Like
Like Love Haha Wow Sad Angry

En una sociedad y un momento histórico en el cual la urgencia de fortalecer la economía, los programas en materia de salud, seguridad y en la pertinencia de realizar acuerdos políticos, qué importancia real puede tener el desarrollo del arte. Más específicamente, para qué impulsar las artes escénicas cuando las prioridades son otras.
Sobre la función social del teatro se ha dicho que sirve como divertimento, como fuga de la realidad, para reflexionar, para hacer crecer a una comunidad, como desarrollo humano, etcétera. Sin embargo, al paso del tiempo todas estas ideas se han visto repetidas y reproducidas al grado de perder sentido para volverse un cliché. Son frases que permiten la gestión y la venta de productos espectaculares o para que algunas instituciones tengan la posibilidad de acceder a mayores presupuestos. No está mal, en el contexto capitalista en el que vivimos es necesario vender la idea y por lo tanto sería coherente vivir de ella. Sin embargo, la repetición ha disminuido la reflexión sobre esas palabras que definen la función sustancial del teatro y de las demás bellas artes.
Las artes se han vuelto un adorno de aquellos que se presumen “cultos”. Las artes se venden como “una cara bonita”. Se dice que las artes son “la parte sensible” de una comunidad modernista. Entonces por qué un excelente músico es utilizado para amenizar una cena y no ser escuchado. Me parece tan aberrante como tener una escultura de Dalí en un centro comercial. En este contexto definitivamente las artes no sirven para nada y entonces sería mejor no invertir en ellas. Sin mencionar que el hacer teatro es caro y requiere de mucho trabajo.
Realizaré una gran cita de la Paideia, texto de Werner Jaeger, en el cual se explica detalladamente el comportamiento, aporte, desarrollo, florecimiento y caída de los griegos, esto con el objetivo de recordarnos un suceso histórico, una experiencia humana real y con ello, tal vez, una reflexión consciente sobre la aportación sustancial de las artes en el fortalecimiento de una cultura.
El libro tercero, primer capítulo, titulado “El siglo IV”, lo dedica a la penosa caída de Atenas ocurrida en el año 404 antes de Cristo, después de una guerra entre los estados griegos que duró 30 años.
La brusca caída de Atenas desde su altura conmovió al mundo helénico porque dejaba en el ámbito del Estado griego un vacío imposible de llenar. Sin embargo, la suerte política de Atenas fue objeto de disquisiciones espirituales mientras el Estado tuvo para los griegos alguna existencia real. La cultura griega había sido desde el primer momento inseparable de la vida de la polis. Y este entronque no había sido desde el primer nunca tan estrecho como en Atenas. Por eso las consecuencias de aquella catástrofe no podían ser meramente políticas. Tenían que repercutir necesariamente sobre el nervio moral y religioso de la existencia humana. De este nervio, y solo de él, era de donde tenía que partir la convalecencia, suponiendo que tal fuese posible. Esta conciencia se abrió paso tanto en la filosofía como en la vida cotidiana. De este modo, el siglo IV se convirtió en periodo de reconstrucción interior y exterior…
Es asombrosa la rapidez con el que el Estado ateniense se repuso de su derrota y supo encontrar nuevas fuentes de energía material y espiritual. En ninguna otra época se vio tan claro como en aquella gran catástrofe que la verdadera fuerza de Atenas, incluyendo la del Estado, residía en su cultura espiritual.
La catástrofe obligó a los individuos a vincular lo político, lo religioso con lo artístico, que generó “un ideal consciente de educación y de cultura”. Un gran apoyo para la reconstrucción del espíritu del individuo que integraba esa sociedad, era poner a su alcance un instrumento musical y volver a representar las obras de teatro clásicas. Las actividades (la economía, la guerra, la caza, las matemáticas, la medicina, y las artes) se volvieron un pilar que formaban y cultivaban al hombre. La poesía cambió su forma para volver sustancia los verdaderos problemas del hombre. La cultura también es política.
Para un país, un estado o una ciudad que tiene la pretensión de ser menos ignorante, más rica y segura, en dónde tendría que poner más énfasis para que la aspiración de mejoramiento social ocurra.
La respuesta ahora podría ser obvia, sin embargo, no se ejecuta. A quién le habla un artista si un espectador no sabe escuchar. Por qué un escritor deja huellas de sus palabras si no hay lectores conscientes. Cómo generar un desarrollo cultural, ya no digamos artístico, cuando el individuo se siente orgulloso de ser un ignorante patán.
¿Aprenderemos algún día a observar y respetar la belleza?

Like
Like Love Haha Wow Sad Angry

Comentarios