“En 1999 se publicó mi última novela. Esta Rosa es otra, una Rosa nueva que tiene entre sus mayores placeres reflexionar con otra/o sobre lo que aprende día a día y compartir dudas, ideas, dolores y placeres con los nuevos ojos que da la vida para ver el mundo. Y es que ya entendí. Leer es leerme. Mucho leo. Me leo, mucho me descubro. ¡Qué placer! Esta satisfacción se amplía cuando estoy con quienes disfrutan tanto como yo, compartiendo. Con estas lecciones crucé el umbral de una nueva década. ¡La estación número 80!”

Reencontrar a la escritora mexicana Rosa Nissán en su reciente libro titulado Me viene un modo de tristeza representa la oportunidad de envolverse en nostalgias y dejarse llevar por melancolías, llorar para reconocer la tristeza y llorar para ser consolada por la fuerza de una mujer que al descubrirse a sí misma te contagia su dolor, pero también su indignación, sus incertidumbres y sus derrotas, pero al mismo tiempo sus retos y sus logros. En esta autobiografía nuestra autora no esconde nada, por eso es tan sencillo palpar su lado humano los días de impotencia, pero también los de libertad.

Quienes ya la habíamos leído en Novia que te vea e Hijo que te nazca podemos comprender con más facilidad este tercer libro que, como la misma Rosa lo ha dicho, cierra esta trilogía, donde en cada historia ya nos había estado delatando su propia vida, a través de la voz de Oshinca, una joven judía cuya familia llega de Europa a refugiarse en México y sin perder sus usos y tradiciones se integra a nuestra cultura, que combina expresiones como “Me reyía muy mucho” con un “México, te amo”.

Sin embargo, Me viene un modo de tristeza es también un texto independiente porque no es una continuación simplemente es un relato más personal, escrito por fechas sin orden ni continuidad, donde nuevamente nuestra escritora nos permite asomarnos a su vida y palpar ese dolor de dejar tu patria y reconocerte en otra, continuar las tradiciones familiares y convertirse en la primera rebelde furibunda para poco a poco romper con ellas. Por eso, sabemos que la familia solamente esperaba que cada una de sus integrantes mujeres creciera para casarse lo más pronto posible y Rosa lo hizo, tuvo hijos como lo dictaban las historias de su abuela y de su madre, de sus tías y de sus hermanas, de sus amigas y conocidas. Sin embargo, esas sensaciones de sentirse incompleta, no realizada, cautiva o invisible fueron lo suficientemente tristes para ir alertando, para provocar un despertar y jurar que nunca es tarde para cambiar las líneas de la vida de nuestra propia palma de la mano. La autobiografía de Rosa Nissán es un verdadero poema a la vida, un diario de fuerza femenina, una representación feminista, una sentencia de que nunca es tarde para nada y ese modo de tristeza se convierte en una inspiración de fortaleza que podemos retomar como ejemplo y como guía de vida.

Rosa Nissán (2019). Me viene un modo de tristeza. México. Grijalbo.

Comentarios