Junio, 1990

Caminaba por las calles del centro de Tampico de la mano de mi mamá, era un caluroso y ameno día de verano, como solían ser todos en ese entonces, cuando nada me preocupaba, después de todo, ¿qué importancia podía tener el mundo si yo era feliz porque tenía mi paleta helada de mango y me acababan de comprar el juguete más genial del momento? era un Halcón Galáctico, nada más y nada menos que el teniente Rayo de Plata, tenía sus alas de tela, cabezas intercambiables y venía acompañado de su inseparable amigo: el Halcón Vigía. Era de plástico y media más o menos 30 centímetros, según recuerdo.

Me acompañó en muchas aventuras, defendimos la Galaxia juntos y fundamos nuevos mundos en planetas inexplorados, era el jefe de las tropas de un imperio imaginario y el mejor compañero de juegos, pero un día tuvo que partir, se extravió en batalla en playa Miramar. Él defendía el castillo de arena de la implacable invasión de “las aguamalas”, un ejército de medusas mutantes que por ese entonces eran muy comunes en las playas.

No me di cuenta, no sé cómo ocurrió; en un momento, él se quedó montando guardia y yo me fui a disfrutar de la parrillada familiar que estábamos teniendo bajo una palapa en la playa. Cuando regresé, el castillo había sido destruido, había sucumbido ante el ataque de “las aguamalas” que llegaron con las olas, el teniente ya no estaba, su cuerpo nunca fue encontrado a pesar de los esfuerzos del equipo de rescate que fueron mis padres y mis primos. El luto invadió mi corazón, fue una pérdida enorme para la Galaxia, quien le dedicó el más grande y honroso homenaje de todos los tiempos.

Abril, 2020

“¡Salud inge, por el nuevo pozo petrolero!”, exclamó uno de los ingenieros del proyecto “¡Salud por la refinería, que nos siga dando de comer y que nunca se acabe!”, dijo alegremente otro.

“¡Pues, salud!”, y brindamos chocando nuestras cervezas en lo alto. “Bueno, a comer, que ya trajeron los pescados”.

“¡Estos pescados! ¡Ya no los hacen como antes!”, exclamó un cuarto ingeniero, al mirar el tamaño de su jurel. “Cuando era niño, mi papá los sacaba de aquí de las escolleras, ¡eran de este tamaño!”, y colocó sus manos frente a su cara, en paralelo como a 40 centímetros una de la otra.

“No los hacen, los pescan, ni que fueran juguetes de fábrica”, le dije. Y sí, últimamente ya no salen tan buenos, cada vez es más difícil encontrar un buen lugar donde te den pescado bueno.

Comencé a comer mi platillo, acompañado de sorbos de cerveza, cuando algo sólido y de aspecto grisáceo apareció entre las costillas de mi pescado. Sentí un enojo terrible, puesto que había basura en mi comida; llamé al mesero y mientras tanto, exploré aquel objeto. Era una bota de plástico, de unos tres centímetros de largo, conservaba su forma original y fue por ello que pude reconocerla: ¡Era el pie derecho del teniente perdido en batalla años atrás! Aquel valiente que “murió” defendiendo mi castillo de arena de “las aguamalas”.

Fue una mezcla de asombro, alegría y a la vez tristeza, pues 30 años después, el recuerdo del teniente aparecía golpeando mi presente. ¿Dónde estará el resto, dentro de algún otro pez? Más terrible aún fue darme cuenta de algo: ese pedazo de plástico seguía en la misma playa ¡30 años después!

Noviembre, 2050

Me encuentro otra vez en esta playa que tantas veces he visitado a lo largo de mi vida, esta playa donde perdí a mi mejor amigo, el teniente, hace 60 años y del cual solo he recuperado una bota. Hoy mis pies ya no pueden sentir la arena, mis piernas están paralizadas, el cáncer ha invadido mi columna. Dicen que fue por tanto fumar, pero yo sé que fueron los gases tóxicos de la refinería los que acabaron con mi salud y la de tantas personas que pasamos nuestras vidas en ella.

Ahora es mi nieto quien me trae en silla de ruedas a ver las olas, ambos sabemos que no llegaré a Navidad. La refinería cerró hace 10 años, cuando se secó el último pozo petrolero, dejando cientos de familias en la pobreza y enfermedad, muchos obreros fueron despedidos o pensionados y ahora, buena parte de la población, tiene algún tipo de cáncer.

Ya no como pescado, hace años que se acabó la pesca, ahora es más fácil sacar plástico que peces, el mar es un apestoso charco de basura y ya nadie se baña en sus olas.

“Mijo, pásame esa cosa gris que está ahí.”

“¿Qué cosa abuelo? ¿Este pedazo de basura?” “Curioso objeto de plástico, parece que alguna vez fue algún tipo de juguete. Mira, está roto, le falta el pie derecho y una mano, está cubierto de algas, conchas de caracol y apesta, se ve que tiene tiempo aquí. ¡No puedo creerlo, mira su cara, es el teniente! ¿Con que aquí sigues amigo? ¡Nunca abandonaste tu misión!”

Febrero, 2051

Recuerdo ese día en la playa, hace tres meses. Mi abuelo encontró su juguete perdido 60 años atrás, lloró, nunca antes ni después lo vi hacerlo, era un tipo rudo, jamás lloraba, en fin, ya murió…

Hecho

Anualmente, acaban en el mar 13 mil toneladas de basura plástica con tasas de recuperación muy bajas. Dependiendo el tipo de plástico, puede durar en el ambiente por décadas o siglos. Hoy en día, se ha encontrado que uno de cada cinco pescados que se consumen en México lleva diminutos restos de plástico en su interior y aún no se hace nada concreto para evitar que en 2050 tengamos más plástico que peces en el mar, seguramente vivirás para verlo, no falta tanto y créeme, no va a ser bonito. Desde octubre de 2019, se ha propuesto, discutido y refutado una ley para manejo de plásticos en nuestro país. Ley que dista de serlo, es tan solo una invitación, un llamado a la buena voluntad de las empresas generadoras de plástico para lograr tasas de reciclaje del 30 por ciento para 2030; pero no existe sanción alguna para quien no la cumpla. Es un exhorto a “comprometerse” con el ambiente; compromiso que muy seguramente no se cumplirá y se perderá en el montón de papeles que son las leyes y programas inoperantes del país.

Pero esto no es cosa que se arregle con leyes, el remedio está en nosotros, deja de usar envases no retornables y productos desechables, di no al plástico; no vaya a ser que la próxima vez que vayas a comer a una marisquería encuentres un popote dentro de tu mojarra.

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