Explica que en su trayectoria, al igual que otros colegas, compromisos hasta de tipo familiar se vienen abajo ante un llamado de urgente presencia o de un paciente

Pachuca.- A los 75 años, impecable en el vestir y no menos asombroso por su memoria, el médico cirujano Armando Francisco Figueroa Labra es prototipo de quienes se expresan con solvencia, pero además natural al hablar de su vida, sin asomos, ninguno, de protagonismo y sí de ejemplar convivencia social.

Pachuqueño, vivió cercano al inmueble de lo que era el Politécnico, a un lado de la ondulada calle Abasolo, junto al edificio central de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); cursó la primaria en la escuela Justo Sierra y secundaria, de 1956 a 1958, y preparatoria, de 1959 a 1960, en lo que era el Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA).

Menciona que el 3 de marzo de 1961, en ceremonia de inauguración y transición, la casa de estudios fue denominada Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y quien la encabezó fue el licenciado Rubén Licona Ruiz.

Entonces optó por estudiar medicina. “Tuve la oportunidad de estar becado toda mi carrera por la Compañía Real del Monte. Mi padre, Francisco Figueroa Ibarra, estuvo en la empresa 44 años.

“También me apoyó la misma UAEH, y de entonces recuerdo al profesor Tomás Devereaux. El gobierno estatal, si se puede decir así, también me echó la mano.

“Otras opciones solo eran ingeniería y abogacía. Quizá estuve indeciso, pero con pláticas de compañeros, consejos, opté por medicina.

“Los tres primeros años de la carrera, a partir de 1961, los cursé en Pachuca. El director era Gastón Barranco Salinas, y otros no menos importantes docentes: Raúl Berber Cutiño, Nicolás Licona Ruiz, Enrique Rojas Corona.”

De entonces, muy presente, Austreberto Álvarez Barrero, a quien llama su mejor amigo. Se fueron a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en dos años más de cursos clínicos, con un año de práctica en internado y otro de residencia.

Guarda una deferencia especial, como parte de su formación, a Xochicoatlán, en donde realizó su servicio social.

“Es cuando se valora lo que uno tenía y no lo supo apreciar, como agua, baño, materias básicas para alimentación, pero hubo compensaciones por las buenas amistades que consolidé con el entonces director de la escuela Susano Martínez y el padre Basilio, además de muchos vecinos, pacientes, entre otros.

“Eso me sirvió para mi tesis basada en un estudio de comunidad sobre Xochicoatlán. Como muestras: 25 familias que vivían del campo y del comercio.”

Al preguntarle si se consideró buen estudiante, como una frase más, corta, dice: “Creo que sí; responsable y comprometido”.

Su examen profesional fue el 25 de junio de 1968.

“Doctor, ¿temeroso, preocupado?”
“Tal vez una cierta inquietud; a fin de cuentas significaba una etapa trascendente en mi existencia, el titular de los cinco sinodales fue el profesor Alfonso Angelini de la Garza.

“Se estilaba que hubiera un temario y al azar se escogía. Me tocó hipertensión arterial, enfermedad crónico degenerativa. Sobre eso me preguntaron. Respondía y al final me aprobaron; ya fui entonces médico general.”

Pero el doctor Figueroa retribuyó a quienes le habían apoyado: “Presté servicio en la Clínica Minera. Ya mi padre era el administrador; en esa función estuvo año y medio y, asimismo, en la Compañía de Luz me abrieron puertas con darme a conocer; me gané afectos. Reiteraría que he sido hombre recto y disciplinado”.

Poco después presentó el examen para ingresar como cirujano en especialidades. Ya conocía el hospital general, en donde estuvo cinco años.

“Hay también exámenes, salvo los 10 primeros lugares que pasan en automático.

“El general es hospital madre, ahí nacieron cardiología, nutrición, neumología. El director era Salvador Cerón, pachuqueño.

“Escogí cirugía general y hay una fecha importante para mí: el 4 de agosto de 1975 abrí mi consultorio en Casasola 104. Antes tenía un espacio habilitado.”

Ingresó como docente a la UAEH. El 4 de febrero fue aprobada la carrera profesional de odontología y el 4 de marzo entró prácticamente en funciones. El médico Figueroa fue de los fundadores e impartía anatomía.

“Me incorporé también a medicina como profesor titular en gastroenterología. Estuve 33 años. Me jubilé en 2008.”

Sus servicios profesionales también los prestó a otras instituciones, como el hospital civil.

Otros ejemplos no los olvida. “El primero de septiembre de 1975, Luis Echeverría inauguró la clínica uno del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), ubicada sobre la avenida Madero, enfrente casi de la iglesia. Prácticamente fui el primer médico que hizo guardia. Cada vez que paso por ahí lo recuerdo.

Armando Figueroa

“El 27 de agosto, (día) en que celebro mi cumpleaños, logré base como médico en el ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado); ingresé el 11 de febrero de 1978 y permanecí como tal hasta 2004. Ocupé diferentes cargos, entre ellos jefe de cirugía y jefe de enseñanza a nivel de hospital y después estatal.”

Explica que en su trayectoria, al igual que otros colegas, compromisos hasta de tipo familiar se vienen abajo ante un llamado de urgente presencia o de un paciente. “Y no se puede decir no voy. La profesión está primero”.

Casado con María de la Luz de la Cajiga, tienen dos hijos. Claudia Figueroa de la Cajiga, quien laborara durante 22 años en la UAEH, fue directora de Radio Universidad y participó en tareas de comunicación social de la máxima casa de estudios de la entidad; ella habla de eso
con agrado.

Su otro hijo, Armando, es oftalmólogo. “Se recibió con el mejor promedio de su generación. Entonces, el licenciado Gerardo Sosa lo designó para que diera el mensaje de despedida a sus compañeros. Fue acto emotivo que internamente disfruté”.

A lo anterior se suma el ejemplo de entrega como profesora, ejemplar, que siempre les dio su mamá.

Abona la dedicación de María Trinidad Labra, quien en 1978 recibió la medalla Ignacio Altamirano por 50 años dedicados al magisterio.

El médico Armando Figueroa tiene aficiones al deporte, en especial al tenis, además de haber sido perseverante en frontenis.

“Fui presidente de la asociación estatal de tenis de 1981 a 1988; en el cargo me relevó el actual rector de la universidad, Adolfo Pontigo.

Armando Figueroa

Escogí cirugía general y hay una fecha importante para mí: el 4 de agosto de 1975 abrí mi consultorio en Casasola 104. Antes tenía un espacio habilitado

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