Nuestro país se encuentra en una profunda crisis interna focalizada en la degradación del poder adquisitivo de su población, en el recrudecimiento de la dependencia tecnológico-productiva, en la falta de legitimidad de sus instituciones, la corrupción e incremento de la inseguridad.
Por otro lado, cerrar fronteras parece ser la antítesis del mito de la globalización y de la democracia capitalista. Entonces, ¿cuáles son las razones de las insistentes declaraciones de Donald Trump sobre la construcción del muro fronterizo con México y la posible renegociación del Tratado de Libre Comercio?
El juego discursivo será parte de la estrategia de largo plazo del empresario-presidente que ha dado muestras de medir previamente la respuesta del oponente.
Es imposible una ruptura. Ambos países son interdependientes y comparten geografías territoriales y simbólicas indisolubles. Las respuestas de México deben ser firmes y anticipadas, solo hemos sido testigos del traslado de nuestro país a su campo de batalla.
En términos prospectivos se prevé que llegarán los abrazos y vergonzosamente la reconciliación asimétrica.
El tamaño de la vergüenza quedará definida como en todas las épocas por las élites económico-políticas y, en menor medida, de la sociedad organizada. Frente a este triste escenario queremos equivocarnos.
El tráfico de drogas, la violencia, la falta de productividad de los sectores económicos y la migración transfronteriza siguen siendo los discursos de verdad que son empleados para atentar contra la soberanía nacional.
Repitamos mil veces la mentira y creeremos que efectivamente los mexicanos somos violentos, malos y corruptos por naturaleza. Es tiempo que la sociedad mexicana evalúe la toma de decisiones de su clase política en asuntos nodales como el destino de nuestros recursos estratégicos, las reformas estructurales y los modos de defensa de la soberanía nacional.
Frente a ello, la democracia electoral requiere a ciudadanos conscientes que se alejen de colores partidistas y den paso a una clase política que tenga el oficio en la defensa genuina de la soberanía nacional y la visión de un estadista de largo plazo.
Hace falta la creación de cuerpos de pensamiento que aglutinen sinergias entre universidades, empresas, gobierno y sociedad para generar políticas de largo aliento local e internacional.
La creación de una escuela de pensamiento geopolítico mexicano es una exigencia frente a los retos que impone la visión de mundo capitalista, muchos países no desarrollados cuentan con “tanques pensantes” que orientan su política interna e internacional. ¿Por qué México no debería aspirar a ello? En el ámbito del comercio internacional nuestro país debe aventurarse a nuevos esquemas de cooperación interregional para descentralizar su dependencia con un solo país, es necesario fortalecer relaciones comerciales y productivas con Brasil, China, Rusia, Sudáfrica, India y la Unión Europea.
En el ámbito interno hace falta conjuntar esfuerzos con todas las fuerzas progresistas del país, donde el pensamiento científico crítico de los universitarios tiene una deuda histórica.
La geopolítica de las resistencias es convocada a existir frente a la geopolítica del poder, por el bien de México y por el bien de la humanidad. Nuestros hijos y la historia reclamarán nuestra participación en este tablero de ajedrez.

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