Al parecer el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO) considera que los 30 millones de votos –una tercera parte de todos los mexicanos en edad de votar– que obtuvo en la elección federal pasada y que hicieron posible que fuera el primer mandatario de la nación le dan derecho a mentir y a manipular a la población, a decir una cosa en sus discursos cuando sabe perfectamente que la realidad es otra. En esta ocasión solo me referiré a su visita del pasado 17 de septiembre al municipio de Zacualtipán, en el estado de Hidalgo, donde, reunido con un número importante de trabajadores del sector salud, tejió y vendió ilusiones, como si fuera aún candidato y no el presidente que está obligado a atender y resolver.

En su discurso, de aproximadamente una hora, tocó dos temas de interés general para los mexicanos y uno de interés particular para los habitantes de Zacualtipán, municipio enclavado en la Sierra Alta de Hidalgo, a 105 kilómetros de Pachuca. Primero dijo que, “ahora sin la corrupción el dinero alcanza, que ya no hay corrupción en los proveedores de medicinas… que los responsables del desabasto de medicinas en los hospitales públicos, para los tratamientos contra el cáncer y el VIH, eran tres empresas fabricantes: el monopolio de los medicamentos no permitía el abasto” –la cita no es literal–; que con el “ahorro de la corrupción podrá el gobierno federal cubrir toda la necesidad de medicinas de manera gratuita”. También señaló que va a incrementar el presupuesto para salud en 40 mil millones de pesos y que habrá cobertura total y con calidad para todos los mexicanos. Esto es el discurso, la retórica; la realidad, otra muy distinta: 1) lo que seguimos viendo y padeciendo es que en los hospitales y clínicas de salud del sector público no hay suficientes medicinas ni equipo, ni suficiente personal médico; 2) que él, como presidente de la República, desapareció el Seguro popular y dejó en el desamparo a millones de familias; 3) que en el estado de Hidalgo, por ejemplo, actualmente tenemos mayor incidencia de enfermedades que prácticamente estaban erradicadas, como la tuberculosis –en la última semana de agosto de este año se reportaron 2 mil 693 casos probables y 259 de dengue–.

En relación con el incremento del presupuesto para salud, también es una verdad a medias, pues no solamente no se está atendiendo la salud de los mexicanos, y lo poco que tenía para darles cierta cobertura, como era el Seguro popular, lo eliminó de un plumazo; y no dijo, no aclaró, que esos 40 mil millones de pesos de incremento al presupuesto para salud solo equivale a un raquítico aumento de 0.

43 por ciento, y que realmente se necesita un incremento de 66 por ciento si se pretende garantizar la salud de los mexicanos, si es que fuera cierto que se tiene la intención de tener los suficientes hospitales, garantizar medicamentos, equipo y personal necesario.

El primer mandatario López Obrador también mencionó en su discurso en Zacualtipán que su gobierno ha logrado un ahorro de 50 mil millones de pesos por el combate al huachicol –Petróleos Mexicanos (Pemex) tiene otros datos–, pero a las familias afectadas por la explosión en Tlahuelilpan, aquel fatídico 18 de enero de 2019, se les tiene abandonadas, tanto por el gobierno federal como por el estatal; el señor presidente olvidó que su combate al huachicol costó la vida de 135 hidalguenses y que en Hidalgo, al menos, el robo de combustible no ha bajado; sigue siendo este uno de los estados con mayor incidencia; desconozco francamente cómo se compone ese ahorro, y de existir, en qué se está utilizando.

Y, finalmente, dijo a los vecinos de Zacualtipán, lugar que vio nacer al general Felipe Ángeles, que cuando “se vendiera el avión presidencial utilizaría parte de esos recursos para abastecer de agua potable a dicho municipio”. Pero el señor López Obrador no aclaró a su auditorio que ya con esta van tres veces que promete el dinero de la venta del avión presidencial, aunque dicha transacción no dará ganancia al gobierno (Animal Político, 19 de septiembre de 2019): “El presidente Andrés Manuel López Obrador ha prometido que con el dinero por la venta del avión presidencial se financiarán programas sociales, el plan de migración y agua para el municipio de Zacualtipán, Hidalgo, aunque en realidad el gobierno de México no obtendrá ganancias por él. Anteriormente, López Obrador había prometido que, con los 150 millones de dólares que calculan que recibirá el gobierno por la venta del avión, se financiará el plan para reducir el flujo de migrantes centroamericanos que buscan llegar a los Estados Unidos… De acuerdo con una investigación publicada por ‘El Sabueso’ en junio pasado, con los 150 millones de dólares que se estiman de ganancia por la venta del avión presidencial solo alcanzan para cubrir el 86 por ciento del costo de la aeronave que aún se debe pagar al Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras), según se establece en el contrato de arrendamiento firmado en noviembre de 2012”. Del costo total del avión (5 mil 213 millones 502 mil 866 pesos), el gobierno solo ha pagado el 31 por ciento.

El propio secretario de Comunicaciones y Transportes Javier Jiménez Espriú confirmó el 9 de abril en el Senado que no habría “recuperación de dinero por la venta del avión presidencial”, y con lo que se obtenga “solo se dejará de pagar el costo del arrendamiento financiero por su adquisición”. El gobierno federal debe pagar 719 mil 321 dólares (14 millones 386 mil pesos) por mantener durante un año el avión estacionado en el hangar de la empresa Boeing en la ciudad de Victorville, California.

Conclusión: el presidente López Obrador mintió a los habitantes de Zacualtipán y juega con sus necesidades y sus esperanzas; una cosa es la retórica, otra sus acciones, sus hechos.

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