Marilyn Monroe, Norma Jean Baker; actriz, modelo y cantante

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Maria Elena Torres

“Soy egoísta, impaciente y un poco insegura. Cometo errores. Estoy fuera de control y a veces soy difícil de controlar. Pero si no me puedes controlar en mis peores momentos, entonces seguro que no me mereces en mis mejores momentos”
Marilyn Monroe

Es maravilloso cuando una mujer logra sus objetivos, cuando resplandece y brilla cual Sol. La gente la mira y se admira de todo lo que ha podido lograr, le aplauden cada uno de sus logros, pero no siempre es y ha sido así. Seguramente conocemos muchas de esas mujeres que se han adueñado de nuestros corazones al compartir un poco de sus talentos y vida diaria, al grado de convertirse en nuestras ídolas gracias a sus experiencias, su hermosura y carisma. No cabe duda que conocemos a más de una. Yo me atrevo a asegurar que todas las mujeres somos hermosas y talentosas, sin embargo, no todas han podido ser reconocidas.

Pero la mujer a la que me refiero en esta ocasión, por el contrario, fue querida, admirada y reconocida. Una mujer sonriente, con alegría y mucha energía para compartir, situación que sin duda la llevó al éxito rotundo. El 4 de agosto se cumplieron 53 años de su lamentable fallecimiento, siendo este el motivo principal para recordar un poco de su historia y trayectoria. Marilyn Monroe, mujer incansable que se convirtió en una de las estrellas más hermosas en el mundo del espectáculo.

Ella nació el primero de junio de 1926, en Los Ángeles, California, hija de Gladys Baker, poniéndole por nombre Norma Jean Baker o Norma Jean Mortenson, el cuál era apellido de su padrastro, ya que su madre no quiso revelar la identidad del padre, situación que marcó su infancia y más aún por haber sido dejada en manos de un matrimonio amigo de su madre hasta cumplidos los siete años, posteriormente se la llevó a vivir con ella. Pero no todo fue color de rosa, puesto que tras un año de haber estado con su madre, esta fue internada debido a que padecía de esquizofrenia paranoide, esta enfermedad incluso hizo pensar a Marilyn que la había heredado, porque en distintas ocasiones se vio víctima de fuertes depresiones.

Debido a la situación de su madre, Marilyn estuvo en el orfanato hasta la adolescencia, aunque de la misma forma estuvo en casa de sus abuelos y de distintas familias que la adoptaban. Las cosas no iban bien, de ninguna manera, pues incluso llegó a sufrir de abusos sexuales por parte de quienes eran la cabeza de la familia con quienes vivía, uno de ellos fue cuando contaba con ocho años.

A sus 17 años, abandonó los estudios y comenzó a trabajar en una planta de construcción de aviones, ahí conoció a James Dougherty, con quien contrajo matrimonio el 19 de junio de 1942. Más tarde, en 1946, un fotógrafo de modas la descubrió y la convenció de ser modelo, por lo que comenzó a ser reconocida y a tener trabajo en las campañas publicitarias. Al darse cuenta de su potencial la inscribió en una escuela para asistir a clases de arte dramático, en el Actor’s Lab de Hollywood y también a cursos de literatura en la Universidad de Los Ángeles (UCLA).
Para 1947 el magnate Howard Hughes, propietario de la compañía cinematográfica RKO, le ofreció hacer pruebas de pantalla, con el objeto de saber si podía dar juego ante una cámara cinematográfica; pero Norma Jean prefirió aceptar una oferta de la 20th Century Fox para trabajar unos meses como actriz de reparto. Interviniendo en tres películas olvidables en los que no fue debidamente acreditada y en ese momento hizo el cambio de nombre: Norma Jean pasó a llamarse Marilyn Monroe (Ruiza, Fernández, & Tamaro, 2004).

Después, Fox no le quiso renovar contrato y continúo en Columbia. Asimismo, Marilyn era una modesta bailarina de striptease llamada Peggy Martin y cantaba dos canciones. Para preparar ese papel recibió lecciones del director musical de la Columbia Fred Karger. Después continúo trabajando para la productora Metro Goldwyn Mayer, realizó un papel breve pero de suma importancia para su futuro como actriz: en el excelente thriller de John Huston La jungla de asfalto (The asphalt jungle, 1950), interpretaba con bastante soltura a Ángela, la amante de un gánster al que acaba por traicionar. Su impacto fue en 1949, cuando acepto posar para una sesión fotográfica. Se trata de las imágenes que muestran a Marilyn desnuda sobre un cubrecama de color rojo. Probablemente no imaginaba que para 1953, esa foto se convertiría en la portada del primer número de la famosa revista erótica Playboy.

El filme realmente importante de ese año fue la comedia de enredo Me siento rejuvenecer (Monkey business) de Howard Hawks, el director que junto a John Huston y Billy Wilder, tal vez supo extraer lo mejor de Marilyn Monroe. En esa comedia, verdadero clásico del género escrita por Ben Hecht, Charles Lederer e IAL Diamond, hacía el papel de una secretaria rubia y tonta junto a dos verdaderos monstruos del género, Cary Grant y Ginger Rogers. La maestría de la puesta en escena y la espléndida carpintería dramático-cómica de la película era lo que estaba necesitando la carrera de Marilyn, que por fin podía demostrar su valía más allá de lo estúpido que pudiera ser el personaje que interpretara. Además, y como se vería más adelante, fue en la comedia más o menos pura donde su dote de actriz dio lo mejor de sí misma (Ruiza, Fernández, & Tamaro, 2004).

Al término de ese año, Marilyn se convirtió en una de las estrellas más centelleantes del firmamento cinematográfico hollywoodense. Para el 14 de enero de 1954 contrajo matrimonio nuevamente con el jugador de béisbol Joe DiMaggio. La boda fue uno de los acontecimientos sociales más sonados de ese año, pero solo duró unos meses porque el 27 de octubre, DiMaggio y Marilyn se divorciaron, ese fue realmente el amor de su vida. A partir de esa ruptura sentimental, Marilyn se esforzó por demostrar que no solo era una cara bonita. En 1955, por ejemplo, acudió al prestigioso Actors Studio neoyorquino para tomar clases con Lee Strasberg, inducida por Strasberg, donde estudió el psicoanálisis con el fin de conocerse a sí misma y hacer aflorar su potencial interpretativo.

Esos detalles fueron objeto de burlas en ciertos ambientes de Hollywood que se obstinaban en verla como una actriz cuyo único atributo valioso era el de despertar una irrefrenable atracción en los hombres. (Ruiza, Fernández, & Tamaro, 2004). Sin embargo, encontró nuevos rumbos y el 29 de junio se casó con el dramaturgo Arthur Miller, para lo que debió convertirse previamente al judaísmo. Pero fue un fracaso más, puesto que no congenió con los intelectuales neoyorquinos con quienes se desenvolvía Miller. Marilyn había puesto en marcha un nuevo proyecto que causaba el recelo de los jefes de los estudios: su propia productora.

De regreso a Estados Unidos, volvieron los problemas, las inseguridades y los temores de Marilyn: un matrimonio disfuncional, menos contratos, era extraño que pudiera pasar dada su inmensa popularidad; con ello llegaron las depresiones y estancias en sanatorios o clínicas de descanso y se unieron dos nuevos factores: el consumo de alcohol y de píldoras, en especial barbitúricos. Eso ocasionó que los últimos meses de vida se volviera terribles y obscuros, además de cuestionarse la relación que tenía con el presidente de los Estados Unidos John F Kennedy, que parece probado, fue de naturaleza íntima y más tarde con el hermano de ese, el senador Robert Kennedy, en la que algunos indicios hacen pensar que fue solo de amistad. De cualquier modo, los nombres de ambos aparecieron entonces y siguen apareciendo hoy en el asunto de la muerte por suicidio de la actriz.

El 4 de agosto de 1962, en Brentwood Heights, Los Ángeles, California, a las tres de la madrugada la señora Murray, su ama de llaves, la encontró en la cama en una postura extraña, con el teléfono aferrado en una de sus manos y las luces encendidas. Un frasco vacío de Nembutal encima de la mesilla, denotando la ingestión de pastillas por la estrella. El médico forense certificó su muerte diciendo que se trataba de un suicidio. (Ruiza, Fernández, & Tamaro, 2004). Fue esa la forma en que murió una de las estrellas más populares del siglo XX y quien fuera considerada como símbolo sexual. Se extraña a Marilyn, pero siempre se le recordará como una mujer increíble, talentosa y bella, que sin lugar a dudas dejó marca en la historia.

“Mantén la cabeza arriba, la barbilla en alto y lo más importante, mantén tu sonrisa, porque la vida es una cosa hermosa y hay mucho por lo cual sonreír.”
Marilyn Monroe

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