En su comparecencia ante el Congreso, el general retirado de los marines John Kelly, anterior mandamás del Comando Sur y ahora flamante secretario de Seguridad Interior –mastodonte de 240 mil empleados–, comentó que por sí solo el “muro Trump” sería “insuficiente y que la barrera física (sic)” debería ser una “defensa en capas” que requiere de patrullajes, sensores y “dispositivos de observación”, además de la colaboración con “otros países (sic)” para frenar los viajes ilegales a la frontera de EU que provengan tan lejos del sur como Perú. Se nota que Kelly padece nostalgia bélica por Sudamérica.
No es gratuito que Kelly haya extendido la “defensa en capas” de la frontera sur de EU hasta Perú, lo cual se empalma con el concepto geopolítico del “gran Caribe”, de Spykman y del israelí-estadunidense Robert Kaplan, que llega hasta la frontera norte del Amazonas.
No fue ninguna “broma” la amenaza de Trump de una intervención militar en México para combatir el tolerado narcotráfico desde el TLCAN (primer ingreso de México hasta por 165 mil millones de dólares al año con su productivo lavado bancario), que está causando estragos en la población juvenil de los WASP.
A partir del intermezzo del final del aciago periodo de Baby Bush y la elección de Obama, hace nueve años, el Pentágono había advertido de una intervención militar en la “guerra de las drogas” en México con la tácita anuencia del disfuncional panista Calderón.
En su reporte de noviembre de 2008, el Comando Conjunto de Fuerzas de Estados Unidos (USJFC) nombró a Pakistán y México como los países cuyos gobiernos son los más proclives a sufrir un “rápido colapso”, lo cual “demandaría una respuesta estadunidense”.
Hoy es recomendable visitar el Museo Nacional de las Intervenciones, donde destacan las invasiones de EU desde hace 171 años.
Robert Kozloski, analista del Departamento de Marina, quien sopesa la viabilidad de la balcanización de Méxic, aduce que las “fuerzas especiales y marines de EU están idealmente (sic) preparados para apoyar (sic) a México contra las sofisticadas organizaciones criminales trasnacionales”.
Según la ONU, 400 mil centroamericanos cruzan ilegalmente México cada año con destino a EU, por lo que se maneja la opción de construir un muro entre México y Guatemala, según Reggie Thompson, de Stratfor, que se jacta de ser la CIA de las trasnacionales de EU.
El portal británico Daily Mail anunció desde septiembre de 2016 que “ahora México desea construir un muro (¡supersic!) fronterizo con Centroamérica para impedir la inmigración ilegal”, y cita al periódico mexicano El Mañana, que sí acepta la construcción de un muro, pero en la frontera con Guatemala.
El 31 de enero pasado se filtró una “reunión secreta” en Tapachula (Chiapas) entre “funcionarios importantes de EU y México para discutir las maneras de sellar la frontera con Guatemala”.
En Tapachula, de parte de EU asistieron la general Lori Jean Robinson, a cargo del Comando Norte; el almirante Kurt Walter Tidd, a cargo del Comando Sur, y la embajadora saliente Roberta Jacobson, quien se entrometió en forma exuberante en los asuntos internos de México.
Por México concurrió Socorro Flores, vicecanciller para América Latina y el Caribe. Todavía se discute la presencia del aprendiz itamita Videgaray, a quien en EU le desmienten a cada rato todos sus desmentidos.
La presencia del polémico Videgaray ha sido corroborada por Ap, el Pentágono y el Comando Norte.
Se desprende que asistieron tres representantes de EU y solamente una mexicana y, en caso de que haya asistido Videgaray, pues de dos mexicanos. Ya ni en Tapachula tuvimos proporcionalidad y llama la atención que para EU sea un asunto de “seguridad nacional”, mientras para México sea un asunto diplomático de contencioso regional.
Ahora Videgaray se encuentra enfrascado en su enésimo “desmentido” por haber intervenido en el discurso de Trump sobre la construcción del muro norteño. Los desmentidos poco creíbles de Videgaray han sido desmentidos a su vez por The Washington Post.
El mismo día de la “reunión secreta” de Tapachula, Ethan Epstein, de los neocons de The Weekly Standard, se pregunta si el muro mexicano, el “muro Videgaray” con Guatemala, será pagado por Trump.
Epstein comenta que a partir de 2014, “por primera vez, más no mexicanos que mexicanos fueron detenidos intentando entrar a EU”. Solo en 2016 “más de 43 mil familias y 18 mil menores sin compañía de Guatemala, El Salvador y Honduras fueron atrapados en la transfrontera de EU con México”.
Un cable diplomático de EU en 2010, filtrado por Wikileaks, revela que solamente 125 funcionarios de México patrullan la transfrontera con Guatemala.
Diana Negroponte –esposa del griego-británico-estadunidense John Negroponte, exembajador en Honduras, México, Filipinas e Irak, y exdirector de Inteligencia Nacional (DNI)–, hoy instalada en el irredentista Wilson Center, aduce que la permeabilidad de la frontera de Chiapas con Guatemala puede servir a México como elemento de negociación con el agónico TLCAN.
No se puede olvidar que el Chapo fue capturado hace casi un cuarto de siglo en Guatemala, que tiene una frontera de 958 con México: Chiapas, 654 kilómetros; Campeche, 195 kilómetros, y Tabasco 109 kilómetros.
Quien siembra vientos cosecha tempestades: gran cantidad de armas, granadas y explosivos que usan los cárteles mexicanos de la droga provienen de los almacenes de municiones y armas de los gobiernos centroamericanos que reciclan los arsenales provenientes de sus guerras pasadas y de sus compras presentes a EU (bajo la modalidad de “ayuda”).
Se ha generado un lucrativo “círculo vicioso”: los cárteles mexicanos alimentan la epidemia adictiva del gigante vecino del norte, mientras EU les suple generosamente sus armas.
Un problema de puertas giratorias es que cuando EU deporta a los centroamericanos lo hace en dirección a México, que a su vez los redeporta, como sucedió con 175 mil centroamericanos: un incremento de 68 por ciento en relación con 2014.
La “ayuda” de EU ha sido miserable: 75 millones de dólares para entrenamiento y equipamiento de “sometimiento” de los inmigrantes por México.
No solamente la migración proviene de Centroamérica en la frontera de Guatemala con México, sino que la tragedia migratoria ha hecho de Tapachula el centro de confluencia de 5 mil haitianos, africanos y asiáticos.
El México neoliberal itamita y su fracasado modelo maquilador/librecambista quedó amurallado: al norte, el “muro Trump”, y al sur, el “muro Videgaray” con Guatemala.

Apuesto sin ver, como en el sagrado póquer, que Magal Security System de Israel, a cargo del “muro Trump”, construirá también el “muro Videgaray” con Guatemala.

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