Martín y la libertad de ser

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Su caso

Una familia tradicional

Martín Maturano Cruz nació en 1974 en la calle San Clemente, del barrio El Mirador, entre un cuadro tradicional con un padre que fue minero y una madre dedicada a las actividades del hogar, 10 hermanos que supondrían una compañía en su vida; hasta donde podemos leer parece ser una familia perfecta para aquellos tiempos donde la sociedad lo exigía, pero la realidad cambió cuando él cumplió siete años y entendió el significado de la palabra diferente.

Lo ideal sería ser capaz de amar a una mujer o a un hombre, a cualquier ser humano sin sentir miedo, inhibición u obligación

“Me di cuenta que no era como mis hermanos, a pesar de tener un aspecto varonil recuerdo que a mí me llamaba la atención jugar con las niñas; en tu casa se dan cuenta de esa preferencia sexual, mi mamá siempre me sobreprotegió porque sabía que era diferente.”

Enfrentar la discriminación es lo más difícil para alguien etiquetado como “diferente”, mucho más en los barrios altos de esta Bella Airosa donde la rudeza en los hombres es su mejor herramienta para enfrentarse a la inseguridad y a las escasas oportunidades de recibir educación, Martín solo estudió hasta sexto grado de primaria.

“Cuando iba en la primaria mis compañeros me preguntaban porque hablaba como niña, eso me creó mucha confusión porque yo sabía que no debía hablar así porque era un niño. A esa edad no sabía lo que decía la gente, pero al paso de los años las críticas destructivas me condenaron a lo que ya era, para mí siempre fue un problema porque las personas siempre me molestaban y había momentos en los que yo no toleraba eso y llegaba a los golpes para exigir que me respetaran como persona, independientemente de mis preferencias sexuales.”

Cuando cumplió 16 años decidió desafiar la moralidad de la sociedad y por primera vez se maquilló y vistió con prendas femeninas, salió a las céntricas calles de esta ciudad y en la década de 1980, aún repleta de estereotipos, ver a un hombre vestido de mujer era señalado como alteración del orden público, por lo que los mismos vecinos llamaron a la Policía y Martín fue arrestado.

“Esa noche los policías nos humillaron en las barandillas, se burlaban de nosotros y recuerdo que nos tomaron una fotografía para un periódico, como si fuera un hecho trascendente mi preferencia sexual. Mi papá fue una de esas personas que todos los días compraba el periódico, cuando llegué a casa él tenía mi fotografía en las manos y recuerdo muy bien sus palabras ‘en mi casa hay hombres o mujeres y tú no cabes en ninguno’, fue cuando decidí irme, mi papá no hizo jamás el intento de hablar conmigo porque era un machista, no podía comprender mi situación.”

Ferla Estrada, antes Fernando, reconocido estilista en esta ciudad, fue un pilar de apoyo para Martín, como una especie de mentor que le enseñó a caminar con dignidad entre un mundo de desiguales; recibió de su voz los primeros consejos sobre la aceptación de la homosexualidad y sobre exigir respeto ante su familia y la sociedad.

Llevar una vida cotidiana, entre bienestar familiar dejó de ser un objetivo en su vida y recorrió durante muchos años diferentes casas donde pudiera dormir, “iba como animalito arrimándome con la gente desde los 16 años, ese era el precio a pagar porque nunca quise la vida que tuvieron mis hermanos, pero esas experiencias son las que me han fortalecido”.

En busca de la aceptación

Después de la muerte de sus padres, del asesinato de muchos de sus amigos que tuvieron como único delito la homosexualidad, del constante señalamiento de su familia y de su falta de aceptación, desde hace nueve años radica en Acapulco, Guerrero, donde limpia casas, corta el cabello y en temporada de vacaciones trabaja como mesero en la playa.

“Somos gente productiva, trabajadoras, emprendedoras, no le hacemos daño absolutamente a nadie; necesitamos que les den un poco más de educación a las siguientes generaciones, que la homosexualidad también se explique en las escuelas para lograr así una aceptación, es mentira que las cosas han cambiado, hoy en día te aseguro que si voy a pedir un empleo vestida de mujer no me lo dan, por mi apariencia diferente.

“Conozco amigos que terminaron sus carreras como médicos, licenciados, y no consiguen empleo únicamente por ser diferentes, y para buscar la aceptación en la sociedad debes empezar por aceptarte como un ser humano libre, como una persona transgénero, siempre por supuesto respetando a las personas heterosexuales, todos tenemos derecho de vivir como queramos, pero este país es libre entre comillas.

“Me gustaría pedirle a la sociedad que no nos catalogue como la gente enferma, que se den la oportunidad de convivir con nosotros para que puedan ver lo maravillosos que somos como cualquier ser humano, la palabra clave es la tolerancia; a las personas homosexuales que se acerquen a su familia, y a sus padres que los apoyen, tal vez mi caso sería diferente si mi familia me hubiera aceptado.

“Yo no necesito que me pongan una etiqueta, no me gusta, porque yo soy quien quiero ser, me valoro por lo que soy, no necesito que me digan si soy transgénero, si soy gay o bisexual o el término que quiera utilizar la gente, sé que no soy mujer, pero tampoco hombre, simplemente un ser humano que quiere vivir en libertad.”

La homofobia en este país persiste como una situación severa, entre comentarios que laceran y miradas que condenan, pero historias como la de Martín siempre nos recordarán que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

[ Lorena Piedad ]

México es el segundo de 33 países con mayor número de asesinatos de personas LGBTI, de acuerdo con cifras de la ONG Transgender Europe. En mayor o menor grado somos  cómplices de fomentar la discriminación cuando ofendemos con adjetivos como “marica”, “joto”, “puto”, cuando miramos con desconcierto, morbo o curiosidad a quienes tienen preferencias sexuales diferentes a las nuestras pero, ¿qué pasa del otro lado del camino?, ¿qué opina y qué siente la comunidad LGBTI cada vez que es acosada y rechazada en la sociedad? Martín tiene 44 años conviviendo con la homofobia de este país.

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