MI FUNDAMENTALISMO TEATRAL

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FUNDAMENTALISMO TEATRAL

Siempre por el principio

El arte teatral es tan antiguo como aquel momento del despertar de la conciencia humana. Cuando el hombre se preguntó ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿para qué estoy aquí?, y ¿a dónde voy?, el individuo tuvo la iniciativa de crear funciones que le proporcionaran certezas sobre el sentido de su existencia, es decir, tuvo la necesidad de realizar organizaciones sociales, políticas, religiosas y artísticas.

De esa forma surgen las distintas civilizaciones. Pero en la antigüedad, las grandes y famosas civilizaciones, de las cuales tenemos registro, tienen la característica de haber hecho una labor integradora del estado social, político, económico, militar, educativo, religioso y artístico. La suma de todas esas funciones engrandeció a las culturas que ahora conocemos, como Grecia, Roma, Mesopotamia, China y Egipto.

En Grecia, a cuya cultura se le atribuye el surgimiento del arte teatral, que integraba el rito, la música, el Deux exmachine, la poesía, la danza, la fiesta y por supuesto el mito, es la gran muestra de la aspiración de un pueblo que tenía como objetivo el perfeccionamiento social, el entendimiento sobre el orden divino y, por lo tanto, el refinamiento del hombre.

Los griegos ejecutaban esas grandes fiestas Dionisiacas, que se realizaban durante días mientras caminaban grandes trayectos para finalmente llegar y postrarse ante el teatro. El objetivo era experimentar la catarsis que generaba observar la transformación dramática de dioses y reyes, en historias que duraban horas en la cual mostraban sus deseos, aspiraciones, vicios y errores. Cuando llegaba el momento de la conciencia, los personajes podían regenerar su camino, y de esa forma, los personajes, artistas, público y sociedad en general alcanzaban el orden divino venido de un acto reflexivo. Una vez realizado el acto de purificación por medio del rito, el mito y el juego, regresaban a sus ciudades a vivir sus vidas.

Sabemos hasta dónde pudo llegar esa cultura ante la barbarie que las guerras romanas provocaron por el deseo económico y político. Pero, aun así, Roma tenía la conciencia de la grandeza cultural que proporcionaba la devoción a la religión y a las artes. Hicieron lo propio, imitar, copiar y robar los íconos religiosos de Grecia para renombrarlos, así como mitologías y las manifestaciones artísticas que crecieron de la mano con la organización política y social. A ellos les debemos el famoso Derecho Romano, organización legislativa que rige una gran parte del mundo. Y las transformaciones artísticas continuaron hasta nuestros días.

Muchas manifestaciones escénicas surgieron después del oscurantismo, el teatro guiñol, la comedia del arte, las orquestas sinfónicas, la ópera, el teatro Isabelino, el ballet, el teatro realista, el teatro del absurdo, el teatro de la crueldad, etcétera. Lenguajes, estilos, corrientes y nuevas dramaturgias se han creado como una respuesta a las diversas transformaciones políticas del mundo.

En algunos países como Japón, Rusia, Alemania, Italia, Francia e Inglaterra, y en distintos tiempos, el desarrollo de las artes ha sido fundamental. Esas naciones han sido un ejemplo de desarrollo en los distintos lenguajes del arte para el mundo.

En México también han existido manifestaciones artísticas de gran relevancia y también ha influenciado a escuelas europeas. Pero, y por desgracia, esos éxitos se abandonan porque las urgencias políticas y económicas son más importantes. Se ha olvidado que las artes deben sumarse a esas exigencias.

Con la dictadura de Porfirio Díaz y su gran aspiración por ser francés (por risible que parezca) sí contribuyó al desarrollo de las artes; gracias a él muchos teatros se hicieron.

Las Bellas Artes tenían solidez, poseían espacios dónde observarse y disfrutarse. Las iglesias también servían de galerías, existía la conciencia del nivel estético y divino. Los teatros mandados hacer por ese “terrible error dictatorial” son los mejores teatros de México, por su diseño acústico, isóptica, tramoya y belleza arquitectónica. Actuar en alguno de esos teatros es un lujo que pocos actores actualmente pueden tener, puesto que se usan para todo, menos como teatro.

Con el paso del tiempo, espacios culturales se cierran y se abren, los que existen son de difícil acceso. Y se crean espacios emergentes, alternativos y adaptados para que los artistas escénicos puedan ejercer su profesión. Y en los peores casos se manda a los artistas a las calles (no es que el teatro callejero sea malo, siempre y cuando se tenga la plena conciencia de que es parte de un diseño estético). Los bailarines, músicos y actores se presentan en las calles o en espacios improvisados, porque no hay teatros y las iniciativas para sus construcciones o apoyos son casi nulas.
Continuará…

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