Hace 15 días comencé a aclarar un poco la labor del actor en la escena “creer en aquello que hace” y a especificar que el espectador también tiene una terea durante la ejecución del hecho espectacular “creer en aquello que acontece”. Para que la acción espectacular suceda es de vital importancia que el actor invite al espectador a entrar a la convención de la obra y es necesario que el público acceda a penetrar a un mundo resignificado que probablemente moverá y cuestionará la convención social que nos rige y abrirá un nuevo camino hacia lo probable, lo posible, lo deseable y tal vez lo inalcanzable. Que por lo menos en el teatro sí podemos hacer. Para lograr romper todas esas reglas sociales, físicas, químicas, entre otras, es importante que el actor sea un ser humano fuera de lo común. Un artista.Hace 15 días comencé a aclarar un poco la labor del actor en la escena “creer en aquello que hace” y a especificar que el espectador también tiene una terea durante la ejecución del hecho espectacular “creer en aquello que acontece”. Para que la acción espectacular suceda es de vital importancia que el actor invite al espectador a entrar a la convención de la obra y es necesario que el público acceda a penetrar a un mundo resignificado que probablemente moverá y cuestionará la convención social que nos rige y abrirá un nuevo camino hacia lo probable, lo posible, lo deseable y tal vez lo inalcanzable. Que por lo menos en el teatro sí podemos hacer. Para lograr romper todas esas reglas sociales, físicas, químicas, entre otras, es importante que el actor sea un ser humano fuera de lo común. Un artista.Dijo Oscar Wilde: “Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista”. Por lo tanto la visión del actor que realmente se considere artista no puede someterse bajo una moral social, en su vida cotidiana puede hacerlo (no nos interesa), pero en la convención artística las formas de explicar el mundo requieren de un alto grado de inteligencia y de criterio. Grotowski, en el libro Hacia un teatro pobre, dice al respecto de la moral:El arte no puede encadenarse a las leyes de la moralidad común ni a ningún catequismo. El actor, en parte por lo menos, es creador, modelo y creación en una sola pieza. No debe ser impúdico porque eso lo lleva al exhibicionismo. Debe ser valeroso, pero no solamente para exhibirse; debe desplegar una especie de valor pasivo, el valor de los inermes, el valor que se necesita para revelarse. Nada de lo que toca las esferas internas, ni la profunda desnudez del ser debe considerarse como malo, en la medida en que el proceso de preparación o el trabajo concluido produzcan un acto de creación.Durante la formación teatral es necesario ejercitar la atención al presente, una herramienta principal para el desarrollo de la creatividad y de la conciencia. El objetivo del entrenamiento de esas capacidades permite la reacción orgánica, coherente y verdadera del actor, que tienen un impacto energético en el espectador: “la emoción”.En las teorías actorales la capacidad de vivir el presente está relacionada con “la concentración” definida por Constantin Stanilavski en los textos recopilados por sus discípulos Richard Boleslasvski y Michael Chejov, del libro El arte del actor como:La cualidad que nos permite dirigir todas nuestras fuerzas anímicas e intelectuales hacia un objetivo preciso y continuar tanto como uno desee, algunas veces hasta por un tiempo mayor del que pudiese soportar nuestra fuerza física. Conocí a un pescador, que durante una tempestad no abandonó su timón por 48 horas; estaba concentrado hasta el último minuto en el trabajo de dirigir su embarcación. Solo cuando la puso a salvo en el puerto, permitió que su cuerpo desfalleciera. Esta fuerza, esta seguridad en sí mismo, es la cualidad fundamental de todo artista creador. Y tiene que hallar eso dentro de sí misma y desarrollarlo hasta el límite.Para desarrollar esta capacidad es necesaria la fuerza de voluntad y por lo tanto se realizan diversos ejercicios psicofísicos que estimulan la energía, fortalecen los músculos, liberan la mente y las emociones que se encuentran bloqueadas. Cuando hablo de liberar la mente es porque en algún momento del proceso de creación el individuo-actor se confronta con diversos temas que son tabúes en la vida cotidiana. Temas vitales en el ejercicio del teatro, del cine y de la televisión que  son: la muerte, el odio, la guerra, el poder, la tiranía, la traición, el incesto, el robo, la violación, el amor, la búsqueda de la felicidad, la libertad, el nacimiento, etcétera. Muchos de esos temas prohibidos por nosotros mismos.El actor debe aceptar en su capacidad humana la posibilidad de realizar actos para la escena, para ser vistos y reflexionados por el público, pero el actor primero debe realizar diversos ejercicios que lo liberen de las culpas y responsabilidades que el orden social estipula para poder relacionarnos en el mundo cotidiano. Así el actor entiende que hay un mundo cotidiano y un plano ficcional, el actor sabe que en el plano de la ficción puede ocurrir cualquier cosa y el actor debe estar dispuesto a realizarla. Y dependerá del espectador la forma en la que se relaciona con el hecho, por medio de la identificación, simpatía y la reflexión. O el total y absoluto rechazo sobre aquello que observa. Todo depende de un planteamiento “convención”. La convención es un trato, un convenio que establece la forma en la que el espectáculo se va a relacionar con el espectador. Por ejemplo: la cuarta pared, rompimiento de la cuarta pared, un espectáculo de títeres, un espectáculo danza- teatro, un espectáculo con máscaras, un espectáculo dentro de una casa. Todas estas cualidades abren formas de relación con el espectador. Si son claras, el espectador seguramente se involucrará íntimamente con el espectáculo.

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