Yo me imagino que cuando algún entusiasta de la vida, de esos que han legado revoluciones, va por ahí pensado en sus pretensiones, la iluminación no le llega de un día para otro, supongo que en realidad su mente se va llenando de ideas, incluso algunas de las ya guardadas en el subconsciente, para de pronto anclar unas con otras y aglomerar una sola.
De este modo, pienso que tampoco tras el temblor del cuerpo que ha tenido la epifanía, se detiene la emoción para concentrarse en pensar si la tiranía o la equivocación allanarán la benevolencia de sus ideas para hacer alguna época, lugar o situación mejor para cierto grupo de individuos; como lo que le sucedió a Filipo Marinetti, quien en la Italia recién entrada en el siglo XX buscó cambiar la vida por medio del arte, de la literatura, y se enfrascó en uno de los idearios más sombríos de la historia de la humanidad, por lo menos en esta era de la exaltación de la inteligencia del ser humano.
Si, Marinetti, quien con irrupciones en la vida cotidiana por medio de sus discursos buscaba restablecer la grandeza de su país como en el Renacimiento, pero no buscando retomar el pasado, no, por el contrario, planeando hacia el futuro, por medio de lo nuevo, de la tecnología, de la velocidad, del movimiento, pero también por medio de la guerra, de la destrucción, del nacionalismo y a través de esto último hasta llegar al fascismo tristemente.
Marinetti, según he leído por ahí, era un gran orador, elocuente y apasionado con las palabras. Era un tipo inteligente que quería un cambio radical. En esa época los manifiestos abundaban, eran declaraciones de intenciones redactadas, me imagino, para no perder el camino, “un auto de carreras es más bello que La Victoria de Samotracia”, decía él de los futuristas, escrito por Marinetti, quien se dio cuenta que para cambiar la vida se necesitaba más que letras en discursos y se afilió al partido de Mussolini y pues, para qué hablamos de lo que pasó con este señor…
Así es, para la historia, Marinetti se equivocó, enloqueció o algo así; pero también influenció y digamos que dio origen a una estirpe de artistas y antiartistas vinculados con la vida, lo social y lo político; yo me pregunto si habría Dadá, Surrealismo, Letrismo, Situacionismo e incluso Escultura social sin el Futurismo.
Dice mi amiga, la poeta Rocío Cerón “detrás de toda revolución hay un poeta”, no sé si se lo inventó ella o lo supo de alguien más, de lo que sí estoy casi seguro es haber leído por ahí que el Cabaret Voltaire de los dadaístas estaba en una calle donde en la misma época vivió Lenin.
¿Cuántas de nuestras bienintencionadas objeciones no andarán en otros levantando aunque sea revoluciones internas?

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