La pregunta fue hecha a un grupo de docentes de nivel básico, con una trayectoria profesional de varios años y con prestaciones sociales de un trabajo formal, su respuesta me pareció natural luego de los resultados obtenidos en una dinámica de equipo que consistió en elegir a un ideal de huésped en casa, para ello se les otorgó una lista de personas de perfiles diversos.
El mismo ejercicio lo repetí en grupos de docentes de varias regiones del estado, fueron en las regiones con mayor presencia indígena y formas de organización tradicionales en donde expresaron tranquilidad por su vejez, porque manifestaron la seguridad de la compañía familiar, especialmente vislumbraron a sus hijos como su sistema de seguridad social, incluso ellos mismos se reconocieron como cuidadoras y cuidadores de sus padres y abuelos ancianos. Además, en el ejercicio del huésped ideal, varios equipos eligieron a personas adultas mayores por encima de profesionales y personas jóvenes. Para confirmar su decisión, pregunté si habían notado en sus abuelos o padres mostrar miedo de envejecer, la respuesta fue negativa.
Las regiones con formas de organización tradicional que mostraron mayor empatía con la vejez y los adultos mayores, puede deberse al proceso de envejecimiento vivido actualmente en esos lugares, porque sus actividades cotidianas de trabajo y vivienda no están separadas ni en tiempo o espacio. La vida en el campo hace que la vida laboral y la vida doméstica sea una sola, la inclusión a la vida de menores de edad y adultos mayores se debe a una división sexual del trabajo, no obedece a tiempos o edad, sino a capacidades que impone la propia vida, de tal manera que los y las adultas mayores se retiran del trabajo en la medida de sus circunstancias y de los recursos de la familia, la falta de protección social se cubre con los cuidados y financiamientos de sus familiares e incluso de sus comunidades. El respeto y protección de las personas adultas mayores se debe al reconocimiento de su edad y labor por el bien común bajo la lógica patriarcal.
En el ámbito urbano, más orientado al sector servicios, los docentes eligieron como su huésped ideal a los profesionales que aportaran conocimientos técnicos o cuidados a sus anfitriones, luego prefirieron a personas con capacidades para ser autónomas y autosuficientes. Es decir, las lógicas organizativas de sus familias ya no pueden o quieren destinar tiempo para el cuidado de personas adultas mayores, excepcionalmente se reconocieron como cuidadores de sus padres o abuelos. En otras palabras, tales docentes son el perfecto ejemplo hecho realidad del viejo eslogan gubernamental: “La familia pequeña vive mejor”, solo que en esa familia sacaron de la casa a los adultos mayores. Lo que no queda claro es la suficiencia de instituciones públicas que suplan los cuidados especializados, aunque el sector privado ya empieza a ofrecer sus servicios para quien pueda cubrir los costos.
La familia nuclear como ideal está incorporada en las nuevas generaciones, por ello no se vislumbra la vida en casa acompañado o acompañada de hijos y nietos, solo que la vejez involucra pérdida paulatina de capacidades, cuidados mayores e incluso instalaciones habitacionales para discapacitados; en sectores pobres y sin protección social, es la familia quien apoya y abastece.
¿Quién tiene miedo a envejecer? ¡Viejos y viejas seremos todos!

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