Ella me mostró a quedarme quieto y esperar a que la víbora frote sus escamas con mis pies mientras froto el arco en las cuerdas del violín

Y algunos medios de distribución la consideran un filme de terror para adolescentes; esta ociosa clasificación hace que tu poder para predisponerte al mundo haga que te aplastes frente al monitor con cierto alivio, seguro la dosis no tendrá el alcance del horror senior mojapantalones o sacaespasmos.
Es Mercy (Estados Unidos, 2014) o La maldición de la abuela, la película de Peter Cornwell en que un muchacho –quizá por eso lo del terror para adolescentes– descubre una extraña conexión con su abuela a quien debe cuidar por un mal que en principio se parece a la común demencia.
Entre temas tan comunes como la demencia senil, el pequeño hombre debe enfrentar al universo de la brujería que con él y su abuela forma un peligroso triángulo equilátero, o más bien, la fuerza de un pentagrama de magia negra.
La familia es un lugar de refugio, la institución que te cobija e impulsa a ser mejor persona, por ese entrañable círculo no hay duda que pese para ofrecer un sacrificio. El director de esta cinta capitaliza esta condición de parentescos sobre las páginas en blanco de un antiquísimo libro de hechicería.
Mercy es abuela hoy pero sus antecedentes dicen que quizá no tenía que serlo. Entonces pondrás en duda su diploma de benevolente madre y te preguntarás si como todo familiar entrañable está dispuesta a hacer el bien por los suyos. Y en un pantanoso proceso de sacar conclusiones enmudecerás con el resultado de un complejo personaje.
Llega de nuevo la brujería como tópico explotado en los proyectos de terror, hace la diferencia en este curioso intento de dirigirlo al público adolescente, en el que también toparás a un personaje de fantasía o leyenda local para enriquecer la oferta del cine familiar. Solo no confíes tanto, la predisposición puede reírse de ti.

@lejandroGALINDO
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