Mexicanas al grito de guerra

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xsombra

María del Carmen Soto García

Estoy completamente de acuerdo con todas y todos aquellos que dicen que “¡Esas no son formas de manifestarse!”.

Fátima tenía siete años, iba a la primaria, no vestía de forma “provocativa”, no salía de una fiesta, tampoco estaba borracha o drogada y, sin embargo, fue violada, torturada y asesinada por un hombre y su esposa, cómplice a quien el sujeto tenía amenazada: “Si no era ella, eran sus hijas”.

Fátima no volverá a casa, tampoco terminará la primaria, mucho menos entenderá a todas esas personas indignadas por encontrar su nombre rayado en un monumento porque este es “patrimonio cultural de la nación”.

Ingrid tenía 25 años cuando su pareja la mató, descuartizó y desolló, fotos desgarradoras de dicho acto fueron filtradas, difundidas, morboseadas y fueron objeto de burla. Ingrid no volverá a ver a su madre, no volverá a su trabajo y tampoco entenderá que fue ella juzgada y sentenciada por la sociedad, quien la ha culpado de provocar su muerte, porque “seguro ella se lo buscó por salir con alguien mucho mayor”.

No entiendo por qué las feministas hacen semejantes destrozos en el país, cuando el presidente ha respondido con grandes discursos en los que explica que los feminicidios se deben a una pérdida de valores y por lo tanto la cárcel no es la solución, aunque irónicamente abrazar a tu agresor sí lo es. Pero oigan, por favor, no hay que quitarle prioridad a lo importante, la tan aclamada rifa y aprovechando la atención pide que compremos boletos.

Tampoco entiendo por qué las mujeres se sienten inseguras cuando hay tantos policías en las calles. Policías que violan a mujeres en su patrulla, que lejos de ser héroes, se convierten en villanos o mejor dicho, violadores.

Aun así, yo no entiendo a esas más de 80 mil mujeres que salieron a protestar, que cansadas hasta el hartazgo de las miradas lascivas, de los gritos, chiflidos, nalgadas, manoseos, ser grabadas, fotografiadas, maltratadas, humilladas y cosificadas han salido y lo único que han hecho es exigir sus derechos.

Sí, es cierto que ya habían exigido sus derechos a través de manifestaciones pacíficas que todos ignoraron, también con un performance del que todos se burlaron, pero ¿tenían que llegar a rayar paredes, destruir estatuas y romper vidrios? Este 8 de marzo, estuve de acuerdo con todas y todos aquellos que dicen que “¡Esas no son formas de manifestarse!”.

Porque después de tantas injusticias, lo mínimo que se tendría que hacer era justo lo que dice nuestro himno nacional, justo lo que nos enseñaron nuestros libros de historia y lo que hicieron las feministas de la primera ola (esas mismas que lograron que hoy en día las mujeres puedan usar pantalones, estudiar y hasta opinar).

Este 8 de marzo salimos a las calles más de 80 mil mexicanas al grito de guerra, por las que no pudieron gritar.

Mexicanas al grito de guerra, por las que gritaron, pero no fueron escuchadas.

Mexicanas al grito de guerra, por mis hermanas violadas, violentadas y abusadas.

Mexicanas al grito de guerra, por quienes se quedaron sin una madre, una hermana, una esposa, una hija o una amiga.

Mexicanas que con un grito de guerra, hicieron historia.

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