Ciudad de México.- El director mexicano Alejandro González Iñárritu rompió la regla del Festival de Cannes que prohíbe al jurado dar entrevistas en los días previos a la entrega de la Palma de Oro en el teatro Lumière.

La consideración permitió a Excélsior encontrarse con el cineasta de Birdman y El renacido en una lujosa habitación del mítico hotel Carlton Cannes. Una conversación que comenzó en su primera vez en el certamen con Amores perros, que a la postre conquistó la Semana de la Crítica y concluyó con su distinción como comendador de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

En el trayecto, el ganador del Oscar habló de lo difícil que le fue aceptar el cargo como presidente del jurado del certamen fílmico, de su preocupación por el cambio climático y la interrelación de los seres humanos, y de por qué considera que las mujeres deberían de tomar las riendas de un planeta que se dirige a la catástrofe.

“Necesitamos que las mujeres empiecen a gobernar el mundo. La neta. Yo no conozco a nadie que no venga de una mujer, pero bueno.

“Mi generación me apena, pensaba que iba a tomar conciencia… Espero que venga una generación un poco más inteligente que la nuestra”, expresó con un “pesimismo” que también encierra toda la esperanza posible.

“Lo platicaba con Thierry Frémaux (delegado general del Festival de Cannes) porque me parece que estamos en el festival del fin del mundo. Así como en el Titanic estaban tocando los violines mientras se está hundiendo, aquí estamos viendo películas.”

¿Qué recuerdo tienes de tu primera vez en Cannes hace 19 años?

“El otro día, cuando llegamos, empecé a caminar y me encontré con el teatro Miramar, que fue donde presenté Amores perros. Y me dio mucho gusto verlo. De hecho fui a tomar una copa junto con Pawel (Pawlikowski) al departamento que Jane Campion rentó frente al cine y le dije: ‘Aquí presenté la primera película’. Me dio mucha nostalgia.”

¿Qué sentimiento te despierta saber que en 2020 se cumplirán 20 años de Amores perros?

Una cosa que me impacta mucho es que cuando yo estaba aquí, Bernardo Bertolucci era el presidente de la Semana de la Crítica y estaba presentando 1900, una película que había estrenado 20 años atrás y mi reflexión era: ‘¿Qué se sentirá venir y ver una película que hace 20 años hiciste?’ Era un pensamiento casi imposible para mí y ahora se van a cumplir 20 años de Amores perros. Son cosas, ciclos que se cierran muy raros, pero bien.”

¿Cómo ha sido ser presidente del jurado?

“Es una posición privilegiada. Lo más importante ha sido que el jurado, que es con el que convives todo el día, prácticamente está compuesto por directores, menos Elle Fanning, a quien conozco desde que tenía siete años, entonces es como una amiga-sobrina.

“Es muy placentero el tener que ver películas y luego discutirlas con ellos, aunque más que discutirlas, compartir, los invité a no juzgar. A dejar lo que no nos gusta a un lado y más bien hablar de lo que nos gusta y nos apasiona.”

¿Pero divertido, no?

“Sí, y agotador, porque sí es mucha información, muchos compromisos, pero al mismo tiempo es un privilegio, es como el mejor trabajo del mundo durante una semana o un poco más.”

¿Alguna vez lo imaginaste?

“No, no, no. La verdad ahí sí no. Nunca me hubiera podido imaginar que yo iba a poder llegar a ser invitado como presidente. Y es algo que de hecho sí me costó trabajo aceptar porque siempre me cuesta trabajo juzgar el trabajo de los demás. Creo que es una labor imposible. Por eso cuando presenté el día de la inauguración dije que era un trabajo medio infantil porque el único juez es el tiempo.”

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