El presidente Enrique Peña ayer dijo lo que todos intuíamos desde hace años pero que el propio gobierno federal se negaba a aceptar: Pemex, nuestra gallina de los huevos de oro por décadas, finalmente está muerta. O moribunda, al menos. Su decadencia fue lenta, pero la mayoría de la población no se dio cuenta hasta que los efectos llegaron a su bolsillo. Cuando se aprobó la reforma energética, pocos fueron quienes salieron a la calle a manifestarse. A la población no le pareció relevante la reforma porque desde hace tiempo percibía que Pemex no era una empresa de los mexicanos, sino del sindicato y del gobierno, que durante años exprimió su riqueza para financiar su operación y, en teoría, el desarrollo del país. Ayer el presidente Peña reconoció la trágica realidad: la empresa productiva del estado no es ni la sombra de lo que fue ayer. Puso el ejemplo más dramático: el yacimiento de Cantarell, que según el propio mandatario hace seis años producía 2 millones 200 mil barriles, hoy produce menos de la décima parte, solo 200 mil. Los yacimientos se secaron, sí, pero los gobiernos federales tampoco hicieron nada para prevenir esta debacle. El gasolinazo que incendió al país desde las primeras horas de este año también es consecuencia de la falta de inversión en refinerías y de una ausencia de planeación. El golpe llegó certero y el gobierno ni siquiera pudo construir una estrategia para amortiguarlo. La liberalización del precio de los combustibles no fue un fenómeno impredecible, sino que fue programado en la famosa reforma energética. Entonces, ¿por qué el gobierno no lo previó? Por cierto, ya en plena emergencia, cabe la pregunta: ¿el gobierno de Hidalgo no podría aprovechar, de alguna manera, que en nuestro territorio hay una gran refinería? Si Chihuahua y Nuevo León van a importar gasolina desde EU, ¿Hidalgo no podría sacar provecho a la planta de Tula que, por cierto, es gran factor de conminación? De filón. En la capital hidalguense se acabó la fiesta para el Club Pachuca. Hoy tendrá que definir de qué manera contribuirá por el uso del estacionamiento del estadio Hidalgo. Nada es para siempre.

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