En esta entrega dominical dedicada a las ediciones de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) abordaremos la publicación que conmemorará los 106 años del natalicio de Medardo Anaya Armas.

Hablar de un personaje como Medardo Anaya es remitirse a aquella tierra en la hacienda de Tetlapaya de Apan, en Hidalgo, que lo vio nacer el 8 de junio de 1913. Sus progenitores fueron Marcos Anaya y María Armas. Desafortunadamente, don Medardo perdió la vida en un accidente automovilístico en la carretera México-Pachuca el 16 de noviembre de 1960. Anaya fue un personaje que faltó a la cita el 3 de marzo de 1961, cuando fue creada y erigida la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

A decir de Edgardo Anaya Gálvez, hijo de don Medardo Anaya, su padre estudió la primaria y la secundaria en la cabecera municipal de Apan. Su inquietud por descubrir el mundo lo llevó al entonces Distrito Federal (DF) a estudiar el bachillerato y la carrera profesional de artes plásticas en la Academia de San Carlos.

Una vez que conoció las técnicas y corrientes artísticas que prevalecían en la época, su amor por el terruño marcó su regreso al estado de Hidalgo. Fue profesor de dibujo y modelado en las escuelas particulares Julián Villagrán e Hijas de Allende –ahora desaparecida– en la ciudad de Pachuca. En esa época, dos instituciones educativas se distinguían por su prestigio en la capital hidalguense: el Instituto Científico y Literario (ICL) y la Escuela Politécnica Álvaro Obregón, ambas alojadas en la calle Mariano Abasolo.

Habría que recordar que el ICL tuvo como antecedente el Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios del Estado de Hidalgo (ILEAO), creado el 3 de marzo de 1869; y la Escuela Politécnica Álvaro Obregón, inaugurada el 18 de marzo de 1938, se distinguió por su arquitectura art decó.

El profesor Medardo Anaya impartió, en la década de 1930, las asignaturas de dibujo imitativo y modelado artístico en el ICL. Su trabajo llamó la atención del otrora gobernador del estado Ernesto Viveros. Datos que obran en el archivo general de la UAEH refieren que el 8 de marzo de 1935 fue nombrado decorador oficial de ese instituto educativo, lo que significaba hacerse cargo del diseño y la ejecución de la obra artística, en especial de los murales, de los que aún se conservan dos en el edificio del centro cultural universitario (CCU) La Garza.

Los murales de Medardo Anaya

En el muro sur del salón de actos Ingeniero Baltasar Muñoz Lumbier, lo que fuera en el siglo XVIII la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, está una pintura en la que puede apreciarse a Bartolomé de Medina en un escenario de la minería novohispana, en contraste con la industrializada.

La obra fue realizada en técnica mixta y gruesos brochazos, heredados de la Escuela Mexicana de Pintura. Recordemos que entre 1554-1555, el sevillano cambió la fundición por la trituración del mineral hasta pulverizarlo, preferentemente con molinos que se movían por efecto del agua o con caballos o mulas; luego, el polvo era distribuido en montones, era humedecido y le añadían diversos elementos: sal, sulfato de cobre, óxido de hierro, cal y finalmente azogue, es decir, mercurio. Aquella pasta era extendida en enormes patios y los operarios, sobre todo indígenas, la batían con los pies, a veces por varios días, para luego dejarla reposar otro tiempo hasta llegar al punto conveniente y lavarla en grandes tinas donde se agitaba para separar la plata de la arena restante, los “xales”. Enseguida se preparaban unas “piñas” con el material que contenía la plata y esta era separada por destilación, depositada en unas vasijas y luego era fundida. Así, Bartolomé de Medina impulsaba el sistema de beneficio de patio o de amalgamación, que radicalmente cambió la vocación económica de la comarca pachuqueña desde la época colonial hasta la segunda mitad del siglo XX.

Durante tres siglos y medio el método de amalgamación o beneficio de patio permaneció vigente, hasta que apareció el sistema de cianuración que, con las actualizaciones sumadas por la tecnología, procesa la separación de minerales por flotación.

Las habilidades y aptitudes de Medardo Anaya en las artes plásticas lo hicieron merecedor de un viaje de estudios a Berlín, Alemania, en enero de 1939, con el patrocinio del gobierno de Hidalgo.

A su regreso de Alemania, en plena segunda Guerra Mundial, se encargó de pintar un mural en cinco segmentos realizados en encausto sobre el muro del cubo de la escalera de lo que fue el edificio de la Escuela Politécnica Álvaro Obregón. Dicha obra proyecta una amalgama de personajes y de pancartas reivindicatorias, anula la perspectiva casi en su totalidad e incluye, con intención didáctica, una enorme cantidad de información, tanto plástica como escrita, que resume la historia de México del siglo XX.

También le fue encargado, por el presidente de la junta de gobierno Ricardo García Isunza, realizar dos pequeños murales en el entonces hospital civil de Pachuca; seguramente fue contratado por particulares para realizar dos obras que se conservan, una de ellas localizada en el interior del restaurante La Blanca y otra, poca conocida, en la casa del doctor Librado Gutiérrez, en la calle Hidalgo, en el centro de la capital hidalguense.

Escudo

Transcurrían los últimos años de la década de 1940 cuando el Instituto Científico y Literario, denominado así desde el primero de junio de 1890, se transformaba el primero de abril de 1948 en el Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA), es decir, adquiría la autonomía 19 años después que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Medardo

La organización del ICLA se centraba en una junta de gobierno, la cual presidía el médico Ricardo García Isunza, quien con las facultades que le otorgaba la Ley Orgánica del Instituto Científico y Literario Autónomo advirtió que era necesario diseñar un escudo que identificara a ese plantel y en el que fuera plasmado el tiempo y las carreras profesionales que ofrecería, para lo cual encargó el diseño al profesor de dibujo Medardo Anaya.

El escudo fue diseñado en tres planos o niveles. El primero contiene el ala de un águila de la que surge una bandera nacional, que originalmente tenía las siglas del ICLA y, a partir de 1961, con el nacimiento de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, las letras fueron remplazadas por UAEH.

Debajo de las siglas aparece el edificio central; al plasmarse la figura no contempló el inmueble estilo art decó porque en esos tiempos pertenecía a la Escuela Politécnica Álvaro Obregón.

En las líneas subsecuentes surgen representaciones simbólicas de las escuelas que para esa fecha existían: preparatoria, enfermería, derecho, medicina e ingeniería. En la parte inferior puede localizarse un globo terráqueo, que representa el panamericanismo y busca generar relaciones de asociación entre los países de América y los instrumentos utilizados por las ciencias naturales.

El ala del águila sintetiza el escudo de México y la bandera nacional significa, en su contexto, el desarrollo de la educación en el estado de Hidalgo. Aparece en segundo plano un pasaje montañoso y la horca de una mina. La espiga se refiere a la producción de trigo.

Los planos trazados en el escudo están integrados por una antorcha que da iluminación a la conducta, y la flama que aparece simboliza la vida y el poder regenerador.

Finalmente, en el tercer plano fue plasmada una serie de volutas entrelazadas que tienen un reloj de arena, el cual significa la edad adulta de la institución.

La muerte de Medardo Anaya no le permitió conocer la última transformación de su obra con las siglas de la UAEH y que permanece como un símbolo de historia, tradición e identidad de la máxima casa de estudios de la entidad.

Obra artística pública

Medardo Anaya Armas dejó diversas obras escultóricas. Tenemos referencia de 10 monumentos públicos. De algunos se ignora su actual paradero, como son los dedicados al soldado, el médico Luis Pasteur, al general Venustiano Carranza; el conmemorativo a la madre está en Apan. Permanecen la dedicada a José María Morelos y Pavón, al general Vicente Segura, el general Felipe Ángeles, al licenciado Benito Juárez en Mineral de la Reforma y el Monumento a la Bandera, en el cerro de San Cristóbal.

En comentario final, a decir de los familiares de Medardo Anaya, el Monumento de los Niños Héroes que hoy conocemos en el centro de la ciudad de Pachuca, lo dejó en boceto. Además, es de la autoría de Medardo los relieves de dos mujeres que adornaban el interior del hoy desaparecido Cine Alameda.

Su vocación magisterial lo llevó a impartir clases en la escuela normal Benito Juárez. Por su interés en la creación y la difusión artística fue nombrado subdirector y posteriormente director del Instituto Hidalguense de Bellas Artes.

La publicación Medardo Anaya Armas. Hombre de nuestro tiempo contiene una presentación de uno de sus estudiantes, el ahora médico Noé Chapa Gutiérrez, decano de la Autónoma de Hidalgo.

A propósito, el médico Noé Chapa como profesor ha contribuido a la formación académica de 85 generaciones de estudiantes desde la entonces Escuela de Medicina hasta la actual área académica de esa disciplina de la máxima casa de estudios de la entidad. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

La autonomía universitaria permite al profesorado de la UAEH realizar investigaciones que contribuyen al desarrollo nacional, estatal y regional de los sectores, tanto público como privado

Comentarios