Menos víscera… y menos violencia

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Moisés Sánchez Limón

La polarización social que se refleja en las redes, azuzada por anónimos tuiteros y blogueros que insultan y descalifican a quienes no piensan como ellos o no se suman a su tendencia favorable a Andrés Manuel López Obrador, es inocultable y, sobre todo, preocupante porque no abona en absoluta al necesario y fundamental clima de civilidad, tolerancia e inclusión.
Este espacio, por ejemplo, un día sí y otro también es descalificado y acusado de recibir sobornos de la llamada, por López Obrador, “mafia del poder”, por la sencilla causa de ser crítico y analítico, y no plegarse a la corriente aduladora.
Lanzar la piedra desde el anonimato y acusar sin pruebas, con ese facilismo de adjetivar porque se les pega la gana, entraña un riesgo de lo que hace unos días calificaron como “apología del crimen”.
Portales, páginas o diarios digitales de respetable y plural ejercicio periodístico cotidianamente son centro de críticas peyorativas, salpicadas del más florido lenguaje porque publican información de todos, todos, los candidatos a cargos de elección popular, no solo de Andrés Manuel.
Huelga preguntar cuál es el interés que persiguen esos personajes anónimos que repiten el sonsonete irresponsable que aplica el adjetivo de chayoteros con tabla rasa. ¿Sabrán por qué y cómo es que se acuñó ese adjetivo, al final de cuentas?
Son estos militantes, simpatizantes, seguidores o simplemente tuiteros a sueldo, portadores de esa proclividad de quienes, como dijo ayer el presidente Enrique Peña Nieto, usan más la víscera que la cabeza para generar un clima de zozobra, de temor a la descalificación pública, a que el perredista, priista o del partido que sea, se reserve decir en público, en solitario, que simpatiza por tal o cual candidato, so riesgo de que los seguidores de López Obrador lo insulten o griten a cuello abierto “¡Obrador!, ¡Obrador!”, como le sucedió –¿casualmente?– a José Antonio Meade y su esposa a la salida de un
restaurante.
Ayer, en Monterrey, Nuevo León, en su mensaje de clausura de la 82 Asamblea General Ordinaria de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, Peña Nieto llamó a que, en los comicios del primero de julio, el electorado tenga menos víscera y más razón al momento de elegir al próximo presidente de la República.
El presidente acotó: “Lo que hay que decir es: menos víscera y más razón, hay que pensar con la cabeza, hay que tomar o tener una definición de nuestra preferencia a partir de hacer una valoración real y objetiva de las propuestas de cada uno de los candidatos, y la que más llene, la que más satisfaga los anhelos de una sociedad
“Al final de cuentas como presidente de la República, también, así como digo: hay que razonar el voto y más que tomar definiciones desde la víscera, también es cierto y aquí lo vuelvo a decir, seré un presidente que absolutamente sea respetuoso de la definición mayoritaria que tomen los mexicanos por quien habrá de encabezar la presidencia de la República”.
Mal estaría Peña Nieto en poner en tela de duda cuál será su proceder en la noche del domingo primero de julio cuando el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) Lorenzo Córdova informe de la tendencia del voto y quién se alza, con los números del PREP, como virtual ganador de la elección presidencial.
Bien ese emplazamiento por cuanto a no razonar el voto y ejercerlo con la víscera, es decir, con el hígado.
Por supuesto que, aun cuando refirió que “sin meterme con ninguno, ni a favor de ninguno de los candidatos”, el mensaje tuvo destinatario en el candidato presidencial de Morena, e incluso sostuvo: “Y hay que imponer la razón para realmente darnos cuenta si estamos hoy mejor que antes, si ha habido progreso, si ha habido cambios en nuestros entornos, si hemos sido sujetos de beneficios y de apoyos que nos permiten tener una mayor calidad de vida”, pidió.
Sí, menos víscera y más civilidad, razonamiento, respeto al que piensa diferente. Azuzar y prohijar la violencia, no necesariamente tiene una causal en la dizque apología, porque no lo es el hecho de que integrantes de la CETEG usen violencia extrema para desahogar frustraciones políticas y llamar la atención a la solución de supuestos problemas que les han resuelto desde hace rato.
¿Es apología del crimen y la violencia informar del creciente número de atentados contra políticos en activo y aspirantes a cargos de elección popular? No informar de esa situación implicaría cerrar los ojos ante una insultante realidad. Para qué urgir violencia violentado la opinión y preferencias políticas del vecino de enfrente. Digo.

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