Sepultada entre los escombros de la Guerra Fría, la obra de Stanislaw Lem se ha dado a conocer tras un periodo larguísimo de redescubrimientos para el lector en habla hispana y juega un papel semisecundario, dada la importancia que se le ha dado a Philip K Dick, pese a que Lem fue uno de los pocos en ratificar que el autor norteamericano merecía considerarse más bien un autor de grandes vuelos, en lugar de un firma libelos. De la manera más triste, en la paranoia de K Dick, cuando se refirió a organizaciones ultrasecretas para explotar la ingenuidad de los ciudadanos, llegó a creer que Lem era uno de sus artífices.

Contemporáneo a los hermanos Boris y Arkadi Strugatski, Stanislaw Lem desarrolló una obra plagada de sentido del humor, inteligente, que lo mismo podía centrar la narración en Ijon Tichy, un incompetente que gracias a los extremos avances de la ciencia y la tecnología, aunque sus errores podían ser muy graves, siempre quedarían por debajo de la capacidad humana para repararlos y considerarlos meros contratiempos.

De la misma forma, hizo que Trurl y Clapaucius, dos robots ultrainteligentes con habilidades constructoras que los equiparaban con dioses, protagonizaran una docena de relatos en Ciberiada. Pero así como Ijon Tichy, que después protagonizó y participó en novelas independientes, el personaje por excelencia de Lem es el piloto Pirx.
Precisamente porque Tichy se muestra atolondrado, errático y a veces con intuiciones útiles que le salvan la vida en el último minuto, más por casualidad que cálculo preciso, en el extremo opuesto se encuentra el piloto Pirx. Mientras el otro se encuentra en escenarios de la más fantástica e imaginativa ciencia ficción, Pirx suele enfrentar situaciones con bases humanas y científicas, más cercanas a conflictos reales que su contraparte Tichy. Es temerario pero precavido, así como capaz de recurrir al uso de la imaginación y la inventiva, si lo amerita la situación.

Así, en 1979, basada en el relato conocido en castellano como El proceso, después de que Tarkovsky había incursionado en la ciencia ficción con Solaris (1971) –también de Lem– y estaba a punto de dar a conocer Stalker (1979) –derivada de Picnic al lado del camino–, inadvertido para el grueso del público, sería el año tanto de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski como de Stanislaw Lem, ya que también se estrenarían las adaptaciones El club de los alpinistas muertos (Hukkunud Alpinisti hotel, Grigori Kromanov) y El juicio del piloto Pirx (Test pilota Pirxa, Marek Piestrak).

En El juicio… Pirx no está sometido a un proceso legal, más bien, es llevado a la prueba que determinará su fortaleza contra los tiempos por venir. Comandante de una operación que llevará una nave al espacio, sabe de la existencia de cuatro tripulantes “no lineales”, es decir, artificiales, “no analógicos”, que simulan seres humanos casi a la perfección y deberán compartir la misión con criaturas de carne y hueso.

Quién sabe si por casualidad o qué causa, el conflicto de los humanos con el androide en Alien (1979) es en esencia el mismo que en El juicio del piloto Pirx (producida en 1978 y estrenada localmente en Polonia), salvo porque hay más unidades y a Pirx le toca salvar a sus subordinados, pero es una de las primeras narraciones en llevar el conflicto humano-inteligencia artificial, aparte de 2001: Una odisea espacial.

Clásica entre las películas de ciencia ficción dentro de los países aliados al régimen soviético, la parte delegada a la musicalización del filme fue compuesta por un par de creadores fuera de serie: Eugeniuz Rudnik y Arvo Pärt. Así como en Estados Unidos hubo un Robert Moog, responsable del diseño y creación del sintetizador y sus secuenciadores, en Polonia, Rudnik produjo algunas de las secuencias electrónicas más creativas e ingeniosas de su tiempo, al punto de ser uno de los maestros indispensables del género.

Por su parte, Arvo Pärt, años, muchos años antes de dedicarse al misticismo de un sentimiento religioso, exploró junto con Rudnik una especie de composición instrumental a partir de los sonidos tanto incidentales como electrónicos producidos para la película. Por increíble que parezca, al comienzo de la cinta, Pärt y Rudnik logran que un marcapasos se convierta en una pieza ominosa, cargada de suspenso y asombro. No se diga cuando Pirx enfrenta a sus tripulantes artificiales.

Correo: [email protected]
Twitter: @deepfocusmagaz

Comentarios