A estas alturas de la próxima elección presidencial del primero de julio algo está muy claro: el PRI no sabe competir; mientras la campaña de Andrés Manuel López Obrador sigue avanzando, despertando alegría y gran esperanza a lo largo y ancho del país, en todas las plazas donde miles de personas de todos los orígenes lo reciben y se comprometen a darle masivamente su voto de manera libre y decidida, la cúpula del poder encabezada por Enrique Peña Nieto se confabula con la clase política, con un grupúsculo empresarial corrupto, desde el PRI y sus partidos satélites, para intentar robarse la elección, utilizando todas las estrategias ilegales acompañadas de la peor guerra sucia que el país haya visto.
Decidieron por principio de cuentas relevar a su presidente nacional, el fantoche Enrique Ochoa Reza, sustituyéndolo por René Juárez Cisneros, un personaje tenebroso y antidemocrático, quien como pésimo gobernador de Guerrero abrió aún más las puertas de la delincuencia organizada, que hoy azota a ese estado sumiendo a su población en una de las regiones más violentas del país. Su candidato Meade, el que vendieron como no priista, se atrevió a decir en un dislate el pasado domingo ¡que él fue quien lo cambió!, faltándole el respeto a la militancia política priista, a sus estatutos y a su consejo nacional al imponer una nueva dirección nacional, para intentar salvar la nave de una candidatura condenada a la derrota, apostándole sin recato y con descaro que impondrán hasta la muerte aferrarse al poder, invocando el modelo fraudulento aplicado en 2017 en los estados de México y Coahuila.
La desesperación por su lejano tercer lugar en las encuestas está haciendo que se quiten las caretas, mostrando todas su fauces, con una campaña de miedo, con una delincuencia desatada, con asesinatos de candidatos y autoridades municipales, con creciente desaparición de personas, magnificando una falsa confrontación con algunos empresarios privilegiados del régimen que no soportaron una crítica certera de López Obrador por ser los beneficiarios de grandes contratos multimillonarios, quienes manipulan que se perderán empleos y se inhibirán la llegada de nuevas inversiones si el líder puntero gana; mientras las gasolinas rebasan los 20 pesos por litro, la carestía crece, los sueldos y los derechos de los trabajadores están a la baja y su imagen internacional cada vez más en el ridículo.
Este grupo que se apoderó del PRI haciendo de lado sus orígenes y postulados sociales solo ve sus jugosos negocios, beneficiándose solo unos cuantos del poder, despreciando a sus bases –a quienes dejan sin argumentos para defender su causa–, pues su gran corrupción y malos gobiernos los desprestigian y no entienden estos neoliberales que toda esta grave situación política, económica, social y de grave inseguridad afecta toda la población incluidos los priistas. Por eso se tornan más peligrosos y sin escrúpulos para desatar toda esta negra campaña, pues ponen al país en riesgo de mayor ingobernabilidad, ahí está la campaña de chantaje y amenazas que estamos sufriendo los ciudadanos y candidatos, como prueba un botón: el llamado irresponsable y fascista de su pseudoperiodista sicario al insinuar el asesinato de López Obrador, lo que le valió el despido de Televisa y Canal Once, pero no la condena del prianismo.
Contrario a esta locura y obsesión de retener el poder a toda costa, una gran mayoría del pueblo se organiza no solo para derrotarlos apabullantemente, sino para contrarrestar toda esta maquinaria fraudulenta y guerra sucia con una organización de vigilancia y defensa del voto con Morena.

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