Mi experiencia en Münster

1389
MUNSTER

MUNSTERJOSÉ LUIS GALARZA BATALLA
Westfälische Wilhelms Universität Münster
Licenciatura en ciencias políticas y administración pública

Es difícil expresar todas las emociones, imágenes, recuerdos y vivencias en algo tan precario como las palabras. Hay hechos que no pueden explicarse; simplemente se sienten. El hacer una movilidad a Alemania es uno de esos hechos que te dejan sin palabras pero con una sonrisa en el rostro y con una satisfacción en el pecho.
Al inicio, los nervios en el avión; la pantalla que te indica que estás saliendo de territorio mexicano, que estás saliendo de casa. Las personas a tu alrededor que van de negocios, de turismo, de diversión y yo, a estudiar.
Luego los primeros pasos, llegar a la pequeña ciudad de Münster, un pueblo comparado con nuestras ciudades. Pero no un pueblo con olor a campo o a ganado sino un sitio con un impregnante olor a bicicleta, tanto los más pequeños como los más ancianos. Desde los 15 años que no tomaba una; imposible ir desde Tulancingo a ICSHu en bicicleta.
El primer día me acerqué a un restaurante para mi primer desayuno en Europa, miré la carta, dónde habían quedado los chilaquiles, las flautas, los huevitos al gusto, las sincronizadas o de perdida los tamales. Se desvanecieron en mi mente. En cambio me ofrecían pan, mantequilla, un huevo pasado por agua y un café. De inmediato me interpeló mi conciencia: “¿Qué haces aquí?”.
Una sola respuesta a esa cuestión no la tuve. Simplemente sé que fue tan genial que me pareció haber sido solo un día. De inmediato, con la ventaja del idioma, tuve amigos alemanes, la convivencia en las clases me hizo tener verdaderos amigos franceses, y mi deseo de practicar italiano me acercó, qué digo amigos, hermanos italianos.
Se tiene la idea que los alemanes son fríos, alejados, calculadores, pero puedo asegurar que no es así; se divierten, festejan y demuestran la alegría a su manera. Además de ello saben administrar perfectamente su tiempo; las horas de trabajo son prioridad y las usan solo y exclusivamente para eso.
Los momentos de diversión también son abundantes, basta mencionar que cada fin de semana la administración de la ciudad organizaba alguna actividad para los habitantes, que podía ser desde una feria, un concierto, hasta un paseo en patineta por la ciudad o un concurso de grafitis.
La universidad desde el primer día llamó mi atención: un edificio europeo al estilo clásico, grandes salas, cortinas reales y pisos de madera. El mismo sitio te inspiraba estudiar, era un ambiente especial; a 10 metros de la universidad el lago, el sitio predilecto para cualquier reunión, me sentía como los filósofos griegos debatiendo sus argumentos con la naturaleza de escenario.
La movilidad ha concluido, pero para mí esto no es un final, sino la continuación de esta maravilla que se llama vida.

Al inicio, los nervios en el avión; la pantalla que te indica que estás saliendo de territorio mexicano, que estás saliendo de casa. Las personas a tu alrededor que van de negocios, de turismo, de diversión y yo, a estudiar”

Comentarios