Cuando dicen que soy bonita, como nadie lo fue jamás.
No me gusta que lo repitan porque siento que no es verdad.
Yo no soy más bonita que ninguna, ni me creo lo que dicen.
Yo no tengo sex-appeal y yo no soy mujer fatal.
Porque solamente soy una chica buena, una chica más.
Pero yo quisiera que me vieras tú más bonita que ninguna.

Así cantaba Rocío Dúrcal (1944-2006) en los primeros años de su carrera. Ella que nació en un mes de octubre, ella que siendo una niña conquistó la industria musical de habla hispana. La misma que se convirtió en la española más mexicana.
Evocarla es volver a mi infancia y recordar que mi hermano Ernesto tenía un póster de ella en la puerta de su recámara. “Es mi novia”, presumía con un suspiro. Y yo en el preescolar repetía segura que Rocío Dúrcal era la novia de mi hermano. Fue así como nos llevó al cine a ver Canción de juventud y Acompáñame.
Años después, ya en la década de 1970, mis hermanas y yo participábamos en un programa de radio donde el locutor te invitaba a concursar, el reto: cantar una melodía de Rocío Dúrcal. Si lo hacías mal, recibías abucheos, pero si entonabas con gusto además de los aplausos, te ponían esa canción. Concursamos tantas veces, algunas escuchamos gozosas nuestras preferidas: “Cartel de publicidad”, “Diplodocus” o “Los piropos de mi barrio”.
Vivió los duros tiempos de la dictadura franquista, esa España castigada y dominada por un hombre que la gobernó durante casi 40 años. Al morir el dictador no hubo región española que no se sintiera libre. Posiblemente por eso, doña Rocío decidió hacer un desnudo para una revista, liberarse, celebrar el cuerpo, la belleza femenina, su sensualidad tanto tiempo reprimida. La revista Interviu le dio portada, pero además de su cuerpo descubrimos a la mujer, tenía 34 años. Luego algunos éxitos memorables como “La gata bajo la lluvia” o “Tu foto en la pared”, pero llegó a su vida Juan Gabriel y la convenció de cantar música ranchera. El triunfo total de su carrera. Quién no ha cantado con ella “Amor eterno” o “Me nace del
corazón”.
Se casó por siempre con el compositor Junior, tuvieron tres hijos. Hace poco una amiga periodista me contó una anécdota que me dio mucha tristeza. Dijo que, en una ocasión, al entrar al baño de un restaurante muy elegante, escuchó que alguien lloraba con mucho sentimiento. Se atrevió a preguntar si podía ayudar y al abrir la puerta descubrió a Rocío. Ese día era su cumpleaños y estaba sola, se sentía muy sola. Mi amiga la invitó a cenar con ella y sus acompañantes, pasaron una linda velada, pero aprovechó para decirle que Rocío Dúrcal nunca podría estar sola, su música nos ha hecho muy felices, nunca la dejaremos sola. Y es verdad. Recuerdo la primera vez que fui a España, no hubo rincón donde no la recordara y en cada barrio españolito yo tarareaba una de mis canciones favoritas:

Cuando la gente al andar me está mirando.
No es fácil adivinar qué está pensando.
Por la calle me puse a caminar, y todo el mundo me miró.
Pero a mí no lo mismo me da, porque soy feliz.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.