A mí me enseñó a leer y escribir un maestro, no un senador ni un diputado ni un secretario de Estado y mucho menos un presidente. A sentir, a apreciar las cosas, a contemplar; a encontrar la belleza en los objetos, en los sonidos, en el movimiento, me lo enseñaron maestras y maestros artistas, no me lo enseñó un curador ni un museógrafo ni un mercachifle de galería y mucho menos un secretario de Cultura.
A callar y escuchar, a respetar a todas y todos me lo enseñaron las ancianas y los ancianos, la familia, mis maestras y maestros. La memoria y la historia me la enseñaron los pueblos y sus maestras y maestros, no un libro de texto gratuito lleno de mentiras y sandeces sin escrúpulos, repletos de faltas de ortografía, que mitifican y enaltecen a los conquistadores, a los opresores, a los malos gobiernos, a los ladrones, a los traidores.
A querer a mi patria y a defenderla, a ser un patriota, me lo enseñaron las heroínas y héroes: trabajadoras y trabajadores, campesinas y campesinos, maestras y maestros, que derramaron su sangre para que yo tuviera una educación, un futuro junto con mis compatriotas, junto con mis congéneres, para que viviéramos en un país libre y un mundo justo y digno. Nada de eso me lo enseñó un graduado en Harvard al servicio del imperialismo. Me lo enseñaron mis maestras y maestros.
A ser rebelde e insumiso me lo enseñó la juventud, mi generación, mis compañeras y compañeros de banca, de salón, de calle, de barrio, de colonia, de lucha, de vida; y las generaciones de otras y otros, en otras latitudes, en otros tiempos, porque eso también enseñan jóvenes maestras y maestros.
A defender al prójimo y a la prójima con justicia y equidad, me lo enseñaron mis maestras y maestros, no un pinche juez corrupto de Ministerio Público o de la Suprema Corte de Justicia. A construir autonomías y mundos posibles me lo enseñaron grandes maestras y maestros de los pueblos indios con su ejemplo, con sus caracoles zapatistas, con sus autodefensas, con sus resistencias y con su dignidad, con sus dignas rabias que también son las mías porque me declaro, sin presunciones, buen alumno.
A hablar con la verdad no me lo enseñaron empresas de televisión ni medios de comunicación que están en la nómina de la CIA y de la Secretaría de Gobernación. Me lo enseñaron las maestras y maestros periodistas y reporteros: no mentir ni manipular imágenes ni verdades a medias ni a inventar realidades alternas y ficticias que someten y enajenan a todo un pueblo.
¿Reforma educativa?, ¿es una broma? Lo único que está enseñado a las y los mexicanos esa “reforma” es la incapacidad intelectual y educativa de una mafia de lacayos que quieren imponer a toda costa modelos pedagógicos subordinados al poder hegemónico y al servicio del capitalismo. Completar el desmantelamiento de la nación, del territorio y de nuestra cultura formando en jaulas, quiero decir, en aulas desde los niveles básicos a generaciones de mexicanos que sean sumisos e incapaces de pensar por sí mismos.
Una “reforma” que en realidad está disfrazando un juicio sumario con pena de muerte a una de las organizaciones más combativas y críticas, orgullo nacional, detonadora de procesos críticos en el pensamiento de nuestras niñas y niños, coadyuvantes en la construcción de la memoria y la identidad de nuestros pueblos y de nuestra patria, defensora de los derechos laborales de maestras y maestros: la CNTE. Encima, una “reforma” cómplice de salarios de hambre y de los despidos injustificados que están sucediendo en todos los sectores.
Pero solo hay que ver el nivel educativo de quienes aprobaron en el Congreso de la Unión esa barbarie. Son, la mayoría, senadoras, senadores, diputadas y diputados de derecha a izquierda y viceversa que egresaron de universidades patito, compraron títulos, secundarias o primarias truncas, posgrados al vapor, estudios en el extranjero en universidades equis o en universidades de mucho “prestigio” por donde pareciera que pasaron en blanco.
Cómo es que una reforma educativa puede tener sustento en el encarcelamiento de maestras y maestros, en el asesinato, en el derramamiento de sangre, en la desaparición forzada, en la violencia sistemática. Eso no es una reforma educativa, parece un golpe de Estado. A mis maestras y maestros con cariño, porque luchando nos siguen enseñando, yo también estoy con ustedes.

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