Interior de vehículo, ventanillas de conductor y copiloto van abiertas.
Catalina, 30 años, delgada, pelo teñido, uñas perfectamente bien pintadas. Viste un pantalón capri azul y una blusa sin mangas roja.
Juan, 35 años, moreno, viste bermuda a la rodilla verde, playera de los vaqueros de Dallas y gorra.
Juan teclea la ruta en el mapa del celular.
Voz del GPS: todo preparado, vamos, siga derecho durante 50 minutos hasta la caseta de cobro.
—No compramos la fruta —dice Catalina mientras teclea en su celular un mensaje a su amiga Carmen: “estoy cansada de él”.
—¿Quieres que pare en el centro comercial de adelante? —responde Juan con buen ánimo.
—No, más gente ya no. Es que no piensas en mí —Catalina recibe respuesta de Carmen: “¿Ahora qué pasó?”.
Voz del GPS: tráfico denso, 30 minutos de aumento en el tiempo.
—Podemos comprarlo en el pueblito.
—¿En dos horas?, como tú no tienes hambre —“Solo piensa en él”.
—Te pregunté en la gasolinera si querías algo de la tienda y dijiste que no.
—Necesito fruta, debo comer mi colación cada dos horas —Carmen responde: “Si no eres feliz déjalo”.
Aumenta el calor, al lado de los coches aparecen vendedores de agua y frituras.
—¿Quieres unas papas?
—Tienen mucha grasa y sube tu vidrio porque nos pueden asaltar —Catalina responde al mensaje: “No quiero que se quede con todo, aunque yo no trabajo, lo he soportado. Las cosas que tenemos también son mías”.
Voz del GPS: peligro, accidente leve reportado más adelante.
—Hace muchísimo calor, no podemos ir con los vidrios arriba. Mira estos idiotas, ya chocaron por desesperarse.
Al lado del camino, tres coches se encuentran en una carambola, los choferes bajan a ver los daños e intentan tranquilizarse.
—Si no fueras tan miserable, ya habrías arreglado el aire —respuesta de Carmen: “No te lo puede quitar, por ley, lo que se logró en el matrimonio es de los dos”.
—No lo arreglé porque lo debo dejar más de una semana y tú no quieres estar sin coche. Te dije que saliéramos temprano para evitar esto, pero quisiste ponerte la mascarilla y depilarte —Juan sube el tono de su voz.
Los coches comienzan a circular despacio, el calor aumenta.
—Todo es mi culpa: la ciudad hecha una mierda y el clima también —Catalina responde: “Lo odio, siempre me culpa de todo lo malo de la relación, es un miserable”.
Voz del GPS: tráfico denso, cinco minutos de aumento en el tiempo.
Mensaje de Carmen: “A mí esa cara de mucho amor no me engaña, esos son los peores, los violentos”.
—No empieces Catalina, por favor, no empieces, no entiendo por qué todo lo haces tan difícil.
—No me hables así, como si fueras el más amable y preocupado, odio tu tonito —“Bueno nunca me ha pegado, ni nada de eso”.
Juan sube el volumen de la música y baja por completo su vidrio, va atento a la calle, contempla los coches que pasan a su lado, familias con perros sedientos, niños que cantan, parejas maduras, muy poca gente sola.
Carmen responde: “Pero los golpes no son todo, también duele la indiferencia y esa, la tienes en grandes cantidades desde hace dos años.”
—¿Con quién te escribes?, al menos quítale el sonido a tu celular, es molesto.
—¿También me vas a prohibir hablar con mis amigas?
—Catalina, no discutamos, son vacaciones, la idea es descansar.
Voz del GPS: tráfico denso, cinco minutos de aumento en el tiempo.
—¿Descansar?, yo no quiero descansar, quiero vivir —Catalina responde a Carmen: “Siempre está cansado, no sé qué hace todo el día en ese escritorio, él tiene la gran vida y yo, como idiota, me quedo sola”.
—Catalina, por favor, no empieces —Juan sube la voz.
—Te sientes el mejor trabajador.
Llegan a la caseta, Juan extiende un billete grande, tras varios minutos, la cajera le regresa de cambio más de 400 pesos en monedas. Juan las recibe y se las da a Catalina.
El tráfico comienza a fluir.
—¿Quieres qué me ponga a contarlas? Ya sabes cuánto cuesta la caseta y se te ocurre pagar con un billete de 500, ¿eres idiota o qué? —Carmen responde: “Sufres porque quieres, te dije que no te casaras con ese don nadie, pero te aferraste y mira ahora, carro jodido, tu departamento horrible, tu pelo, amiga, es un desastre”.
—Si me ayudaras en algo en vez de venir chateando.
Catalina responde el mensaje: “Todo lo hice muy mal”.
—Me gustaría ayudarte Juan, pero no soy tu secretaria, soy tu esposa, me esfuerzo mucho para lucir bien, aunque con la miseria que me das es muy difícil. Yo estoy acostumbrada a otra vida y mira, tú pareces el lavacoches, yo tengo que hacer magia con mis harapos —Mensaje de Carmen: “Todavía estás joven, podrías encontrar un mejor partido”.
—Catalina, basta, me estoy esforzando mucho, también podrías trabajar.
—¿De qué?, ¿dónde?, si quieres que maneje dos horas para llegar a un trabajo y que tú te des la gran vida, estás muy equivocado. Yo pude haber elegido a cualquiera y mira, me equivoqué —Catalina responde al mensaje: “Yo creí que lo amaba”.
El tráfico comienza a fluir, Juan aprieta el acelerador, la velocidad sube a 100 kilómetros por hora.
—Puedes hacer muchas cosas, no sabía que te gustaba ser una mantenida.
Voz del GPS: mantente a la derecha con dirección a carretera 75.
—¡Ha hablado el mediocre! —Mensaje de Carmen: “Te dije que la felicidad se mantiene con dinero suficiente”.
—Catalina, hago lo que puedo y más.
La velocidad aumenta a 140 kilómetros por hora, el viento ensordece.
—¿Qué?, ¿quieres un monumento? —“Carmen, no sé qué hacer”.
150 kilómetros.
Respuesta de Carmen: “Déjalo, eres mucha mujer”.
El sonido de coches frenando uno tras otro, un deportivo rojo hace una pirueta y queda ocupando dos carriles.
Juan intenta frenar, alcanza a ver que, en el carril de alta, hay un perro montando a una perra.
Olor a llantas quemadas, el sonido de metales crujiendo, un ladrido.
Este día es el más caluroso del año.
Voz del GPS: Peligro reportado.

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Estudió la maestría en subjetividad y violencia. Es editora independiente y se ocupa de la gestión de proyectos culturales en la revista binacional Literal Latin American Voices. Estudió en la escuela dinámica de escritores que dirigió Mario Bellatín. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Foecah. Realizó una residencia artística en Colombia donde escribió un libro de cuentos basados en el I-Ching, editado por el Cecultah. Ganadora del concurso de cuento Ricardo Garibay.