Mi país roto

368

Cuando desperté, el país estaba roto.
Más roto que yo.
Más lastimado, más frágil.

Mientras me levantaba, pude atisbar poco a poco que cada trozo de ese México herido quedó esparcido en la habitación. Mi país hecho pedazos. Y yo fragmentada.
Esa mañana del primer domingo de julio fue como otra mañana, desde temprano ya amenazaba ser como siempre, como nunca, como tal vez: rutinaria, hueca, desolada, desencantada. Era como yo misma en cada amanecer que no me quiero, que no me gusto, que ya no quiero jugar. Entonces, deseo volver a la infancia y, como lo hacía de niña, decir: “pido, ya no juego, pido”. Esa advertencia ingenua de mi retirada, de ya no juego, de ya nada se vale, quedo fuera, no cuenten conmigo.
Pero aquí sigo, con mi patria rota como mi alma, cuando soy la mejor pesimista y cada noche me preparo para lamentar todo lo que pasa y sigue pasando en esta tierra mía. Deshilo cada sueño no cumplido. Exijo la pesadilla más atroz.
Los ojos abiertos toda la noche anterior, temerosa de soñar con esos demonios que yo misma persigo. Y despertar. Darme fuera para hacer el recuento de los daños. Recuerdo cada momento violento e injusto que ha roto a mi país. Me enojo con Dios y amenazo con ya no leerle poesía.
Quiero cantar, pero mi voz adquiere un sabor de viento y sal que me hace callar.
Quiero callar, pero la caracola que pongo en mi oreja suelta mis cantos de sirenas. Las mismas que insisten en la esperanza. Las mismas que apuestan al cambio por nuestro bien. A hundirnos para sobrevivir. A perder el aliento para suspirar.
Y esa misma mañana del primero de julio decido reconciliarme conmigo misma y buscar a la luna, acurrucarme en ella y soñar con millones de suspiros de la gente buena que sí existe y que me suben al cielo. Creo acariciar esas manos que me ayudan a cruzar charcos y mares de norte a sur, entre mariachis y corridos. Y me creo renovada. Resto los malos momentos y solamente aparecen nombres de hombres y mujeres que se quieren, que nos quieren y cada vez son menos los villanos, y por eso sus sombras malignas ya no pueden rompernos.
Ya ni quiero arrojar una tostadora a mi bañera si digo la palabra patria, justicia, amor.
Siento que por mi garganta están burbujeando las palabras prohibidas, pero ya no debo lavarme la boca con jabón. Grito para maldecir a los que se van, a los que intentaron una y otra vez hacernos pedacitos y se van.
Y yo me cubro de tres colores, ese verde rebelde, ese blanco pecador, ese rojo ya no más.
Vacío la botella de tequila para llenarla de mi fragilidad.
Respiro, sin que nada importe ya.
Busco a mi país, que todo cambie, que vuelva a ser la región más transparente, la suave patria, cenzontle que busca hacer nido, justicia por fin, paz en todos lados. Mi país con puntadas finas, reparado, sin fracturas, con cicatrices, pero de pie, sin los malos, que nadie lo vuelva a romper. Y cuando desperté mi país estaba…

Comentarios