Javier Silva Ortiz

A nuestra casa llegó a vivir un monstruo. Mi mamá encontró un pololo nuevo, Aníbal, que se fue a vivir con nosotros. Casi nunca lo vemos, siempre anda trabajando y parece un tipo bueno, pero con él llegó a vivir una criatura misteriosa, que, con mi hermano Pepe, creemos que se esconde en el closet de mi mamá por las noches. Cuando el Sol se esconde y nosotros ya estamos acostados,
se escuchan los muebles romper y a mi mamá gritar. Ella al otro día amanece cansada y de mal humor. Debe ser agotador luchar con el monstruo todas las noches. Un día, en que se escuchaban gritos terribles y los golpes en las murallas eran cada vez más fuertes, oí a mi mamá correr a nuestra pieza, nos agarró de las manos y nos dijo tiernamente, “escóndanse debajo de la cama y, pase lo que pase, no salgan de ahí”. Sentí más miedo que nunca. Debieron haber pasado al menos 30 minutos hasta que ella misma nos fue a buscar y nos abrazó súper fuerte. Nos besó en la frente, se puso de pie y unos señores se la llevaron. El monstruo había sido derrotado. El silencio por las noches ahora es total. A veces podemos ir a visitar a mi mamá, quien nos dice que pronto estaremos juntos otra vez. Con el Pepe ya sabemos su secreto. Les está enseñando a todas a esas mujeres en ese lugar cómo ser valientes para dominar a las bestias.

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