Doni Isabel Hernández Beltrán

Actualmente pronostican un descenso mayor en la economía al ocurrido durante la Gran Depresión. Al revisar lo que sucedió entonces en México notamos que los efectos llegaron tardíamente golpeando a una estancada economía.

El inicio viene marcado por la crisis de 1929 con la caída de los precios en la bolsa estadunidense colapsando su sistema bancario. La depresión norteamericana se agudizó en 1931 cuando también colapsó el continente europeo. Se presentaron fenómenos diversos: baja de precios por la sobreoferta, recortes de empleados, falta de liquidez de los bancos y fueron detenidos los créditos. El clima de desolación es compartido. El estado actuó con fuerza hasta la llegada del New Deal, un programa que intervino en la economía. Y fue hasta 1934 que comenzó a darse la recuperación de Estados Unidos. Pero la reactivación total se dio hasta que se unió a la segunda Guerra Mundial.

Las respuestas y las consecuencias para enfrentar el colapso global fueron muy variadas en cada país. Antes de 1929, México, tenía atrasos y un desorden generalizado que el gobierno buscaba controlar. Los problemas que compartió México con los otros países fueron la caída de las exportaciones y la depreciación de la plata. Sin embargo, al contrario de otras economías en México, pese a un aumento en deuda, esta no generó mayores inconvenientes y los bancos aunque con dificultades, no colapsaron. En cambio vimos problemas fiscales y un lógico descontento en la población que no veía mejoría en su economía.

Muchos países pasaron de moderadas políticas proteccionistas a un énfasis en ellas. Tal fue el caso de la nación vecina. Se decía que los empleos en Estados Unidos debían ser para los norteamericanos. La falta de empleo y otras medidas tomadas por el gobierno causaron el regreso de aproximadamente 400 mil mexicanos. La mayoría volvió a sus pueblos de origen en busca del apoyo de parientes y amigos. Aquellos lograron integrarse a la economía de subsistencia principalmente sin mayor problema. En 2020 viven aproximadamente 11 millones de mexicanos en Estados Unidos que envían importantes remesas a sus familiares.

Otro aspecto que México resintió en ese periodo fue la caída en las exportaciones. También impactó a la industria mexicana que dejó a muchos sin trabajo. Pese a la dependencia de México con Estados Unidos, no existía una estrecha cooperación económica, situación que pronto cambió al emprenderse acciones conjuntas, por ejemplo, para mantener el precio de la plata.

El gobierno mexicano intentó atenuar las consecuencias de este fenómeno global con un pequeño aumento en gasto público y con políticas como la creación de instituciones. Pero igual que con el país vecino, fue la llegada de la segunda Guerra Mundial y de una aceleración en la industrialización, la que mejoró la economía del país.

Lo anterior no quiere decir que estemos igual que en 1929. Primeramente, las instituciones que rigen la economía desde entonces incorporaron nuevos elementos como el seguro de depósito y de abandono, el patrón oro, entre otros aspectos que deben considerarse. También el país se urbanizó y se dedicó a diversos sectores como el industrial y de servicios. Ninguna economía parecer ser inmune a los efectos de una pandemia. Esperamos que las autoridades, el sector empresarial y bancario emprendan medidas oportunas y la sociedad en general participe de ellas.

Finalmente, la falta de certezas sobre el futuro de la economía en México y el mundo nos debe llevar a reflexionar sobre las respuestas que dimos en el pasado a esos fenómenos.

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