En la segunda parte del libro colectivo Masculinidades y violencia de género en instituciones educativas (2016), de las coordinadoras María Aidé Hernández García y Claudia Susana Gómez López, se presentan investigaciones de ocho estados, de ocho diferentes situaciones bajo una misma perspectiva: la violencia entre géneros como un problema estructural y de cultura, puntos cruciales que explican y comparten la génesis de esta conducta social, naturalizada aún hoy bajo muchas prácticas, mensajes y acciones, aunque pública y políticamente se “avance” en el discurso y de forma real en la plataforma legal para prevenir, sancionar y erradicar la violencia.
Enrique Bautista Rojas, con el “Acoso escolar hacia la homosexualidad”, reseña el trabajo y la plataforma legal en relación al reconocimiento y aceptación de la diversidad, que debe incluir la sexual. Refiere el acoso escolar en las escuelas como manifestación de la intolerancia y reflexiona sobre la urgencia de hacer real el reconocimiento y respeto a la diversidad sexual y la identidad genérica, acción que nos acercará a una sociedad verdaderamente equitativa y no solo desde el discurso.
El segundo título: “Previniendo la violencia de género en escuelas primarias”, de José María Duarte Cruz y José Baltazar García-Horta, analiza las relaciones entre géneros en cuatro primarias públicas, dos de Nuevo León y dos de Panamá. El hallazgo-confirmación es que en las instituciones educativas se promueve la equidad discursivamente pero en las prácticas de socialización y en la dinámica escolar imperan la inequidad y el sexismo. El currículo oculto se evidencia entre docentes, estudiantes (en la relación horizontal y vertical) y en los mismos textos escolares. Situación que requiere una intervención primaria, con talleres a madres y padres; focalizada, dirigida a estudiantes y a docentes, para promover la equidad entre géneros y erradicar la discriminación en razón de la pertenencia a uno u otro género.
María del Carmen Orrante Reyes, de la Universidad Juárez de Durango, autora del tercer capítulo, “De la violencia psicológica y funcionamiento familiar en alumnos de secundaria”, propone relacionar la funcionalidad de las familias con la violencia psicológica en adolescentes. La muestra estratificada fue de 97 alumnos de seis grupos. Entre los principales resultados se encontró que las dimensiones del manejo de conflicto y liderazgo aparecen como las de mayor grado de disfuncionalidad. La violencia psicológica dentro de las familias se da en 70 por ciento ya sea leve, moderada o severa. Lo que lleva a la conclusión de que no existen las familias 100 por ciento funcionales. El reto es prevenir que la violencia no escale y se transforme en un problema que engrose las cifras ya de porr sí alarmantes en los hogares mexicanos. Las estrategias pueden provenir de las instituciones educativas a través de talleres vivenciales para madres, padres e hijos, así como fomentar la convivencia familiar y fortalecer el rol formativo-educativo de las madres y padres.
Martha Guerrero Ortiz, analizó factores asociados a la discriminación del personal que labora y estudia en la Universidad de Zacatecas, en su capítulo sobre la “Violencia de género como factor de desigualdad en la Universidad Autónoma de Zacatecas”. En este estudio revisó la relación de oportunidades y posibilidades para vivir una vida libre de violencia de mujeres y hombres en este espacio educativo. Tomó como punto de referencia la base de datos de la Encuesta Violencia en la UAZ de 2014. Los resultados de esa revisión son que la violencia entre el alumnado se da por éste mismo; que las autoridades universitarias aparecen como responsables del ejercicio de la violencia física hacia alumnos y de violencia psicológica hacia alumnas; que la violencia física que han sufrido las docentes de la institución proviene de funcionarios, docentes y alumnos, en igual proporción; y la violencia física es ejercida sólo por hombres ya sean trabajadores, docentes, funcionarios, dirigentes sindicales o alumnos.
En este escenario la autora, puntualiza la urgencia del compromiso real de las universidades para promover la equidad de género desde la perspectiva de que la violencia entre género es social y no natural, a través de acciones, programas y políticas institucionales diseñadas para generar cambios positivos en las relaciones de género.
Consuelo Patricia Martínez Lozano, en su texto sobre “Propuesta y avances de investigación sobre la violencia de género en universidades públicas, privadas, confesionales e interculturales de San Luis Potosí”, ofrece una semblanza general y avances en materia de violencia de género en los espacios antes mencionados, dentro de lo que destaca que las instituciones de educación superior no cuentan con un área de atención a la violencia de género; no diseñan, ni incentivan, ni institucionalizan prácticas de identificación y denuncia tendientes a señalar o visibilizar las violencias en las relaciones entre géneros; estas instituciones, a través de la selección de estudiantes para las carreras, fomentan y reafirman estereotipos de género; la violencia hacia las mujeres en las IES se normaliza y desconocen protocolos de actuación en casos de acoso sexual-escolar-académico; y en general, estos espacios educativos desarrollan o configuran las relaciones de género pero en todas ellas se presentan situaciones de desventaja para las mujeres, lo cual es una manera de ejercer la violencia de género al interior de las universidades.
De Michoacán, Iliana Muñoz García y Mario Alberto Reyes Téllez, en la “Violencia de género en la Universidad de la Ciénega”, abordan la violencia que enfrentan las y los estudiantes en los contextos escolar, familiar, amistoso, de pareja y comunitario. La metodología utilizada fue la sistematización de experiencia a través de 40 diarios de género durante un semestre de 2014. El hallazgo principal es que la violencia es endémica a la forma cotidiana de vida del estudiantado de esta universidad y se presenta como un fenómeno relacional entre estructura, cultura y sexo. Realidad que lleva a los autores a señalar que su institución debe iniciar un trabajo pronto y serio de debate y puesta en marcha de programas y políticas institucionales para visibilizar, disminuir y hasta erradicar la violencia de género.
En el caso de la Universidad de Aguascalientes, Irma Carrillo Flores abordó las “Manifestaciones de la violencia psicológica en parejas amorosas”. La información comprende 700 estudiantes de uno de los semestres de 2013 y se encontró que las principales expresiones de violencia son psicológicas y refieren tres: insultos, rechazo e interrupción en la manifestación de ideas. Concluye de este estudio la autora, que su Universidad debe tomar acción en el conocimiento y sensibilización sobre la violencia con acciones como la información sobre el tema e instancias de atención a la violencia, además de difusión a través de los medios de comunicación, actividades académicas y elaboración de materiales informativos.
El último y no por ello menos importante trabajo sobre violencia en las universidades es de María de la Luz Macías Vázquez y Luz Dolores González Patiño, de la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, Estado de México, y de la Universidad Tecnológica de Xicotepec de Juárez, Puebla, quienes denuncian y reflexionan “Entre despidos y la certificación del modelo de equidad de género (MEG)”. En el primer caso retoma el caso de ocho docentes despedidos en 2013 pero desde la inequidad entre géneros y la violencia institucional. En el caso de la Universidad de Puebla, a través del análisis del tabulador salarial, comprueba la discriminación salarial para mujeres. Los puestos de mayores salarios están masculinizados, en tanto que los puestos de menores salarios corresponden a las mujeres.
Finalmente, uno y otro caso llevan a plantear cómo la violencia institucional genérica se ejerce de diversas formas y se naturaliza, al grado que la niegan sus autoridades e incluso ambas instituciones se certificaron en el modelo de equidad de género en 2012. Las autoras concluyen y alertan que no basta la normatividad en el tema de la equidad de género, sino que es necesario visibilizar y denunciar prácticas violentas y discriminatorias: “Solo así puede vislumbrarse un escenario de equidad de género sin violencia en las instituciones”, rematan.
Masculinidades y violencia de género en instituciones educativas, coordinado por María Aidé Hernández García y Claudia Susana Gómez López, debe consultarse para reflexionar y para tomar cartas en el asunto para transformar la violencia del siglo XXI.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.