Octavio Jaimes

Cuando se estrenó Nuevo Orden en Venecia, la más reciente película del director mexicano Michel Franco, recibió muchos elogios en el festival que otorga el León de Oro y cuya presidente del jurado, en esa edición, fue la actriz Cate Blanchett, quien hizo bien en reconocer a la cinta con el León de Plata, gran premio del jurado. Desde ese momento, se premeditó un éxito asegurado para el filme en territorio nacional, pues cuenta, d-i cho sea de paso, con actores en sus papeles protagónicos que se han vuelto muy reconocidos gracias a sus colaboraciones en series de Netflix: Diego Boneta (“Luis Miguel, la serie”) y Darío Yazbek Bernal (“La casa de las flores”).

La euforia provocada por el triunfo de Nuevo Orden en el extranjero, atrajo consigo percepciones similares a cuando Roma, de Alfonso Cuarón, triunfó con el León de Oro en el mismo festival hace dos años.

Claro, en aquella ocasión, la victoria de la película de Cuarón comenzaba con una travesía y campaña publicitaria en mancuerna con Netflix tan exhaustiva que por todos lados se veía, oía y sentía la cinta mexicana de moda. Para el metraje que nos compete, el escenario se ha puesto caótico desde el estreno de su tráiler.

Lamentablemente, estamos tan acostumbrados a que las industrias hollywoodenses nos cuenten toda la trama de una película en el adelanto, que nos apresuramos a hacer un juicio sobre cualquier audiovisual.

Si a eso le añadimos que los protagonistas de Nuevo Orden también han actuado en las ya repetitivas comedias románticas que atascan nuestro cine, las reacciones por parte de los mexicanos fueron escandalosas. Se acusaba a la película de ser un fiel retrato de los sentimientos whitexicans ante su incesante obsesión con ser el centro de atención.

Pero, ¿a qué nos referimos con whitexican? Este neologismo que se inventó, quizá, hace poco más de un año, ha gozado de extensa popularidad en redes sociales y ha sido la pandemia y la cuarentena, los escenarios más prolíficos para su difusión y uso. Dicho término alude a las personas mexicanas, blancas, de clase alta y que viven en una esfera de beneficios, ignorando la situación actual de nuestro país y creyendo que todos gozamos de los mismos privilegios. En un principio, este término se ocupaba para exhibir situaciones ridículas que sufrían integrantes de este grupo social ante circunstancias comunes en el quehacer cotidiano de la gran mayoría de nosotros. También, surgió como respuesta ante el movimiento “prietos en aprietos”, que, de igual forma, se compartía por redes sociales para mofarse de eventos cómicos propiciados por gente morena.

Sin embargo, es bien sabido que no es necesario ser de tez blanca para que se te acuñe este término: ba-s tará solamente con sentirse con aires de grandeza, discriminar, presumir estilos de vida, entre otros. En este tenor, whitexican se agregó a la terminología mexicana para englobar a los blancos de alta clase social, así como lo son “fresas”, “fifí”, “pipirisnais”, entre otros. Ojo, en un principio esta palabra no gozaba con la popularidad de ser discriminatoria, como sí lo son “naco”, “prieto”, “indio”, etcétera, que se usan para referirse a la gente morena. Más bien, algunos lo veían como privilegio y como una reafirmación de sus estatus sociales.

Dicho esto, en días recientes, Michel Franco, director de Nuevo Orden, se ha visto envuelto en muchas polémicas por intentar defender el argumento de su película. En efecto, si uno ve el tráiler sin alguna información previa al respecto, va a pensar que la trama va acerca de un ejército de indígenas con afán de arrebatarle a un grupo de gente privilegiada todo lo que tienen. De someterlos y hacerlos pagar por ser quiénes son. La realidad es otra.

Respaldado por varios críticos de cine en México de gran talla, tales como Fernanda Solórzano, las discusiones en torno al filme en espacios virtuales como Twitter han dado mucho de qué hablar.

Para empezar, la película no pretende alzarse con la medalla “a favor de la defensa de los whitexicans”.

Es verdad, los protagonistas o al menos los actores que se han dedicado a la promoción de la película son todos blancos, las escenas mostradas en el tráiler muestran a personas blancas en peligro… o sea, sí da mucho qué pensar tomando en cuenta que el elenco del filme también se conforma por artistas de tez morena. Pero esas cosas no las decide el director.

El director decide la ejecución del guion, de la puesta en escena y de los métodos para contar la historia, una historia que por cierto toca temas importantes y que todos deberíamos atender tales como las consecuencias de la militarización en México y la corrupción en el Ejército.

Sin embargo, en sus intentos desesperados por limpiar la reputación de su creación a pocos días de estrenarse, Michel Franco declaró en una conferencia de prensa que las acusaciones contra él y su película, que ya he mencionado, le resultaban ofensivas y racistas. Don’t feed the troll, Michel. De inmediato, las redes sociales le hicieron llegar miles de recordatorios del por qué no existe el racismo a la inversa, ya que, en efecto, en un país como México, ser blanco sí es un parote.

De acuerdo con datos de “Por mi raza hablará la desigualdad”, estudio de Oxfam México de julio de 2019, una de cada tres personas de tez blanca pertenece al 25 por ciento más rico de México, lo que es 52 por ciento más que los morenos y 103 por ciento más que los de tez obscura. En cuanto a aquellos que alcanzan a estudiar niveles superiores, 25 por ciento son de piel blanca, 19 por ciento son morenos y 6.

2 por ciento son de tez obscura. Para las mujeres blancas es 43 por ciento mayor la probabilidad de conseguir un empleo prestigioso y bien pagado solo por su color de piel. Y así podríamos seguir con estadísticas que demuestren que, en efecto, si alguien sufre de racismo y desigualdad en este país no son los blancos.

Más tarde, Michel Franco salió a pedir disculpas por el mal uso del término whitexican y así también por no tener empatía con las verdaderas circunstancias raciales de nuestra nación. Nuevamente, alimentando al troll. En fin, el discurso de promoción de la película se ha convertido en un circo de ideales y así también, muestra de discriminación, situaciones que se aderezan con la facilidad para emitir juicios sobre productos culturales que aún no hemos visto.

No sabemos cómo se vea afectada la percepción de Nuevo Orden cuando esté en salas (porque va a estrenarse en cines, hay que decirlo), pues aunado a la controversia, aún hay muchos que no se animan a regresar a los recintos de exhibición y apreciar la película en pantalla grande. La intriga se incrementa cuando me pongo a pensar en cómo va a reaccionar la sociedad mexicana que ha juzgado este filme cuando se enteren que probablemente, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) la elija para representar a México en los próximos premios Oscar, ya que gracias al éxito en Venecia, posiblemente consiga una nominación en la categoría de Mejor Película Internacional.

Definida por los que la han visto como laP arásitos mexicana, Nuevo Orden llegará a las carteleras de casi todos los cines del país el próximo jueves 22 de octubre. Vayan a verla, juzguen por ustedes mismos. Que el ejercicio nos sirva para aprender a no juzgar una película por su tráiler y así también, para reflexionar en las situaciones de discriminación que siempre han estado presentes en México.

¿Realmente los llamados whitexicans se atreverían a hacerse una película que presumiera sus estilos de vida, aspiraciones, sueños y problemas? Bueno, hagamos de cuenta que no es cierto.

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