¡Mexicanísima!

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Mexicanísima

RODOLFO G. ZUBIETA / AGENCIA REFORMA
Emeryville

El mundo de Coco es distinto a todos los que ha creado Pixar hasta ahora. No lo habitan monstruos, los sentimientos no tienen rostro (pero sí están a flor de piel) y no existen los superhéroes (los personajes son increíbles).
¿La razón? Es la primera película del estudio con una trama mucho más realista, ubicada en un país que sí existe e inspirada al 100 por ciento en una cultura llena de colorido y vida: la mexicana.
“Visual, artística y narrativamente es la cosa más exigente que hemos hecho en Pixar. Hemos trabajado muchas cosas técnicas muy complejas para materializar este mundo a la perfección y para sorprender a todos.
“Tenemos la gran responsabilidad de mostrar una cultura hermosa como nunca antes. Al mismo tiempo debemos ser respetuosos, fieles y mantener el nivel de mensajes universales que nos caracterizan”, puntualizó Lee Unkrich, codirector del filme, en entrevista.
La historia presenta a Miguel, un niño mexicano que vive en el pueblo de Santa Cecilia (inspirado en Oaxaca) y que sueña con convertirse en músico como su ídolo, el fallecido Ernesto de la Cruz, una mezcla entre Pedro Infante, Jorge Negrete y Vicente Fernández.
Desesperado por demostrar su talento, el pequeño llega a la Tierra de los Muertos (diseñada con base en la iconografía de José Guadalupe Posada), donde experimentará un viaje mágico e inspirador.
“Mucha gente que amo ya murió, pienso mucho en ellos y que siguen conmigo, como mi abuela. Tener un mundo donde los muertos siguen ahí y forman parte vital de tu vida, es reconfortante.
“No solo van a un lugar cuando mueren, sino que regresan cada año. Es como una reunión familiar esta celebración, es hermoso y creo que es algo con lo que todos podemos identificarnos”, reflexionó Unkrich, ganador del Óscar por Toy Story 3.
Para conseguir el nivel visual y de contenido deseado, los animadores de Pixar viajaron y vivieron en el país casi dos años, visitando lugares como Oaxaca, Guanajuato, Michoacán y la Ciudad de México.
De ahí agarraron inspiración para incluir en la trama a un xoloitzcuintle, varios alebrijes, vestuarios y alimentos típicos, referencias a artistas como Diego Rivera y plagar todo el concepto con música regional.
“Fuimos a varias ciudades de México, probamos la comida, muchas familias nos recibieron en sus casas, nos empapamos de las tradiciones del Día de Muertos y nos rodeamos de muchos artistas mexicanos.
“No queríamos caer en clichés, sino armar una carta de amor a México, un país que nos llena mucho y que, en lo personal, está en mi sangre”, señaló Adrián Molina, codirector del filme, de origen mexicano.
El resultado es una aventura sensorial en donde las flores de cempasúchil colorean la pantalla, los muertos lucen más vivos que nunca y el valor de la familia inunda cada fotograma.

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