En 1970, el escritor norteamericano Joe Brainard publicó un libro llamado I remember que después sería replicado por otros escritores del mundo por la simpleza con la que escribe las memorias de su vida y su generación, en la que cada frase comienza con un: “Me acuerdo”. En este número, nos unimos a esta celebración de los recuerdos que llegan a nosotros con todo su poder y nostalgia. Esperamos que el lector lo disfrute. Síguenos en Facebook como Esto No Es Un Libro. Esta coedición con Esto no es un libro corresponde al número especial de mayo de 2016. Gracias por leer este Maldito Vicio.

ALMA SANTILLÁN

Me acuerdo de que creía que la televisión se hacía en vivo, y los comerciales eran el descanso de los actores. Me acuerdo de que nunca he sido la primera en decir te amo. Me acuerdo de cuando íbamos por agua a Loreto, con garrafas de plástico de colores. Me acuerdo de la letra completa de “Mis ojos lloran por ti”. Me acuerdo del día que lo conocí. Me acuerdo de cuando me arrastró una ola en Acapulco. Odié la playa por muchos años. Me acuerdo de los nombres completos de mis compañeras de la secundaria. Me acuerdo del último abrazo que le di en el aeropuerto. Me acuerdo de la primera vez que bebí, a los 14. Me acuerdo de su número de teléfono. Me acuerdo de la primera vez que vi a un muerto, el tiempo se detuvo. Me acuerdo de los cumpleaños de la gente que amo. Me acuerdo de cada una de sus expresiones, como cuadros de película, coleccionados por una década. Me acuerdo de cuando me asaltaron en un autobús. Me acuerdo de las empanadas de pescado en el desayuno. Me acuerdo de las cicatrices que tiene desde niño. Me acuerdo de las veces que he sido infiel. Me acuerdo del aroma del perfume que me regaló en año nuevo. Me acuerdo de cada vez que me he enamorado. Me acuerdo de su voz.

E J VALDÉS

Me acuerdo del primer beso en el claroscuro de una estancia. Me acuerdo que, cuando niño, entré al mar en un salvavidas y las olas por poco me estrellan contra las rocas. Me acuerdo que una mañana tomamos un autobús al azar y terminamos perdidos en un mal vecindario. Me acuerdo de las tablaturas de “Come as you are”. Me acuerdo de sus ojos semirasgados. Me acuerdo del primer año de novios. Me acuerdo de una chica a quien acusamos de robar un pan de la cafetería y fue víctima del escarnio estudiantil. Me acuerdo de un naipe que separaba las páginas de Hearts in Atlantis. Me acuerdo de los juegos de corazones que arruinaron a Ronnie Malenfant. Me acuerdo de la estación de trenes de Berlín. Me acuerdo de los gloriosos ocho bits de “The legend of Zelda”. Me acuerdo de un hombre al que sorprendieron robando en un Liverpool y no corrió lo suficiente aprisa. Me acuerdo de la Fábrica de Chocolates La Azteca. Me acuerdo de la primera vez que me rompieron el corazón. Me acuerdo de los desayunos en La Casa del Waffle. Me acuerdo de una noche de verano en la que, sentado con dos compañeros en la azotea del dormitorio, vimos una misteriosa luz entre las copas de los árboles. Me acuerdo de una casa de apuestas en París donde se juega con las fechas de muerte de las celebridades. Me acuerdo de un capitán de la Marina que pretendía a mi madre. Me acuerdo de las gotas de lluvia que resbalaban sobre la ventana de mi cuarto de hotel en Tokio. Me acuerdo de ella.

ENID CARRILLO

Me acuerdo de un vuelo de 12 horas, de un camino que no conoció la noche. Era tan extranjera que dejé de tener nombre y me llamaron “mexicana”. Me acuerdo de ver películas en blanco y negro y de haber creído que antes en el mundo no existían los colores. Me acuerdo del granizo un día de muertos y de salir a la calle a armar un muñeco de “nieve”. Me acuerdo del techo del edificio en el que vivía. Subía con mis amigos y nos acostábamos dejando colgar la cabeza en el aire. No nos daba miedo la muerte. Me acuerdo de los regaños de mi tía, pero no me acuerdo de su cara. Solo de sus manos flacas y arrugadas. Me acuerdo de matar patos en el nintendo y esperar a que llegara la noche para ver a mi mamá. Allí comenzó mi creencia: la noche todo lo arregla y todo lo calma. Me acuerdo de mis ganas de dejar la ciudad, de haberme ido lejos y después morir por regresar. Me acuerdo de una noche en la azotea con el bajío de fondo y de Él. Me acuerdo de Él en Veracruz. En ese momento supe que algo mejor era posible para mí. Aún lo creo. Me acuerdo de la muerte de mi abuela, mi tío fue por mí a la escuela y volvimos a la casa en camión. Había mucho polvo en el aire y el Sol se desparramaba por la calle. Nunca más me gustó la luz. Me acuerdo de llorar muchos días y muchas noches por haber dejado todo atrás. Me acuerdo de mi primer día de universidad: llegué tarde y llovió. Así fue aquella época para mí: una lluvia que parecía no acabar. Me acuerdo de prometer amor por siempre y del momento justo en el que supe que no podría cumplirlo. Me acuerdo de un comedor de sillas amarillas con mesa redonda. Allí aprendí a leer. Me acuerdo de una tortuga que vivía en la cisterna de mi tía. Me acuerdo del último abrazo que di y que me dieron. Me acuerdo de arruinar una amistad con un beso. O de arruinar al beso con la amistad. ¡Da igual!, de cualquier forma me fue mal. Me acuerdo de los amigos que se fueron y de haber agradecido que lo hicieran. Salí de ellos siendo más yo. Me acuerdo del día en que decidí volver a empezar. Me acuerdo de mi tristeza, de mi decepción, de mis ganas de seguir y de haberlo conseguido: seguí. Me acuerdo de Miss Judy y las clases de inglés; de su olor a cigarro y a libros; de su fuerza y de su libertad. Me acuerdo de Pachuca cuando no tenía puentes ni túneles; de cuando su Reloj comenzó a hacerme daño. Me acuerdo del mar y de un ejército de cangrejos que se llevaron mis zapatos.

ÓSCAR PÉREZ

Me acuerdo de que mi primer beso fue entre las milpas y que el último fue entre las casas de la ciudad. Ambos en distintos labios: los de arriba y luego los de abajo. Me acuerdo de los pasteles de lodo, de las escondidas y el juego de la botella, de reír sin parar y asar bombones y de las fogatas. Me acuerdo de las nubes de gis que salían cuando se golpeaban dos borradores. Me acuerdo de tu nombre que nunca fue tatuado en la penca de un maguey. Me acuerdo de haberme enamorado, de haber muerto y hoy, como un patán, haber resucitado

Director del mal: Jorge A. Romero 
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Luis Frías, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, Óscar Baños, Rafael Tiburcio, Tania Magallanes, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Víctor Valera, Sonia Rueda, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día

TUITIZA LOCA
Creo en la lluvia cuando cambia el olor de mi tierra @rockargento

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