Luis Gregorio Meléndez García es figura familiar en Pachuca y municipios cercanos.

Desde hace 32 años ejerce la singular tarea de informar a través de lo que se denomina perifoneo. A bordo de su automóvil, con equipo de sonido adecuado, recorre avenidas y calles, dando a conocer con voz clara, y no menos invitadora, promociones comerciales y, a la vez, noticias que a todos interesan.

Ha sido crítico, aunque su estilo amigable, sin buscar confrontaciones, es reconocer avances y brindar soluciones.

A los 75 años se conserva de envidiable peso, pelo cortito, echado hacia atrás y ojos que escudriñan todo a su alrededor.

Nació en el barrio de El Arbolito, corazón mismo de evocaciones.

“Parte del paisaje urbano y asiento de mineros, cientos de ellos, que dieron sus mejores esfuerzos por una industria que hoy no parece tan rentable”, expone.

Confiesa que no olvida, con un dejo de conmovedora remembranza, calles y vericuetos del barrio.
“Fue mi escenografía habitual al crecer, y mudarme fue parte de muy pensada decisión.”

Su vida con el micrófono empezó en la XEPK, con el desaparecido José Guadalupe Marines.

“Sería por ahí de los años 80. Primero en cobranzas, después ventas y operador durante 18 años. Me enrolé en servicios informativos; aprendí mucho al lado de compañeros talentosos.”

Del cambio de actividad que lo llevó al perifoneo, cita:

“Fue difícil al principio, porque tuve que ganar la confianza de la gente. Representó salir a la vía pública, a lo que en poco tiempo me habitué”.

Contó con el respaldo de su hijo Luis Gabriel Meléndez Meneses.

“Hoy trabajo algo así como cuatro horas, después él (Luis Gabriel), toma el mando; es de talentos naturales.”

Luis Gregorio Meléndez es un testigo de lo que fue Pachuca hace más de 35 años. Es claro, sincero. Vivaz en sus expresiones, como definirse bohemio natural, con gusto especial por la trova.

Conoció parte de una extendida vida nocturna en la ciudad. Supo del mítico Abanico, Salón México, La Negrita y otros.

“Era más bien curiosidad natural, sin otras pretensiones”.

Su memoria para los nombres, de “ese entonces”, es privilegiada. Identifica en la lejanía a Oscar y Javier, propietarios de un centro muy visitado.

Le gustó, y mantiene aficiones por el box, lucha libre y futbol.

Conoce de la Arena Afición, el arranque con Francisco Flores y Benjamín Mora Orta, y adelante consolidación con Ricardo Antonio Viornery Islas.

“Tuvimos excelentes pugilistas. Anotaría a Rubén Olivares, Jesús Castillo, Alacrán Torres, José Medel, Raúl Macías, Julio César Chávez”.

¿Y del pancracio?
“El Santo, número uno, René Guajardo, Karloff Lagarde, Ray Mendoza, Blue Demond.

No olvida el futbol y los que llama sus Tuzos.

“Yo era de quienes íbamos los domingos a lo alto del Revolución Mexicana, en el cerro de Cubitos. Lo disfrutaba”.

Pero de la política hay memoria.

“Llegué a charlar, aunque brevemente, con Guillermo Rossell; afectivo conmigo y hasta bromeó; lo recuerdo perfectamente; imponía”.

Entre otros, anota a:

“Eduardo Valdespino Furlong, Roberto Valdespino Castillo.

“Fueron deferentes”.

En esa relación incluye a Jesús Murillo.

“A él lo vi y salude en diversos municipios. Levantaba la mano en señal de identificarme y me preguntaba cómo estaba”.

En el mismo tono se expresa de Manuel Ángel Núñez.

“Un caballero, sonreía con naturalidad y me llegó a cuestionar: ‘¿Cómo vamos?’”.

Tuve también intervenciones con Miguel Osorio, muy respetuosamente, como sucedió con Francisco Olvera. Omar Fayad también me dispensó buenos deseos”.

Luis Gregorio apunta que es viudo desde hace nueve años, después de 35 años de casado con María Magdalena Menes Acuña.

“Siempre está conmigo. Me mantengo tranquilo y no me doy por vencido”.

El doctor Alberto Jonguitud le ha insistido que se cuide y lleve una vida sin sobresaltos.

“Trato, pero estos años han sido difíciles. Entramos a otras formas de comunicación como son las redes; de alguna forma competimos y no cedemos en esfuerzos, en ser veraces y ver cada día como oportunidad de salir adelante; en esto porfiamos”.

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