En el artículo anterior
comenzamos la explicación sobre las proposiciones de Konstantín Stanislavski respecto al trabajo del actor descritas en el libro Manual del actor:
a) Debe ser físicamente libre, en libre control de sus músculos
b) Debe estar su atención extraordinariamente despierta
c) Debe ser capaz de escuchar y observar en el escenario, tal como lo haría en la vida real; es decir, en contacto con la persona que desempeña el opuesto al suyo
d) Debe creer en todo lo que sucede en el escenario, y que está relacionado con la obra

En su segunda proposición hace referencia al “verdadero estado creativo” y las consecuencias de esa colocación mental en el actor. Para entender ese concepto es importante identificar que en el teatro suceden acciones y lo que vemos son las motivaciones internas que se manifiestan en acciones externas. Ambas poseen una relación dialéctica encaminada a la progresión dramática. El tejido entre la acción interna (mental y emocional) y la acción física es lo que genera la reacción orgánica. En esa vía, en esa suma de elementos el actor no puede mentir, el actor no finge (finge el personaje de la misma forma que finge el ser cotidiano). Pero en el actor la mentira es inaceptable. Aquí se abre la puerta para hablar de la tercera proposición: “La verdadera acción orgánica está vinculada con la necesidad de generar un sentimiento sincero”. Una vez entendido el texto o la estructura dramática, una vez analizadas las unidades de acción sucede el proceso llamado “metamorfosis”. La transformación de un actor requiere de una capacidad de asimilación extraordinaria sobre una situación, también sucede otro acto dialéctico, el personaje hace la situación como la situación hace el personaje. Entonces ya sumamos otro elemento, el personaje. El personaje se descifra en la acción realizada.
También el personaje es un símbolo que representa un algo o un alguien con respecto a la realidad. El personaje es una abstracción. Pero al igual que un ser humano que en un día es alumno, novio, hermano, empleado y jugador de futbol se comporta distinto entre sus múltiples funciones para ser coherente con la situación que se presenta en su cotidianidad.
Así, esa abstracción, este ser simbólico en el escenario llamado personaje se construye coherentemente respecto a la situación ficcional. El actor no finge ser otro, el actor es otro con respecto a su capacidad transformadora. Depende de su inteligencia, depende de su creatividad, depende de su conciencia para entender que hay un juego en el escenario. Y que dependiendo de esa capacidad, el suceso será transformador.
El camino establecido por Stanislavski está basado en las leyes de la naturaleza. Es orgánico porque simplemente fue consciente de los procesos humanos que conllevan a una reacción provocada por una acción. El proceso orgánico obedece a la organización de los eventos de la naturaleza humana. Si un actor en principio se conoce como ser humano puede entender ese proceso.
En el primer capítulo “Mi sistema” de la obra Manual del actor hace una recomendación que al ser tan obvia puede ser poco trascendente pero en esta cita se sintetiza todo el proceso de creación:
“El sistema no es un traje a la medida que te puedes colocar, es todo un estilo de vida, y tienes que educarte en él; no puedes esperar hacer eso con rapidez.
Si trabajas impulsado por un fuerte deseo y disciplina; si llegas a conocer tu propia naturaleza, tu talento te permitirá convertirte en un verdadero artista.”

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