculares.

En Estados Unidos se podía comprar cocaína en farmacias, incluso sin receta; la Coca-Cola –“La chispa de la vida”, según reza su eslogan– contenía cocaína, era parte de su fórmula, aunque después, cuando Estados Unidos prohibió su consumo, tuvo que sustituirla por cafeína.

Freud resaltó las bondades de la cocaína en su magnífico estudio titulado Über coca –sobre la coca–, publicado en 1884, en el que describe el origen de la planta, sus características y, en otros puntos, destaca las ventajas para la terapéutica; el propio Freud era consumidor de cocaína, según él mismo lo admitió en varias cartas escritas a su novia; la recetaba a sus pacientes para curar la melancolía y trastornos depresivos del sistema nervioso.

Más tarde, Freud fue duramente criticado en el mundo, sobre todo cuando se descubrió que la cocaína en realidad era una droga nociva y por haberla recomendado se dijo que Freud le había abierto la puerta al tercer demonio de la humanidad, ya que mucha gente en el mundo padecía severos estragos con el consumo de alcohol y morfina.

Pero volvamos al tema de la mariguana. En México, la mariguana tiene un amplio mercado de consumo. Mucha gente consume la droga porque padece trastornos nerviosos, entre otros, insomnio. Después de consumir un cigarrillo, sobre todo por las noches, se asegura que induce al sueño profundo. En muchos casos, los enfermos de epilepsia consumen mariguana porque afirman que les retrasa las crisis, el llamado síncope, previo al desmayo.

Otras personas la fuman para relajarse, unos más para tener mayor concentración a la hora de realizar algún trabajo intelectual, aunque la mayoría la consumen con fines lúdicos, es decir, por placer. Se afirma que la mariguana coloca al consumidor en otro estado de conciencia: puede palpar la llamada realidad objetiva, la que está fuera de nosotros y que no podemos percibir en condiciones normales.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) está abierto a regular el consumo de todas las drogas, como actualmente ocurre en Portugal. Con base en ese proyecto, el objetivo es quitarle al crimen organizado el monopolio de la venta y distribución de drogas, pues dicha medida se considera una alternativa contra los elevados niveles de violencia.

Sin embargo, esa visión es errónea: legalizar el consumo de las drogas en México no terminará con la violencia, pues el narcotráfico ya no es la única actividad delictiva con la que operan los cárteles. Lo que sí se podría romper es la cadena de corrupción que genera el tráfico de drogas desde la siembra hasta el consumo, pues al ser el Estado el productor y el distribuidor único ya no habrá, aparentemente, competencia. El narcotráfico, en todo caso, competiría creando un mercado negro.

Lo que sí es un hecho es que las políticas prohibicionistas no han frenado el tráfico de drogas ni el consumo ni mucho menos la violencia extrema. De ahí que muchos gobiernos –Estados Unidos, Uruguay, Portugal, por ejemplo– apostaron por la liberación y los resultados parecen exitosos, además de representar un cuantioso negocio.

De dar ese paso el gobierno federal, sería indispensable que se instrumenten políticas de orientación respecto al uso de drogas y sus consecuencias. Hasta ahora, la información que existe es escasa. Se necesita, incluso, que en la educación primaria y secundaria haya orientación suficiente para los jóvenes, sobre todo para quienes están en edad de probar el consumo de alguna sustancia.

En México operan 18 cárteles y la mariguana es una de las drogas importantes que tiene un boyante mercado de consumo. Como ya se dijo, las políticas prohibicionistas no han dado resultados. Los jefes de los cárteles se dieron cuenta que, pese a la prohibición, que duró varios años, la droga se necesita en Estados Unidos, pues no hay que olvidar que es el mayor mercado de consumo en todo el mundo.

Por esa razón, México se convirtió en un gran trampolín para llevar la droga a Estados Unidos, y todo lo manejan, hasta ahora, con corrupción en todos los niveles. Esto hace posible que la cocaína, mariguana y la heroína lleguen al público consumidor más boyante del planeta.

Pero el gobierno de Estados Unidos se dio cuenta que permitir el consumo de mariguana con fines científicos y lúdicos, sobre todo, es un gran negocio. Por ello, permitió que algunos estados liberaran el consumo, lo que les ha redituado millonarias ganancias. El estado de Colorado es un ejemplo: en un año ganó 500 millones de dólares por el consumo de cannabis.

Y México lleva esa tendencia. De ahí la importancia de la iniciativa que propone el legislador de Morena Mario Delgado, quien no descarta que su partido termine arropando la propuesta hasta llevarla a su aprobación.

La ventaja de que el Estado mexicano distribuya la cannabis para el consumo tiene la garantía de que el público consumidor sabría que el producto está analizado y apto para el consumo.

Con ello, se borran los riesgos de consumir alguna sustancia adulterada, como ha ocurrido, lo cual ha derivado en daños cerebrales e incluso en la muerte.

El mercado ilegal tiene muchos riesgos. En el caso de la cocaína, por ejemplo, ocurre que el público consumidor dice comprar cocaína, pero lo que le venden en realidad es una mezcla de sustancias que incluyen hasta raticida. Nada más hay que empezar por el precio: una “grapa” (un gramo) que cuesta 100 pesos no puede ser cocaína nunca.

Cabe aclarar que un gramo de cocaína “de la buena”, como le llaman los consumidores, cuesta entre 150 y 200 dólares el gramo. Se afirma que esta es una cocaína que al menos tiene uno o dos cortes, no más, no menos, y que resulta ser de calidad.

En Austria y en otros países de Europa existe una política liberal respecto al consumo de drogas. Los jóvenes pueden consumir cualquier sustancia y, si tienen dudas respecto de la calidad de lo que han comprado, pueden acudir –en plena fiesta– a un módulo donde la sustancia es analizada y en pocos minutos el resultado indicará si es apta o no para el consumo. Esta es una forma de evitar riesgos.

En México, por desgracia, esos módulos no operan en ningún lugar, pero si el Estado se encarga de regular la venta de algunas sustancias, tendría no solo que habilitar módulos en la vía pública, sino establecer políticas de prevención de drogas más agresivas con el fin de que permanentemente haya una concientización respecto del daño que ocasiona el consumo de las sustancias tóxicas.

Texto extraído de www.sinembargo.mx

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