La mañana tenía el cielo cubierto de sosiego. La casa nos acunaba con su tibio olor a café. Afuera saltaban los trinos de los pájaros entre las hojas de los árboles. Era la hora perfecta para escribir un cuento, pero la página con su destello blanco permaneció muda. Mis pensamientos volaron hacia ti. Dejé la historia anudado en el teclado. Salgo al jardín: quiero tomarme un trago de Sol contigo.La mañana tenía el cielo cubierto de sosiego. La casa nos acunaba con su tibio olor a café. Afuera saltaban los trinos de los pájaros entre las hojas de los árboles. Era la hora perfecta para escribir un cuento, pero la página con su destello blanco permaneció muda. Mis pensamientos volaron hacia ti. Dejé la historia anudado en el teclado. Salgo al jardín: quiero tomarme un trago de Sol contigo.Las lavandas se agitaban exhalando su perfume de campo. El agua tocaba sus acordes de flautín en el bebedero. El limonero extendía sus ramas ofreciendo sus frutos. Me senté a tu lado, bajo la buganvilia. Hablamos sin decir palabras. El silencio es nuestro lenguaje. Tus manos tibias sobre mi espalda me susurran frases amorosas. Mis labios de lluvia se deslizan en tu cuello cantando una canción sin letra. Al cobertor con el que cubres mis pies, le escribo mil veces: te amo.- Sobra un poco de café, ¿lo quieres?
María Elena Ortega Ruiz es ya una de las escritoras que brillan en la literatura hidalguense, Madura, dominando cada vez más su estilo, segura de que este es su oficio. Es un gozo leerla, es un placer ser su amiga, y que mientras tomamos un cafecito, gozamos con masoquismo festivo las clases con nuestro querido maestro Agustín Cadena, nos leemos cómplices, nos queremos más.Hoy comparto con ustedes su más reciente libro conformado por textos que fueron publicados en el suplemento cultural que dirige Aída Suárez. Escribir cada semana un relato breve e intenso, fue su prueba de fuego con esta pasión literaria. Y cada viernes se ganó su público, provocó sonrisas, capturó miradas. Así nació “Microrrelatos a intervalos”. Cada texto es un deleite, cada página delata nuestra rutina que en su pluma se vuelve aventura, pesadillas silenciadas, sueño deseado, reto constante. Editorial Elementum dio a luz una obra que ilumina nuestra vida cotidiana. Por cierto, la portada es bella y airosa, gracias a la magia de Brenda Zavala y las ilustraciones de mi querido Luis Fernando Serrano.María Elena es una cazadora de lo cotidiano, le pone trampas certeras para atrapar un “Canto de esperanza” o pronosticar el “Cambio climático”. Posee la facilidad de dar justo al centro de la rutina para sacarnos de ella y admirar un “Espejismo navideño” o saborear la deliciosa venganza al preparar un “Menú virtual”. Tantas historias dentro de casa, al salir de ella rumbo al trabajo o a un simple paseo. Nuestra autora deja caer en sus redes días que pasan y pocas veces nos detenemos a experimentar una disección como ella lo hace con verdadera facilidad. Mi querida cuentista persigue y captura momentos comunes que en su discurso se vuelven especiales y únicos. Sí, es una cazadora de la vida cotidiana.Su primera obra fue “Flores sin Sol”, cuentos que te enchinan de verdad la piel. Después recuperó su alma infantil y su vocación de educadora con “¿Y dónde están los calcetines?”. Ambos libros editados por Elementum y bendecidos por el profesionalismo editorial de Mayte Romo. “Microrrelatos a intervalos”, es su tercera apuesta editorial. No dejen de leerla.

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