Hace cuatro años una joven desconocida llamada Ella Marija Lani Yelich-O’Connor conquistó el mundo. Hace cuatro años una mujer neozelandesa (porque solo conocemos Nueva Zelanda porque está a un lado de Australia y su gente juega rugby) tuvo el mundo a sus pies. Hace cuatro años una niña de apenas 17 años hizo lo que la mayoría logramos en una vida. Hace cuatro años esta joven vio cómo su alter ego, Lorde, impactó al planeta como si fuera una bomba H. Y hoy, cuatro años después, retorna para reafirmar su enorme talento con Melodrama, su segundo álbum.
Curiosa pero efectiva fórmula para destacar en el no tan lejano 2013: Lorde se burló de las fórmulas convencionales de la música pop para, irónicamente, construir un álbum sombrío pero con ciertos destellos, inteligente pero no por ello infumable; en resumen, una epístola al ingenio millenial. Su debut, Pure heroine, flechó nuestros corazones y mostró a una adolescente con el hambre y la valentía suficientes para darle nuevos bríos a un género que en últimos años se había acostumbrado a los éxitos efímeros y el exceso de Autotune.
El segundo material discográfico de Lorde no dista mucho de su predecesor. Si bien la neozelandesa ha ganado un gran cúmulo de experiencia en estos cuatro años, la mofa hacia el pop complaciente continúa presente desde el mismo título Melodrama, clara advertencia de que por 41 minutos escucharemos las calamidades de la adolescencia y las fatalidades del comienzo de la edad adulta.
“Green light” comienza la placa justo donde Pure heroine se había quedado: en un piano suave y la queja por un amor convertido en mierda. Segundos después, Lorde se codea con Brian Eno y unas porristas encabronadas en un crescendo divertido, como cuando le quiebras el parabrisas a tu ex.
En “Homemade dynamite” tenemos un éxito en potencia: título espectacular, un sonido sexy inspirado en Disclosure y una letra que viaja en la sangre como si de heroína se tratara. Justo lo que se necesita para renovar los cánticos de iglesia. Finalmente, se encuentra “Perfect places”, donde Lorde reflexiona de manera socarrona estos cuatro años de éxito desenfrenado, paparazzi, comida chatarra, privacidad invadida, colaboraciones con otros músicos y el paso de una completa desconocida a heroína de toda una generación.
Pues bien, Melodrama es, en pocas palabras, tremendo. La joven Yelich-O’Connor entrega un segundo material del que hablaremos el resto del año, una placa por la que sus fanáticos se sentirán orgullosos mientras que sus detractores dañarán más el hígado. Lorde es la figura pop que necesitamos, el melodrama que hacía falta en nuestras vidas.

@Lucasvselmundo
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