El miedo es un sentimiento que está asociado al instinto de sobrevivencia de todos los seres vivos frente a fenómenos que ponen en peligro su vida en lo inmediato o porque atentan contra su futuro en su salud, su riqueza patrimonial o cualquier otra amenaza que ponga en riesgo su estabilidad.

Sin embargo, como nunca, en los últimos años el miedo se ha generalizado en todo el planeta, independientemente de que sea originado por fenómenos fortuitos o se trate de estrategias empleadas como dispositivo para crear sociedades disciplinadas y doblegadas para conducir su comportamiento en beneficio de un poder transnacional.

En palabras de Michael Foucault se trata de una estrategia de construcción de cuerpos dóciles, humanidades obedientes que jamás se arriesgarán a contradecir el estatus quo por temor a ser castigados, esto es sin duda la máxima utopía de los poderes contemporáneos.

La sumatoria de miedos globales ha posibilitado el avance del capitalismo y se ha generalizado la idea de que este modo de organización social representa la única posibilidad que tenemos los individuos y no podemos aspirar a vivir fuera de este esquema que nos ofrece seguridad y bienestar. Fuera de la matrix solo hay caos y desesperanza.

El cambio climático, el terrorismo, las pandemias, la inseguridad y el desempleo cumplen un papel fundamental en la creación de comunidades aterradas por sufrir los estragos de estas amenazas que con mayor frecuencia parecen llegar a cualquier rincón del planeta. En una situación de miedo, incluso si es real la causa (como el del Covid-19), el miedo y la muerte se socializan, pero las riquezas que se generan en el caos solo unos cuantos las disfrutan. Los riesgos globales son ambivalentes, además de traer miseria, también generan riqueza del otro lado de la moneda, preguntemos esto a las grandes transnacionales de la salud, las de ventas de seguros de vida y a las grandes corporaciones farmaceúticas.

En esta entrega editorial no nos proponemos ni estamos en capacidad de demostrarlo, identificar sí los miedos globales son reales o creados, pero enunciaremos algunas ideas sobre los patrones diferenciados de los comportamientos movilizados por la angustía y el terror de ser víctimas de alguna amenaza global.

En la comprensión de los miedos globales, la tecnología cumple un papel muy importante en los procesos de socialización del terror. En una localidad apartada de los medios de comunicación, el miedo por ejemplo de la pandemia del coronavirus (Covid-19), merma menos la vida cotidiana de los individuos. A diferencia de esto, los grandes centros urbanos responden con compras de pánico y fortalecen sus hábitos de higiene por su grado de información al que acceden. Estos dos ejemplos muestran como el nivel de acceso a los medios tecnológicos inciden en la asimilación diferenciada del mismo mensaje en una contingencia sanitaria.

No es que la amenaza no exista, lo que es diferente es el grado de disciplinamiento o entrenamiento de los individuos frente los riesgos. Pero parece ser que por primera vez una amenaza del orden mundial tiene la capacidad de globalizar los miedos hasta en los espacios más recónditos del planeta.

En términos positivos, en la actual crisis sanitaria la humanidad se ha percibido vulnerable y en el futuro se pueden generalizar las estrategias o buenas prácticas frente a las amenazas de salud. Sin embargo, también es posible que este ensayo del miedo global pueda emplearse para implementar acciones en contra de la humanidad misma, que son impuestas desde los centros de poder (económico, militar y cultural) del mundo para asegurar la hegmonía mundial. Genera inquietudes intelectuales el hecho de que la disputa hegemónica entre China y los Estados Unidos era más clara que en otros tiempos, donde el primer país se mostraba como claro competidor de los norteamericanos, pero la llegada del Covid-19 replanteó la lógica de la disputa y los modos en que se librarán las guerras (biológicas). En esta batalla, como en el tablero de ajedrez, los peones y los desposeidos siempre son el primer frente.

Nuestra humanidad en el futuro inmediato deberá replantearse los esquemas de reproducción capitalista que hemos adoptado que pasa por la alimentación, los modos de curar las enfermedades, el tipo de ciencia y tecnología que generamos, las formas de divertirnos y de educarnos. ¡Es el tiempo de las utopías contrahegemónicas! [email protected] [email protected]

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