Mi experiencia en Pachuca

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pachuca

BARBARA PACCE
Licenciatura en administración

Llegué a Pachuca a finales de julio, justo para el día de mi cumpleaños, con una mezcla de alegría y tristeza. Esta era una experiencia que la venía postergando hace un par de años, estaba muy emocionada, pero por otro lado, pasar tu cumpleaños sola en otro país sonaba muy entristecedor.
Desde el momento que llegué a Pachuca encontré una gran familia que me acompañó y cuidó hasta que volví a casa. Hoy, amigos todos, comprometidos con hacerte sentir bien y a gusto en este país, gente hermosa que te comparte todo lo que es y que adora a su México querido.
Al principio me costó adaptarme tanto a vivir en una región de montañas como a sus horarios, sobre todo a su doble almuerzo: el almuerzo y la comida. Y, por supuesto, ¡todo pica y mucho!
Respecto de la escuela, en algunos aspectos es parecida a mi universidad en Argentina, pero así también muy distinta: las clases en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) son más personalizadas y tienen muchas materias para cursar en cada semestre. Los profesores y compañeros fueron muy comprensivos con mi proceso de adaptación, así como siempre se mostraron muy interesados y dispuestos porque les compartiera cómo era todo en mi país. Un debate frecuente era quién era el mejor, si Messi o Ronaldo; obviamente que Messi…
Recorrí medio país. México es hermoso, lleno de lugares que te introducen en una conjunción de culturas y costumbres que en todo momento busca preservar lo valioso del pasado.
Las pirámides de Teotihuacán y Tajín me hicieron replantear la perseverancia, dedicación y valentía de nuestros antepasados: esos pueblos que realizaron construcciones gigantes a mano, a tracción de sangre.
Veracruz tan bello por su abundante naturaleza, con esas playas de arenas oscuras, sus fortalezas de siglos anteriores, hombres voladores, y por ahí sigue sus riquezas…
Guanajuato. ¡Cómo me perdí en sus callejones! En tiempos de Cervantino, su gran festival internacional, tapada de gente y llena de museos. Me alegró mucho ver cómo el pueblo mexicano lo protege y se siente tan orgulloso, sobre todo los jóvenes, de lo rico que es ese encuentro artístico.
Así también conocimos Puebla, tan moderna y tan colonial a la vez. Llena de personas que caminan muy rápido por esas calles emplazadas allá por el Virreinato.
Y Cholula tan, tan preciosa y dominada. ¡Quedé impresionada! Este pueblo mágico, para mí, es la clara reliquia (manifestación) de lo que los europeos hicieron con nuestros pueblos aborígenes de la América anterior a 1492. ¿Alguna vez viste una pirámide sobre una pirámide? ¿Y una iglesia sobre esa última pirámide? Bueno, te invito a conocer Cholula…
Ahora bien, quedé asombrada por la dedicación de SOES (Support office for exchange students) y demás administrativos que siempre nos acompañaron, complacieron y cuidaron más allá del ámbito académico. No importa la hora, el día, siempre predispuestos. ¡Imagínate, hasta me acompañaron a una peluquería!
Hoy, ya de vuelta en casa, me siento muy agradecida de haber formado parte de la UAEH y de haber pasado cuatro meses en Pachuca, una ciudad a la que me costó entender y querer… pero en la que adapté mi ritmo de vida y a la que estoy extrañando por estos días.
Por último, quiero expresar mi total compromiso con todas las Garzas que vengan a mi país. Acá los espero para mostrárselo.
¡Viva la UAEH! ¡Vivan las Garzas! ¡Viva México!

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