Mientras tres o cuatro “privilegiados” presumen en las redes sociales que a ellos nunca les gustó Juan Gabriel, miles de personas evocamos con nostalgia y agradecimiento sus canciones. Muchas de ellas han sido fondo musical de momentos significativos, soundtrack de escenas memorables en nuestras vidas.
Yo lo descubrí en mi infancia, pero en voz de otro, del cantante Roberto Jordán. Yo era una niña romántica de primera y me gustaba un chiquillo de mi escuela. Entonces lo veía pasar y muy bajito, cantaba: “No se ha dado cuenta que me gusta. No se ha dado cuenta que le amo. Que cuando pasa la estoy mirando. Que estando despierto, la estoy soñando. Que de mi vida ya se ha adueñado. Que en mis pensamientos, siempre ha estado…”
Pero cuando Juan Gabriel participó en el Festival de la OTI me conquistó por siempre. No ganó pero su carisma ya seducía y mientras pasaban los comerciales yo ya tarareaba aquello de: “Será mañana, pasado mañana, el lunes o el martes, vendrán a tocarme a las puertas de mi corazón.” Juro que cada una de estas estrofas las escribo de memoria, resulta tan sencillo aprenderse estas melodías con ritmo, inspiraciones de sabiduría popular.
Sus canciones rancheras fueron el pretexto ideal para el primer brindis con tequila. En mi adolescencia de lecturas marxistas pero tertulias honestas siempre se entonaba una canción de Juanito: “Por eso aún estoy en el lugar de siempre. En la misma ciudad y con la misma gente. Para que tú al volver no encuentres nada extraño. Y sea como ayer y nunca más dejarnos.” Ya en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la UNAM, durante una práctica de periodismo a San Miguel de Allende, mis compañeros fieles a la escuela de Frankfurt o seguidores del periodismo de Scherer cantaban conmigo a todo pulmón aquello de: “Queridaaa, dime cuándo tú, dime cuándo tú vas a volver, ah ah”.
Gracias a su música fui testigo del renacer de Rocío Dúrcal. No había cantante que no anhelara interpretar una canción de él. En mi disco favorito de la Maldita Vecindad, ellos grabaron a su ritmo “Querida” y en el pequeño cancionero Roco y compañía escribieron que no transcribían la letra porque “bien que te la sabes”. Sí, esos rockeros maravillosos reconocían por igual el talento de Juanga. Hasta la fecha en diversas charlas me gusta citarlo cuando vale la pena… ya lo dijo el sabio Juan Gabriel: “Es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor”. Cuando fui a Ciudad Juárez, al bajar del avión, me salió tan natural empezar a entonar: “A mí me gusta más estar en la frontera porque la gente es más sencilla y más sincera. Todo, todo es diferente en la frontera, en la frontera, en la frontera.” Obvio, fui a visitar su casa y me tomé las fotos del recuerdo.
Hoy lo evoco con cariño, Juan Gabriel me delató en muchas de sus composiciones y por eso, mi canción preferida se escucha una y otra vez por donde quiera que vaya en estos días: “Me nace del corazón, decirle que usted es mi vida. Que no sé vivir sin usted. Disculpe que se lo diga. Me nace del corazón y el corazón me domina”.

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Artículo anteriorEdición impresa: 07-septiembre-2016
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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.