DULCE G RAMÍREZ
Pachuca

Si bien pareciera que en la actualidad todo lo relacionado con la sexualidad se ha liberado y en cualquier plática casual de café la podemos abordar con los amigos o amigas, en realidad, siguen existiendo varios tabúes alrededor de ella, varias preguntas que queremos hacer y algo nos lo impide; ya sea porque nunca nos enseñaron o permitieron hablar de ella o porque la educación que recibimos siempre nos la presentaron como mala, prohibida y sucia.
Algo mucho más delicado sucede cuando se habla acerca de la masturbación, y el problema se acentúa si se habla de la masturbación en las personas con alguna discapacidad.
La discapacidad implica que la persona que la tiene dependerá la mayor parte o el resto de su vida de aparatos, cirugías, adaptaciones u otras personas para realizar sus actividades cotidianas.
Salvo los que logran llevar una vida autónoma, existen aquellos a los que les resulta imposible hacerlo. Las discapacidades neurológicas o sensoriales adquiridas al nacer implican cierto grado de dependencia y desfase en el desarrollo de quien la tiene, lo que lleva a pensar, a los adultos que rodean a la persona con este tipo de discapacidad, que es incapaz de tomar sus propias decisiones y los infantilizan a menudo.
Es en esta infantilización en la que se les quita la oportunidad de expresarse en todos los sentidos, uno de ellos es en el aspecto sexual y el primer descubrimiento sexual de toda persona, con o sin discapacidad, es la masturbación.
A lo largo de su desarrollo, los niños y niñas con alguna discapacidad (o aunque no la tengan) no se librarán del adulto que les diga “no te toques ahí”, “no seas cochino”, “eso no se hace”, o frases por el estilo, a la vez que corren con mayor desventaja ya que tampoco existe el respeto a su intimidad, el espacio propio e individual al que todos los seres humanos tenemos o “deberíamos” tener derecho.
Las recomendaciones sobre este tema van desde nociones de autocuidado y autoconocimiento hasta cuestiones de diferenciación de lugares adecuados e inadecuados para llevar la masturbación a cabo y el tema de higiene.
Se habla mucho de sensibilizar a las personas que les rodean para que brinden la orientación, la información y las respuestas adecuadas, sin embargo, queda mucho camino por recorrer si continuamos ligando la discapacidad con inmadurez y la masturbación con algo sucio, más que como una necesidad fisiológica y de autodescubrimiento del propio placer.

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