Y una vez yo vagaba con un texto completo de más de 100 páginas bajo del brazo. Hojas engargoladas que daban voz a 27 personas, 26 mujeres cómplices y un hombre lleno de sororidad. Se nos había ocurrido escribir sobre el futbol pero desde el alma femenina, desde la crítica feminista, desde la perspectiva de género, desde la solidaridad machina. El panorama parecía oscuro pero siempre me bendice mi buena estrella y así apareció Mayte Romo, mi editora.
Recuerdo la primera reunión, esa mañana en que Elsa Ángeles nos presentó, de inmediato hubo química, buena vibra, ese alumbramiento celestial. Le platicaba mi proyecto y a ella le brillaba la mirada. Acordamos que revisaría el material.
A los pocos días recibí mi texto como si fuera colección de mapas de piratas y sirenas. Correcciones y sugerencias, comentarios y dudas, en rojo lo incomprensible, en tinta natural lo bien escrito. Me asusté un poco, pero agradecí ser leída y no me quedó más que ponerme a trabajar con ese ritmo que mi futura editora me estaba marcando. Corregimos cada texto y la lectura se volvió clara, las frases brillaban de limpitas, emocionaban cuando tenían que emocionar, persuadían al momento de conmover, emocionaban al instante de argumentar. La hechicera de la edición ya había hecho su magia, Mayte Romo ya nos bendecía.
Al poco rato el acomodo, el reconocimiento a los textos fuertes como el viento de la Bella Airosa. La advertencia de los textos suaves más no por eso menos importantes. Su voz siempre entusiasta, ay caray, esa mujer cómo contagia: “Y si el texto de Hortensia Moreno abre el libro… Y si su texto lo cambiamos para acá… Y si acomodamos el de Claudia Pedraza y sus goles por acá… Y si mejor el libro se llama Las que aman el futbol y otras que no tanto… Y si cerramos con el maravilloso texto del doctor Taguenca y si…”
Después la portada, fotos para elegir, su hija Maya, nuestra modelo hermosa cabeceando un balón, la mirada cómplice del mejor fotógrafo de la región –Beto Allec–, el diseño generoso de Giovanni, mi editora audaz convenciéndome que la palabra compiladora no es un pecado editorial. El apoyo, un pago, una firma y una tarde del mes de mayo, Mayte Romo llega a mi cubículo con una caja cerrada. La abrimos con torpeza e ilusión y ahí está nuestro libro, absurdamente lloramos, nos abrazamos mientras seguimos llorando, celebramos con lágrimas de alegría.
Y vienen las presentaciones, las giras, los aplausos, las ventas, la emoción de ver ese libro en las mesas de la librería Gandhi, la foto de quien lo vio en la vitrina de exhibición de un elegante restaurante, las felicitaciones, mi voz llena de orgullo cuando digo mi editora se llama Mayte Romo, directora, fundadora y alma de editorial Elementum, considerada ya una empresa de calidad en Pachuca. Y los libros que faltan, el que viene, los que ya circulan. Gracias Mayte Romo por ser nuestra editora bella y airosa, gracias por tu necedad y por tu calidad humana, amiga, cómplice, mi editora por siempre.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.