México se traduce como una gran organización, pero…

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Siempre hablamos de adelantos tecnológicos, médicos, de servicios y casi siempre olvidamos que estos son productos finales de una invención mucho más compleja: las organizaciones.
Aunque las organizaciones sean tan distintas entre sí, su concepto se fundamenta bajo un aspecto común: todas son sistemas sociales, además de que han sido construidas y desarrolladas por el ser humano cuando utiliza a la comunicación como herramienta.
Específicamente, el proceso de comunicación en las organizaciones es lo que permite que las personas se organicen. Para Stephen Robbins organizar se refiere al proceso continuo de cuáles tareas han de hacerse, quién las hará, cómo se agruparán, quién reportará a quién y dónde se tomarán las decisiones.
Sin embargo, el papel de la comunicación no se limita al simple hecho de cubrir la necesidad de transmitir instrucciones e intercambiar información sobre el funcionamiento de la organización, también afecta a la dirección de la organización en cuanto a su capacidad de dirigir a sus miembros e integrarlos dentro de un corporativo funcional y estable.
Por otro lado, el sistema de comunicación de una organización también afecta de manera precisa a sus miembros en cuanto a la percepción de la realidad que los rodea y de sí mismos como miembros de ella, determinando su adaptación, eficiencia y su grado de satisfacción.
Para entender la importancia de la comunicación en la creación y funcionamiento de las organizaciones se debe partir de que, a través de ésta, sus miembros:
a) Entienden “lo que esa organización es”.
b) Recuerdan constantemente “quiénes son y qué los caracteriza”.
c) Encuentran motivos para pertenecer a ella.
d) Se identifican con sus objetivos y metas.
e) Aprenden, junto con otros, a usar símbolos y a construir significados a partir de experiencias y ambientes comunes.
Como resultado, las personas pueden responder o ajustar sus acciones, haciendo posible el desarrollo de expectativas estables sobre la forma de ser y el comportamiento de los demás y la capacidad de involucrarse en acciones coordinadas e integradas.
La comunicación de una organización es efectiva cuando sus grupos tienen un alto conocimiento acerca de su propio papel, el papel de la institución y sus actividades, y cuando ésta última es capaz de utilizarla como herramienta para encauzar actitudes, actividades y acciones dentro de sí misma.
Si una organización no tiene una idea clara de la congruencia que debe haber entre lo que es, dice y hace ¡no hay nada que comunicar!, ni a la sociedad, ni a sí misma.
En ese sentido, México se traduce como una gran organización en la que desafortunadamente el clima organizacional es negativo, el cual repercute directamente en los objetivos institucionales y por “desapercibido” que aparezca al sentir de la clase política, tarde o temprano, su influencia generará además de un mal ambiente, una repercusión negativa en la satisfacción de sus habitantes, aumento de conflictos internos, disminución en la productividad, alta “rotación”, inadaptación, ausentismo, baja innovación o creatividad, y todo ello en el corto, mediano o largo plazo en los resultados económicos de la organización.
Por lo anterior, es fundamental mejorar las políticas de comunicación, ya que es la esencia de las organizaciones y es imprescindible para su buen funcionamiento. Una buena comunicación mejora la competitividad de la organización, su adaptación a los cambios del entorno, facilita el logro de los objetivos y metas establecidas, satisface las propias necesidades y la de los participantes, coordina y controla las actividades y fomenta una buena motivación, compromiso, responsabilidad, implicación y participación de sus integrantes y un buen clima integrador de trabajo.

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