Un viejo proverbio dicta que el día en que los leones aprendan a escribir serán diferentes las historias de cacerías. Los leones, desde su perspectiva, le pondrían al asunto la excesiva épica aventurera de la que pecaban los relatos del cazador. Al final, solo sería la trama invertida de un safari, y lo sucedido en verdad quedaría perdido en la hierba alta de la sabana. Como sea, el hecho es que la historia siempre será una falacia o, quizás, una verdad a medias. Desde que surgió el lenguaje hasta la actualidad, el hombre no ha parado de hacer cuentos. De esa manera ha logrado postergarse en el tiempo, transmitir sus experiencias, escapar del olvido; ese intento de perdurar en el tiempo lo conocemos como historia.

En la antigüedad imperaba una versión de lo que pudiéramos llamar hoy “realismo mágico”. No existía lo históricamente puro, pues las memorias eran pasadas por el filtro de lo mítico y lo religioso, creando una amalgama narrativa. De alguna forma, toda fantasía tenía como trasfondo una realidad y viceversa. Imaginemos por unos momentos a Homero: vagando por la Grecia antigua y recitando poemas tan largos que nos parecen imposibles de reproducir íntegramente sin un libro delante. Todos piensan en el poeta, sin embargo, casi nadie se refiere a él como historiador. A la sazón de los descubrimientos de Heinrich Schliemann y otros estudios posteriores, hoy se sabe que detrás de la cólera de Aquiles y la intromisión de los olímpicos puede haber algo de verdad en La ilíada. Otros ejemplos pudieran ser la Biblia y los mitos que rodean a los héroes semilegendarios nórdicos. Ambos, en dependencia de la posición con la que se les practique la exégesis, pueden ser considerados verdades sagradas tanto como recreaciones históricas. De tiempos remotos solo sabemos lo que nos cuentan, y en el futuro, solo sabrán nuestra visión del presente. Lo objetivo estará siempre diluido en la subjetividad del narrador. Los libros de historia, con todas las metodologías y pruebas que avalan su credibilidad, no pasan de ser meras interpretaciones.

Los hombres se han dado a la tarea de hacer de la mentira un trampolín para lograr objetivos que les den beneficios, estos otorgados por la sociedad que percibirá como un ser excepcional al mentiroso que a su vez se convertirá en protagonista de muchas más historias siempre con una característica, la importancia y trascendencia del personaje.

La noticia versaba así: “Fayad da positivo a coronavirus” inmediatamente las redes sociales y las noticias locales daban seguimiento a la noticia, ¿inaudito?, quizá y peor aún si contagiaba al presidente de la República Andrés Manuel López Obrador ya que se sabía en días anteriores había estado a su lado y la posibilidad era real. Pero, tras pasar 72 horas críticas con los síntomas del coronavirus Omar Fayad anunció que estaba fuera de peligro ya que mejoró su salud y después de cinco días de cuarentena rigurosa, pero en su casa, sin utilizar una cama del hospital inflable que se encuentra en la explanada bicentenario, aprovechó las coyunturas para dar un aviso a los hidalguenses.

“Amigos y amigas muy buenas tardes, soy Omar Fayad, gobernador de Hidalgo y hoy estoy en el quinto día de mi cuarentena atendiendo las indicaciones de los médicos en el estricto seguimiento del protocolo de salud que se ha establecido para el caso de los que hemos dado positivo a Covid- 19 o coronavirus, sin embargo continuó trabajando desde casa, porque las funciones de mi gobierno en favor de la ciudadanía no van a detenerse. A pesar de la emergencia, por el coronavirus en la que nos encontramos, hoy me da mucho gusto anunciarles que queda inaugurada por completo la segunda fase de la segunda etapa de la supervía Colosio…” Un mensaje en el que se percibe un gobernador bastante recuperado, que dirige la mirada hacia un puntero que va dictando el discurso que da a conocer a la ciudadanía y que, aprovechando las circunstancias no solo informará de su salud ya recuperada y estable, sino también da a conocer que la segunda fase de la segunda etapa de la supervía Colosio la daba por inaugurada. En tiempos de futuras elecciones en Hidalgo pareciera que “el amigo” Omar Fayad trata de hacer hincapié en que su gobierno y por supuesto el partido político del que emana son vanguardia que da modernidad al estado.

Qué bueno que se encuentra su salud estable ante este virus que trae desolación y desgracia a las familias no solo hidalguenses sino también del mundo entero. No están de más las prebendas y mucho menos si de una figura pública se trata, sin importar su origen político, condición social, moral, ética, etcétera. Aunque, cabe destacar que la forma en que se recuperó el mandatario del Covid-19 es repentina y a su vez paradójica, increíblemente está en unos cuantos días de cuidados como un roble, en el video no se percibe gran malestar, mucho menos una convalecencia complicada después de haber contraído la enfermedad.

Pero, la verdad quizá no se sepa nunca, ahora bien como lo mencionó Maquiavelo “el fin justifica los medios” y en política es fundamental. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.