Cuando la Unión Europea (UE) sufre los embates de la desglobalización y el ascenso de los nacionalismos centrífugos, WSWS, pese a su sesgo trotskista, desmenuza el nuevo tratado franco-alemán de Aquisgrán de los alicaídos Macron y Merkel.

WSWS impugna su “agenda agresiva e impopular para imponer regímenes de Estados-policiacos en toda Europa”, cuando en medio de “las amenazas de guerra comercial de EU, las relaciones trasatlánticas se están desintegrando y Alemania trata de remilitarizar(sic) su política exterior”, mientras Macron exhorta a que “Europa debe estar preparada para enfrentar a Rusia, China o EU”. ¿A los tres? ¡Que temeridad!
Le Monde enuncia que “Macron y Merkel desean relanzar la cooperación franco-alemana” en Aix-La-Chapelle (Nota: Aachen en alemán y Aquisgrán en castizo), que es “repudiada por la extrema derecha de los dos países que critican su pérdida de soberanía nacional”. Esa es una verdad a medias, ya que Jean-Luc Mélenchon, líder del partido Francia Insumisa –que según la esquizofrénica lingüística neoliberal es de la “extrema-izquierda populista (sic)”–fustigó el carácter neoliberal del tratado: “Un paso atrás para nuestra soberanía” y un “retroceso social y ambiental”.

Le Monde diagnostica correctamente el “ascenso de los nacionalismos” y no se clava en el término peyorativo de “populismo”.

Llama la atención la coordinación franco-alemana en la investigación sobre inteligencia artificial y “otras innovaciones de vanguardia”, quizá en alusión al arma supersónica de Avangard de Rusia.

El nuevo tratado debe “completar” el previo “del Eliseo” de hace 56 (sic) años entre el general de Gaulle y Konrad Adenauer, quienes concretizaron la reconciliación franco-alemana. Aquí discrepo porque ni Macron ni Merkel son comparables a la magnificencia del general De Gaulle y de Adenauer, ni veo cómo esos dos hubieran avalado el caníbal neoliberalismo de Macron, apadrinado por la banca Rothschild, ni el monetarismo centralbanquista de Merkel, dependiente de Deutsche Bank y Goldman Sachs. El nuevo tratado de Aquisgrán/Aachen/Aix-La-Chapelle –que debería empezar por tener un solo nombre–, prevé una convergencia de las políticas de defensa, económica y extranjera, la cooperación transfronteriza y “una asamblea parlamentaria común de 100 diputados”.

¿Será un parlamento binacional dentro del parlamento Europeo donde se avecina el tsunami nacionalista en las elecciones de mayo?
Marine Le Pen, dirigente de la Agrupación Nacional, (anterior Frente Nacional) de “extrema derecha”, acusó a Macron de desear compartir con Alemania al asiento de Francia en el consejo de seguridad de la ONU, lo cual ha sido negado por Macron. Sepa Dios si es cierto o no, en esa fase de la post-verdad y las fake news, pero Alemania desde hace mucho merece su asiento en el caduco formato del Consejo de Seguridad, como India y otros.

Le Pen fue muy dura contra la cooperación de la industria de defensa con Alemania porque perjudicaría los intereses exportadores de armas francesas: “Los franceses tendremos que pedir permiso al Bundestag (parlamento Alemán)”.

En Alemania, Alice Weidel, de la extrema derecha AFD, criticó el tratado por supeditar a Alemania a los intereses franceses que solo beneficiaría a los contratistas militares galos.

En Davos, Mike Pompeo celebró el nuevo eje nacionalista global del trumpismo / Brasil (con Bolsonaro) / Italia (con Salvini), mientras, el primer italiano Giuseppe Conte (GC) arremetía contra el tratado donde Francia y Alemania “solo piensan en sus intereses nacionales” en forma “hipócrita”. Respecto al asiento de Berlín en el consejo de seguridad, GC preguntó en forma sarcástica “si Alemania había perdido o ganado la segunda Guerra Mundial”.

Merkel nunca ha ocultado su desdén por las “soberanías” ajenas, mientras Mike Pompeo, secretario de Estado y exdirector de la CIA, acaba de sentenciar “la muerte del globalismo” en el sepelio de Davos. ¿No habrá llegado muy tarde el Tratado de Aquisgrán?

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