Diciembre es un mes en el que la nostalgia nos asalta. De súbito nos encontramos con mucho tiempo libre que nos lleva a confrontarnos ante el espejo. Nos vemos descarnados y, a veces, observamos el espejo retrovisor. Pensamos en las personas que se han ido, en los amores que tuvimos, en los muertos que cargamos. Y así, diciembre se arrastra junto a nosotros y también nos congela. Como sucede con las historias que nos cuentan Sonia Rueda y Bukoswki en este Maldito Vicio decembrino.

Me quedo porque te quiero o me voy porque me quiero

Amar a alguien con depresión es difícil, hay que dejar ir un poco de la vida, hay que saber que en ocasiones el esfuerzo no será suficiente.

Desde el fondo de mi corazón comencé a amarla, cada día un poco más, cada noche la miraba a mi lado con la fortuna de saber que sus ojos eran lo mejor para mí.
A diario le escuchaba la voz, me conmovía el alma, dejaba que se clavara poco a poco dentro de mí.
Un día sin aviso, la oscuridad se apoderó de ella. Sus ojos solo derramaban agua maldita y su boca escupía espinas que se clavaron en mi mente y en mi corazón.
La primera que recibió el golpe fui yo. Porque cuando lastimas, primero lastimas a los que están más cerca.
Cada uno de los que siguieron, le pegaron fuerte a ella, luego me pegaron fuerte a mí.
Cuando amas a alguien con esa tristeza, tan complicada, dentro, es inevitable dolerse de su dolor.
La vi triste, la vi frágil, la vi llorar hasta dormir y dormir hasta cansarse y despertar más triste, con la desolación marcada en los ojos.
Intenta abrazar una copa rota, sin romperla más, y sin que ninguno de sus filos te corte.
Luego vinieron días peores. No hay lugar dónde ocultarse. Tampoco hay dónde abrazar el Sol. Es frío, es oscuro, lo más triste.
Viene el coraje propio, la frustración de no poder iluminar su mundo, la intolerancia de sus intolerancias, el dolor de su dolor, el enojo de su enojo. La distancia que hace abismo, el más grande, el más odioso.
¿Y si siempre va a ser así?
¿Por qué tenía que llegar la infortuna aquí y justo ahora?
Los reclamos.
El vacío…
La necedad…
El hartazgo…
El cansancio…
El fastidio…
El desgano…
El abandono. De mí, de ti, de todos.
La furia…
La confusión que habita en las paredes, en todos los días y más en las noches:
Me quedo porque te quiero o me voy porque me quiero.
¿Puedes abandonar a alguien que ya está desahuciado?
La oscuridad también te carcome a ti. Pronto ya no es uno, sino dos corazones lastimados.
El rencor ya no es el de ella, es el propio.
El diciembre frío cala, en silencio repetimos un conjuro:
Quiero que un día el Sol vuelva a llenar la casa de luz.
Que las flores vuelvan a sonreír.
Quiero ver tus ojos
y encontrarte y sentirte y amarte.
Y encontrarme, sentirme, amarme.

Sonia Rueda*

Poema para mi querida dientes rotos

Conozco a una mujer
que no para de comprar rompecabezas
chinos
de madera
de metal
piezas que al final encajan
en un cierto orden.
Los hace con precisión matemática
resuelve todos los
rompecabezas
vive junto al mar
pone azúcar en el jardín para las hormigas
y sobre todo cree
en un mundo mejor.
Tiene el pelo blanco,
que rara vez peina.
Tiene los dientes rotos
y usa ropa de trabajo grande y floja
sobre un cuerpo que
la mayoría de las mujeres desearían tener.
Durante muchos años me irritaron
lo que yo consideraba
excentricidades suyas,
como aquello de echar cáscaras de huevo en remojo
(para aportarles calcio a las plantas).
Pero al final cuando pienso en
su vida
y la comparo con otras vidas
que parecen más interesantes, originales
y hermosas
me doy cuenta de que ella es la que ha herido a menos
gente de todas las personas que conozco
(y con herir solo quiero decir herir).
Ella ha pasado épocas horribles,
épocas en las que tal vez yo podría
haberla ayudado más
porque ella es la madre de mi única
hija
y hace tiempo fuimos grandes amantes,
pero ella se fue,
como he dicho
es quien ha herido a menos gente
de todos cuantos conozco
y si lo miras de ese modo,
bueno,
ha creado un mundo mejor.
Ha ganado.

Frances, este poema es
para ti.

Charles Bukwski*

 DIRECTORIO MALDITO

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, José Luis Dávila, Diego José, Óscar Baños, Luis Frías, Rafael Tiburcio, Abraham Gorostieta, Negra Magallanes, Elizabeth Rivera, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Jorge Daniel el Ene, Víctor Valera, Sonia Rueda, María Elena Ortega, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.
Ilustración: Especial
Diseño: Cuauhtémoc Ríos

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