Me resulta un tanto penoso escuchar a algunos profesores, directores, críticos, teóricos, exactores y “seudo vacas sagradas” hablar sobre su desilusión del teatro, o sobre una supuesta falta de funcionalidad de este en la sociedad. Situación que los ha llevado a realizar una serie de “acciones” haciendo uso de la teatralidad para pintar paredes, hablar sobre los robos de una determinada colonia o para leerle el periódico a un grupo de personas habitantes de un barrio conflictivo. Asumiendo que esta acciones deben sustituir el hecho teatral.
Me resulta penoso puesto que no se han dado cuenta que el teatro es un concepto hecho acción, y que el teatro lo hacen las personas en un acto de convivio. Y lo peor, desconocen lo que el teatro ha hecho durante miles de años por la humanidad.
¿Qué ha hecho el teatro en tantos años?
Ha enseñado a ver.
Ha enseñado a escuchar.
Ha enseñado a pensar.
Ha mostrado al ser
humano que negamos ver.
Cuenta anécdotas.
Reúne a las personas.
Cuestiona, analiza, expone.
A lo largo del tiempo ha
descubierto caminos
espectaculares.
Ha reencontrado los
caminos hacia lo sagrado.
Y la lista podría continuar muy larga…
¿Pero qué pasa con la decepción de aquellos que alguna vez decidieron dedicarse al teatro y ahora no creen en él? –Sin embargo pertenecen al gremio y comen de él–.
¿De quién es la responsabilidad de su falta de fe? Uno de los principios del teatro es el tener fe.
La capacidad de creer es una labor entrenada por el individuo propio, no tiene que ser demostrada. Sucede porque el deseo es más verdadero que cualquier concepto. Entonces…
¿su decepción es por el teatro mismo? ¿Su decepción es porque nunca han podido acceder humanamente a la escena? ¿Su decepción es porque son teatristas más no artistas? ¿Será acaso que están decepcionados del teatro, porque están decepcionados de ellos mismos?
Bueno, muchos de estos están en los salones de clases, muchos de estos son autoridades públicas representantes de la cultura, muchos de estos son vacas sagradas; sin embargo, no están en los escenarios porque no pueden o no se atreven.
La pregunta anterior se responde sola.
Sin embargo, yo sí valoro su intención de mejora social. Considero que es necesario que sigan lavando calles, es importante que pinten casas y que escriban en cartulinas. Algún día algo bueno resultará de ello.
Una vez me preguntaron: ¿Cuál es la diferencia entre el teatrista y el teatrero? El teatrista repite teorías, se esconde en libros y adquiere títulos. El teatrero es el guerrero de la escena.

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